Iniciar sesión
A
  • Altaïr Magazine en Facebook
  • Altaïr Magazine en Twitter
  • Altaïr Magazine en Instagram
Iniciar sesión
¿Aún no estás registrado?

UN VIAJE DE CHINA A DAKAR

De la ciudad de Kaifeng al barrio de Centenaire
Daouda Cissé

UN VIAJE DE CHINA A DAKAR

De la ciudad de Kaifeng al barrio de Centenaire
Daouda Cissé

Al contrario que en África del Sur, dónde los chinos llegaron a trabajar en las minas ya en 1870, la inmigración china en Senegal empezó relativamente tarde, en los años ochenta del siglo XX, motivada por la entrada en el país de la gran empresa china de construcción Henan Construction. La empresa se dedicaba a las infraestructuras, y algunos de los obreros chinos empleados en dichos proyectos prefirieron quedarse en Senegal para buscar otras oport­­unidades al final de sus contratos. En los noventa empezaron invertir en el comercio, y a través de las redes familiares establecidas con estos pioneros muchos inmigrantes chinos empezaron a llegar a Dakar con el cambio de siglo. Gracias a sus contactos en China, podían comprar productos a precios más baratos y directamente a las fábricas y mayoristas de su país. Era una cuestión de precio; los comerciantes senegaleses también habían descubierto las ventajas de la producción china, pero a precios más caros.

Los primeros comerciantes chinos en Dakar abrieron tiendas en la avenida Centenaire, que se extiende desde la plaza del Obelisco hasta los callejones de Papa Guèye Fall y hoy acoge a cientos de tiendas.

Centenaire era un barrio residencial de funcionarios. En los noventa, con las dificultades económicas de Senegal, el ajuste estructural y la devaluación del franco CFA, la mayoría de ellos, ya jubilados, empezaron a necesitar mayores ingresos para mantener a sus familias. Así, los comerciantes chinos alquilaron los garajes de las casas de Centenaire para convertirlos en tiendas y almacenes. A principios de 2013, el precio medio del alquiler para un garaje llegaba hasta los 300.000 francos CFA (600 dólares); para una casa costaba hasta 1.000.000 francos CFA (2.000 dólares) al mes.

Los comerciantes chinos han modelado sus actividades alrededor de las necesidades del mercado local. Envían muestras a sus parientes o proveedores en China, que se encargarán de hacer pedidos en las fábricas en Zheijang o Guangdong. 45 días pasan en el mar los contenedores desde China hasta Centenaire, trayendo siempre productos adaptados a las necesidades de clientes con bajo poder adquisitivo: desde ropa y calzado hasta decoración, joyería, accesorios, juguetes o utensilios para el hogar.

Estos son los productos más vendidos, pero la competencia entre comerciantes chinos llevó a algunos a operar en otros segmentos como el del cuero o las extensiones de cabello. En Namibia y Sudáfrica hay mayoristas y minoristas chinos; en Dakar todos los comerciantes chinos operan como ambos, vendiendo a los propios minoristas senegaleses y a clientes directos.

La mayoría de los comerciantes chinos del barrio de Centenaire son de Kaifeng, en la provincia de Henan, en la China central, aunque hay otros que vienen de Sichuan, Shanghái y Fujian. Aunque Henan es la quinta economía provincial en China, es una de las provincias menos desarrolladas: su PIB es bajo en comparación con las grandes ciudades costeras. La agricultura y la minería son las mayores actividades económicas de la zona y así, la mayoría de los chinos llegados a Dakar desde esa zona, procedían del mundo de las fábricas o eran agricultores antes de trasladarse a Senegal.

Los chinos en Senegal forman un grupo muy heterogéneo. Esto es algo percibido a menudo por los senegaleses. «Los chinos son muy particulares. Se cruzan sin saludarse si no provienen de la misma provincia o pueblo. Creo que sólo se relacionan entre sí en base a sus orígenes geográficos y vínculos familiares», afirma al respecto un senegalés entrevistado. En comparación con muchas comunidades internacionales cuyas relaciones y redes se basan en su país de origen y/o religión (como por ejemplo los miembros de las hermandades muridíes senegalesas en Europa, los Estados Unidos…) las afinidades chinas se fundamentan específicamente en vínculos familiares que, para ellos, garantizan la confianza. 

La mayoría no son dueños de las tiendas en las que operan, solo las gestionan como tenderos; los dueños son quienes les organizaron el viaje y les ofrecen alojamiento y comida. Les pagan su salario una vez regresan a China o han reembolsado por completo los gastos de viaje. Este tipo de arreglo facilita la migración de los tenderos y les da la posibilidad de ahorrar dinero y, para los dueños de las tiendas, es una garantía de que sus empleados no les dejarán para buscar otras oportunidades una vez llegados a Senegal.

Algunos de los inmigrantes chinos vienen de países vecinos de Senegal, otros se quedarán dos o tres años y luego regresarán a China. Hay flexibilidad. En palabras de uno de ellos: «Si la situación es buena, nos quedaremos. Si no, iremos a otros países con menos competencia y mejores oportunidades. Mi tía estaba en Dakar antes y ahora está con su esposo en Marruecos, donde parece que hay menos comerciantes  chinos».

Tras haber empezado como granjeros u obreros en China, muchos inmigrantes mejoran su estatus socioeconómico viajando a África en busca de oportunidades económicas en el comercio y los negocios. Un entrevistado afirmó: «Estoy aquí para hacer dinero para mi familia; en especial para mis hijos, al menos para cambiar su situación y que no pasen por las mismas dificultades que yo pasé, y conseguir que puedan educarse en universidades de prestigio». También utilizan las sumas ganadas en Senegal para ayudar a los miembros de sus familias en casa, para que abran o expandan sus negocios o financien sus proyectos —casi todos los entrevistados tenían planes para reinvertir sus ingresos en China—.

También algunos senegaleses se han beneficiado de la presencia de los chinos gracias a nuevas oportunidades laborales. Como un vendedor al por menor senegalés explicaba refiriéndose a su relación comercial con los chinos: «Consigo pagar las tasas del colegio de mis hijos, cubrir los gastos de la casa e incluso ahorrar algo».

Los comerciantes senegaleses vienen regularmente de otras regiones del país para comprar bienes de consumo chinos en Centenaire y revenderlos en sus propios barrios. Uno de ellos, de la ciudad de Mbour, afirma lo siguiente: «Vengo una vez por semana a comprarles productos. Por ejemplo, puedo comprar camisetas por 900 CFA cada una en la tienda china y revenderlas por 1.300 o 1.500». De modo parecido, otra comerciante explicó que la llegada de los comerciantes chinos a Dakar había reducido los costes del negocio, ya que antes se veía obligada a viajar a Gambia y Mauritania para conseguir la mercancía y sólo podía obtener beneficios uno o dos meses después. Al comprar y revender los productos chinos en Dakar podía ver ese beneficio sin retraso alguno.

Este modelo también está evolucionando: ahora algunos comerciantes senegaleses viajan a China ellos mismos para organizar la importación de bienes chinos, y su éxito es una motivación constante para otros pequeños comerciantes de Senegal.  

 

LAS RELACIONES POLÍTICAS ENTRE SENEGAL Y CHINA

Aunque Senegal tenía relaciones diplomáticas con China desde 1971 —aliándose a veces con Taiwan— el año 2000 marca una nueva dirección en las relaciones políticas, económicas y diplomáticas entre Senegal y China. Para reactivar el comercio y las inversiones locales, el nuevo gobierno del Presidente Wade pensó en establecer una cooperación política y económica más diversificada, en especial con las economías emergentes como China, India y Turquía. El resultado fue un acuerdo entre Wade y Hu Jintao para una nueva cooperación y la ruptura de las relaciones diplomáticas de Senegal con Taiwan (que ahora solo las mantiene, en África, con Burkina Faso, São Tomé y Principe y Swazilandia).

Aunque Senegal no dispone de materias primas, en el sector de la cooperación al desarrollo, el país tiene una buena reputación internacional gracias a su situación política y diplomática y su papel como mediador en conflictos en África. En 2010, el comercio entre Senegal y China alcanzó los 549 millones de dólares y las inversiones chinas en Senegal se estimaron en unos 45 millones de dólares, en su mayor parte dedicados a la construcción de infraestructuras.

A pesar de todo, la presencia china en Senegal ha provocado tensiones y protestas organizadas por parte de los sindicatos, como el Sindicato nacional del comercio y la industria de Senegal (UNACOIS); rechazan que se permita a los inmigrantes chinos llevar negocios en Senegal, asegurando que son una competencia desleal para los comercios locales. Los consumidores, sin embargo, encuentran beneficioso tener acceso a bienes de consumo baratos de China, especialmente teniendo en cuenta la bajada de su capacidad adquisitiva desde la devaluación del franco CFA en 1994.

Algunos comerciantes chinos (y de otras nacionalidades) han expresado preocupación por su seguridad personal. Según un tendero de Centenaire, «algunos chinos han muerto aquí. Algunos han perdido importantes sumas de dinero. El año pasado una mujer falleció en su casa mientras su hijo estaba de vuelta en China. Durante el periodo de las elecciones presidenciales de 2012, quemaron tres tiendas chinas a causa de las protestas políticas».

Las diferencias culturales y la comunicación son dos de los principales retos para los chinos en Dakar: tienen dificultades para comunicarse con sus empleados y clientes senegaleses —la mayoría de ellos no hablan wólof ni francés—. Para comunicarse son esenciales los empleados senegaleses, que sin embargo no suelen tener contratos laborales formales. De hecho, también ellos se quejan a veces de complicaciones. Una tendera senegalesa indicaba que «trabajando con los chinos tenemos una barrera linguïstica; la comunicación se basa en palabras sencillas en francés o inglés criollo. Hay una diferencia cultural y las condiciones de trabajo son difíciles. Antes trabajaba en otra tienda china pero lo dejé por culpa de las reglas estrictas impuestas por mi jefe. Si faltas un día no te pagan. Pero como el mercado laboral está tan difícil, encontré una oportunidad con la llegada de los comerciantes chinos».

La naturaleza aislada de la comunidad china también hace que su integración en la sociedad senegalesa sea un reto formidable, y muchos de sus miembros expresan remordimientos por vivir lejos de sus parientes y amigos de China. Un joven tendero que dejó los estudios en la secundaria y vino a Senegal con su padre afirma lo siguiente: «Echo mucho de menos el hogar, pero necesito el dinero; por lo tanto tengo que quedarme aquí y después, probablemente, seguir llevando el negocio». A la lista de quejas se añaden la falta de apoyo de la embajada china y la ausencia de una asociación para defender sus intereses.

Durante la Revolución cultural china (1966-76) los ciudadanos que estaban en el extranjero fueron considerados capitalistas y enemigos de la nación. Hoy en día contribuyen a la integración económica de China promoviendo la exportación a sus países de residencia, y ayudan al crecimiento de su país de origen acumulando capital social y financiero que reinvierten en sus comunidades de nacimiento. Gracias a su know-how (la habilidad para conectar con las necesidades de los consumidores, por una parte, y vincularse a las redes comerciales y familiares de los productores, mayoristas y canales de suministro por la otra) los comerciantes chinos están cambiando los espacios urbanos y el entorno de las pequeñas empresas en Dakar, en Senegal y en toda África. 

Daouda Cissé
Daouda Cissé

Investigador adjunto en el Centre for Chinese Studies de la Universidad Stellenbosch de Sudáfrica. Además de ser un buen conocedor del mandarín, entre otros idiomas, desarrolla estudios sobre las relaciones económicas y de cooperación entre China y los países africanos.