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DAKAR LA INEFABLE

La vieja ciudad de rostros extraños
Oumar Ndao

DAKAR LA INEFABLE

La vieja ciudad de rostros extraños
Oumar Ndao

En colaboración con la editorial Vives Voix, os presentamos aquí una selección de extractos de Dakar l'Inefable, obra del recientemente fallecido Oumar Ndao que, a medio camino entre la crónica histórica y el diario de viaje, refleja todo su cariño por la ciudad y su profundo conocimiento de los pequeños detalles que la historia ha dejado en sus calles y edificios. 

 

El trabajo habría podido presentarse según las normas de la academia, pero otros caminantes científicos ya han recorrido ese periplo por el Dakar de los antropólogos y los historiadores, en el campo de los arquitectos y los narradores de emociones. Djibril Diop Mambéty, ese niño de Colobane, realizó con veinticuatro años Contrast City (1969), una de sus primeras películas poéticas. En la carlinga de un avión que no llega a posarse sobre el asfalto del aeropuerto internacional de Dakar Yoff, las voces en off de una pareja de viajeros permiten escuchar a un hombre explicar lo que esa ciudad era físicamente, su arquitectura colonial y su carencia cotidiana de todas las comodidades de una ciudad. Nosotros hemos querido tomar de la mano a esos viajeros, que finalmente han aterrizado, para prolongar esa narración itinerante que desvela la vieja ciudad de rostros tan extraños. Pero nosotros llegaremos a ellos por vía terrestre. Y mezclaremos en nuestro paseo por Dakar mitos fundacionales y hechos históricos. Recogeremos en nuestro itinerario algunos documentos de investigación que comentaremos. Contaremos cuentos y leyendas del lugar preocupándonos por lanzar guiños a personajes en la frontera entre realidad y leyenda, genios o saltimbanquis fabulosos. Para contarlo todo, este libro se convertirá en un índice, en el sentido de apuntar su dedo sobre las personas y sus movimientos, sus sueños y su pasado. 

Al llegar al borde del asfalto, hagamos una pausa a las puertas del mar. Los vendedores se afanan con sus hornillos: cacahuetes o maíz, pero también pinchos de marisco, como los famosos «corazones», llamados lapas o sombreros chinos. A lo lejos, un pecio duerme en el agua, su proa en el aire. Son los restos del Montana.

Hay que partir de nuevo. Retomar la ruta de Dakar. Podemos ir hacia la ciudad tomando uno de los transportes que aquí llamamos cars rapides, resumen humorístico de todo lo que no son: no son coches sino camionetas de reparto reformadas; no son rápidas, a menos que ese calificativo se les dé por comparación con las calesas de antaño, que eran el modo de transporte privilegiado en Dakar. Para ir recto, el chófer ejecuta amplios volantazos hacia la derecha, después a la izquierda, luego a la derecha y luego a la izquierda, a la derecha, a la izquierda, siempre para poder ir recto… El car rapide no respeta ninguna de las consignas que exhibe orgullosamente sobre su carrocería, extractos del Corán o llamadas a la armonía social, algún homenaje a la madre o un proverbio moralizante. Está acostumbrado a los bandazos y a los frenos que se aflojan; al ir en él, en plena carrera infernal, a veces se tiene la impresión de estar bajando unos rápidos.

El car rapide y su coxeur siguen siendo una de las etiquetas más visibles de la ciudad de Dakar, pero también un trauma para los ciudadanos que muy a menudo atropella por las aceras. Es por ello que a veces, al despedirse, se dice a menudo: «¡Hasta mañana, si Dios y los cars rapides quieren!»

 

Y sobre la otra colina se ha erigido el Monumento al renacimiento africano. Esta estatua de 52 metros de altura tenía el propósito de unir a los africanos con la idea de una familia surgiendo de la tierra, abandonando el oscurantismo para alzarse hacia la luz. El monumento, en cambio, despertó un volcán de enfados y polémicas. Nunca antes había conocido el país tal guirigay: algunos reprochaban al presidente Wade haberle robado la idea al escultor Ousmane Sow; ciertos artistas se escandalizaron por ese estilo estalinista que traicionaba la odisea de la estética africana; otros no entendieron por qué el presidente se otorgaba a sí mismo, por derechos de autor, el 35% de todos los ingresos generados por las visitas; y a otros, el uso de las infraestructuras, el montaje financiero, el coste y las fuentes de financiación de este proyecto les parecieron poco claras; se denunció como acto de tasación arbitraria la gestión de las tierras, confiada a un hombre de negocios senegalés; algunos políticos protestaron contra la elección de empresarios venidos de la dictadura que oprime a Corea del Norte; hubo religiosos que vieron en la obra un símbolo masónico; la Iglesia se enfadó con el presidente, quien, para defenderse contra la idea de sincretismo, había evocado la presencia de la estatua de Jesús en los lugares de culto; los imanes encontraron que la falda de la mujer era demasiado corta y se alargó un poco con bronce y cobre; las feministas criticaron la posición de la mujer misma, que parecía ser arrastrada por el hombre, al que seguía ciegamente…

Ouakam está rodeado de señales de la presencia extranjera: campamentos militares, las villas Avión y Ballons (con casas redondas, como en la Zona B o el Punto E) y la famosa Tally Américaine (Ruta americana). Hay casas a medio construir en estado de ruina: se dice que están encantadas y poseídas por los espíritus. La misma suerte se le predice al edificio de Correos, en el que los trabajos de construcción se detuvieron desde hace demasiado tiempo.

Ouakam acogió durante mucho tiempo a presidiarios europeos, hombres del ejército y la marina francesas que habían sido destinados a los campamentos disciplinarios y que utilizaban en la construcción de carreteras y el cuidado de las playas. Ouakam es también una zona militar. Algunos de sus habitantes han podido vanagloriarse de haber sido los primeros senegaleses en comer en una mesa y probar el queso. Incluso se dice que el primer bar clandestino (esos lugares de disfrute comúnmente llamados clandos) se implanto aquí, en un contenedor. También aquí hubo muchas prohibiciones, como la que perseguía la difusión de películas llamadas «hindúes», que más bien eran árabes. El Gobernador general sospechaba que no eran «conformes al espíritu francés y las costumbres y tradiciones locales» Decreto del 5 de octubre de 1954). El proyecto ideológico era más bien el de separar a los africanos negros de la revolución iniciada por Nasser en Egipto.

 

El hotel Relais Route está en la acera de la derecha, yendo hacia la universidad. Ese lugar mítico forma parte de una cadena hotelera a la que pertenecen el célebre Relais 52 de Mbour o de Pout. Evoca la belle epoque de la orquesta Super Diamono. Un día en que había un gran baile, la orquesta, a la que acababan de regalar un sintetizador, tuvo que recurrir —al faltar el intérprete para ese instrumento— a los servicios de Adama Faye, su excepcional guitarrista, fundador de la orquesta. Adama Faye se lanzó a sacar de ese sintetizador, cuyos secretos estaba descubriendo, notas que encantaron al público. Acababa de darle otra tonalidad a la música senegalesa al introducir la famosa marimba, que se convirtió también en la nueva sustancia del mbalax. El sintetizador era de marca Super Diamond; así es como se decidió el nombre que tendría la orquesta.

Pero, más allá de esas noches de baile, los Relais Route de Ouakam eran un gran lugar de encuentros intelectuales y artísticos. Alrededor de Doudou Guèye, conocido sindicalista, se agrupaban jóvenes escritores, en un círculo de debate llamado Florilegio. En una época en la que se creía que el corazón pensante de África sólo batía en París, en la euforia de las independencias y de la revista Présence Africaine, llevada en volandas por Alioune Diop, pero sobre todo en el revuelo de la negritud combativa, el Relais Route de Ouakam era un eco resplandeciente de toda esa energía negra. Hoy en día, se ofrece a los amantes temporales cubriéndose con una largo abrigo de noche.

Ndeuk Daour o Leuk Daour es el nombre del genio de Dakar. Reside cerca de la actual Asamblea Nacional, entre la avenida Pasteur y el cuartel militar. Sus hijos están instalados en otros lugares diferentes, en Cap Manuel, en la Anse Bernard, en Fann y en Mbott. Es un genio protector y benefactor que ha sido combatido por el Islam. Esto no impidió que, a pesar de la prohibición de rendirle el culto ritual que le aseguraba un puesto central en la cosmogonía de la etnia lebu, las mujeres, en 1942, se rebelaran y le hicieran ofrendas nocturnas. Pedían de este modo protección contra el sufrimiento ocasionado por la Segunda Guerra Mundial. Ndeuk Daour nunca ha abandonado el corazón de los lebus, que aún hoy en día le ofrecen su devoción y reverencia. Ocurre lo mismo con Mame Nidaré en Yoff y Youmbour Yatté en Ouakam. El lebu sigue unido a sus sacrificios, a sus sesiones de exorcismo, llamadas ndeupp, igual que sigue cuidando de los altares escondidos en los rincones de su propiedad.  

Kakalame se corresponde con el emplazamiento del recorrido deportivo. Esta playa engloba en su sacralidad a todas las pequeñas playas y calas que se extienden hasta Ouakam. La playa está frente a la Universidad de Dakar, más concretamente frente al edificio azul del IFAN (Instituto Fundamental del África Negra) que albergaba el famoso laboratorio de carbono 14 del profesor Cheikh Anta Diop. Este investigador solicitó, desde la Conferencia del Cairo (1974) que se le permitiese tomar un milímetro cuadrado de la piel de Ramsés II para determinar su tasa de melanina y demostrar así que ese faraón era negro, y que Egipto había sido habitado y dirigido por negros que había desarrollado allí una civilización y un patrimonio científico fabulosos. La comunidad científica nunca accedió a la petición de Cheikh Anta. Al contrario, el día después de su muerte, en 1986, su laboratorio fue saqueado y sus documentos nunca fueron hallados.

La playa de Kone, por su parte, estaba en el actual emplazamiento de la Corte de Casación. El edificio de la derecha fue erigido por Senghor, que creó en él un museo dinámico. Dinámico porque no concebía el objeto artístico africano en detrimento de su entorno. El arte africano no es objeto de contemplación; tiene funcionalidades dentro de la comunidad. Este museo recibió la famosa exposición de cuadros de Picasso; bien sabido es lo que le debe al arte negro, tanto él como todos los seguidores del movimiento cubista.

Y Kessoub. La Puerta del Milenio fue construida en esta explanada por el arquitecto Pierre Goudiaby, llamado Atépa («el constructor», en diola). Tres aberturas: la puerta pequeña simboliza el primer milenio de la Humanidad tosca, la segunda evoca los primeros progresos científicos y la tercera, la más alta, marca la amplitud del pueblo planetario. En la inauguración de este monumento se plantaron tres baobabs: uno por Abdoulaye Wade, Presidente de la República, otro por el Grand Serigne o jeque de Dakar, representante tradicional de la comunidad lebu, y otro por el obispo de Dakar. El rey Mohamed VI de Marruecos estaba en esa ceremonia en la que se mezclaban cristianos, musulmanes y representantes de los estamentos tradicionales y laicos.

Hay una pequeña plaza llamada Paseo de los leones frente a la Puerta del Milenio, en honor de la selección que causó sensación en el Mundial de 2002. Desde entonces, la selección nacional busca tantear en el marcador internacional. Los Leones sagrados de la téranga, un nombre de guerra que les dio un reportero guineano. En este equipo de 2002 estaban representadas casi todas las etnias de Senegal. Un taxista veía en ellos una composición casi esotérica de la unidad nacional; me dijo que la mayor fuerza mística de este equipo residía en eso. El portero, Tony Sylva, es católico, lleva una cruz que para los chutes. Y el punta Elhadj Diouf lleva bajo su camiseta una imagen de Cheikh Ahmadou Bamba, el fundador de la cofradía de los muridíes. Según su conclusión, Jesús protegía la casa contra todos los intentos de ataque y el jeque de Touba guiaba a los demás. Y no dejó de señalarme que el medio campo de trabajo estaba compuesto por jugadores con rastas, que por eso eran baye fall, miembros de la cofradía muridí que se dedican a las tareas más duras. 

 

La mezquita Yoff en Dakar.

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Fotografía de Djibril Sy.

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A la derecha se ve la maternidad del hospital Le Dantec, que está siendo reparada. Es una construcción que obedece a las normas estéticas de la arquitectura sudano-saheliana, cuyas bases teóricas elaboraron Senghor y la Escuela de Dakar. Este enfoque consagra el paralelismo asimétrico de las formas según el modelo de la mezquita de Djenné, en Mali. Las perspectivas son más suaves, se repudian las líneas demasiado rectas, de las que Frantz Fanon dijo que eran el símbolo del triunfalismo colonial. En el África precolonial, las líneas eran curvas, conformes y en armonía con el tiempo cíclico, menos desesperante y estresante que el tempo lineal e irreversible del reloj. Esas líneas redondeadas, suaves y asimétricas fueron sustituidas por las calles rectas, las vías férreas y las líneas del telégrafo; las casas se convirtieron en bloques de cemento con ángulos rectos y tajantes.

Senghor defendía especialmente la idea de una promoción de las lenguas africanas. Cuando fue elegido Presidente de la República, se ocupó de un modo bastante menos incisivo de esta cuestión crucial en el combate por la defensa de la identidad negra.

Sobre esta problemática concreta de las lenguas nacionales se recuerda a menudo la pelea que le enfrentó a Ousmane Sembène. No estaban de acuerdo sobre la ortografía de Ceddo (título de un famoso film de Sembène); Senghor quería y exigía que la letra D fuese geminada en el título y en los pósteres. Por esta causa se prohibió la difusión de la película, aunque también por otras que son más subterráneas y políticas. Más tarde, la Cámara de Comercio fue uno de los lugares de rodaje de Xala, otro film en el que Sembène ataca a la burguesía que seguía directamente vinculada a Francia. Al comienzo de la película se ve llegar a las fuerzas represivas encabezadas por un francés montado en un jeep. Con esa forma de alegoría el cineasta denunciaba la intromisión de Francia en ese país del que se decía que ya era independiente y, a la vez, mandaba un gesto de desaprobación al todopoderoso Jean Collin, político de origen francés que en la época era el Ministro de Interior de Senegal.

Diécko es el territorio de los mbengue. Parte de la Rue 27 e incluye una parte de la avenida Lamine Guèye, hasta la Rue Vincens. Son especializados en masajes. Y, siempre en la avenida Lamine Guèye, a la altura de la Casa de subastas, se encuentra el mausoleo del Imán Baal, que tenía la reputación de poder provocar la lluvia. Hoy en día, la gente se encuentra allí para organizar bawnaans, esos cantos y danzas dedicados a invocar la lluvia en periodos de gran sequía. Durante esas ceremonias, los hombres se disfrazan de mujer y viceversa; este carnaval, se dice, está dirigido a hacer reír a Dios, que es a la vez el abuelo afectuoso y el ancestro pródigo —allí también se mezcla la religión tradicional con la religión revelada—.

En el pènc de Thieudème está todavía el cine El Malick. Maurice Jacquin había abierto en ese cine, en el primer piso, también una sala de boxeo. Un día que había llegado tarde —él llevaba los equipamientos— vio a sus púgiles, sin guantes, intercambiándose golpes con las manos desnudas y permitiéndose hacer y recibir llaves. Esa forma de combate le pareció muy interesante y empezó a organizar algunas veladas en ese lugar: de ahí nació la lucha con golpes cuyos practicantes ganan, hoy en día, cachés de vértigo.

 

El teatro nacional Daniel Sorano fue inaugurado en julio de 1965 con La fille des Dieux, una obra de Abdou Anta Ka. La sala tiene capacidad para 1.128 espectadores y lleva el nombre de un actor mestizo de origen senegalés. Senghor lo escogió como padrino justamente porque encarnaba ese encuentro entre el dar y el recibir: el hombre del mañana, en la visión de Senghor, tenía que ser un hombre de encuentros y cruces. El actor Sorano falleció al acabar una tournée, casi sobre las tablas, esperando un papel en El gatopardo de Visconti. Había interpretado tan bien a Cyrano que tenía por apodo «Sorano de Bergerac» y fue enterrado con el vestuario de ese personaje de Rostand. Muchas salas llevan su nombre, especialmente las de Toulouse y Vincennes.

Uno de los extremos del bulevar De Gaulle desemboca en el barrio de Colobane, que lleva el nombre de un poblado tradicional. A causa de la peligrosidad del barrio, que albergaba bares de mala reputación, lugares de perversión y de crimen, fue rebautizado como Kolwézi, en referencia a la región del Congo asolada por la guerra. Ir a los bares de Colobane, Chez Mapenda o Le Palladium, era ir a la guerra, echarse al monte (como los maquis). Así, aquí la palabra «maqui» no se refiere a los famosos restaurantes populares de Abidjan o de Ouagadougou: en Senegal, se trataba más bien de bares donde dejaban a los caídes hechos una pena en sangrientas peleas y trabajaban las chicas «de vida alegre», las famosas maquisardes.

¿Y qué decir de los locos que alberga cada ciudad? Algunos se ponen a escribir sobre las paredes («El Sol viene del Este. Haz que venga del Oeste»). Otros escriben sobre el pavimento, como Malick Ndiaye, llamado el Profeta, de noche y bajo la lluvia, con tiza y letras enormes. Así lleva su crónica de lo cotidiano, que tiende hacia lo mítico, entre invectivas políticas y recomendaciones cabalísticas.

Aún más lejos entre los recuerdos, encontraremos intactas en quienes nos han hablado de ellos las emociones que despertaban los pasos de baile de Meissa Pott (llamadó así porque golpeaba un bote —pot— de tomate). ¿Quién supo nunca dónde vivía Meissa? Las conversaciones escuchadas el día después de sus fulgurantes apariciones daban a entender que el día anterior todo el mundo lo había visto a la misma hora en puntos diferentes de la ciudad, en barrios distantes, a pesar de que su público le esperaba, por lo normal, en la Rue 37 de la Medina.

Oumar Ndao
Oumar Ndao
Profesor de literatura del Maghreb en la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar y dramaturgo y director de escena. Fue también director de Cultura y Turismo en la ciudad de Dakar, donde falleció el 14 de enero de 2014.