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EL GRAN CHACO

La enorme llanura Sudamericana
Altaïr Magazine

EL GRAN CHACO

La enorme llanura Sudamericana
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El Gran Chaco es tierra de jaguares, lagunas, polvo y águilas. Un terreno de caza en el que desde hace milenios los hombres siguen a sus presas y se mueven con las estaciones y los ritmos de la naturaleza. Es también el lugar donde la mayor biodiversidad se ve más amenazada por una explotación sostenida. Es sequía y es inundación, escenario de batallas antiguas y de luchas nuevas. A primera vista, es «solo» una enorme región de Sudamérica que se extiende entre Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil. De cerca, es interminable.

Además de todo lo precedente, el Gran Chaco es también un enorme desconocido. Su gran llanura, poco poblada, sus culturas, sus pueblos indígenas, su riquísima fauna y flora han pasado más o menos desapercibidas entre viajeros, artistas, científicos y público en general frente a los de sus famosos vecinos: la imponente cordillera de los Andes o el Gran Pantanal. Hablamos de un territorio todavía más inexplorado, con graves problemas de conservación ambiental, conflictos sociales y una rica suma de historias y culturas por conocer y comunicar.

El Gran Chaco cubre una extensión aproximada de 1.141.000 km², que se distribuyen entre los países de Argentina (59%), Paraguay (23%), Bolivia (13%) y Brasil (5%). Los 675.000 km² que pertenecen a Argentina comprenden la totalidad de las provincias del Chaco, Formosa y Santiago del Estero y parcialmente a muchas otras. Los 257.000 de Paraguay abarcan los departamentos de Boquerón, Alto Paraguay y Presidente Hayes. En Bolivia, los 153.000 km² del Chaco comprenden parcialmente los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija. En Brasil la región ocupa una estrecha faja del estado de Mato Grosso do Sul de 56.000 km².

 

El Gran Chaco Sudamericano se extiende desde los 16°55’ de latitud Sur, en la región tropical, hasta los 33°52 de latitud Sur en la región templada; y desde los 67°50’ de longitud Oeste al pie de los Andes hasta los 57°52’ de longitud Oeste en la provincia argentina de Corrientes. Sus límites quedan entonces definidos por el río Paraná y las Yungas andinas, el bosque Chiquitano y la llanura pampeana. Se presenta así como zona de transición entre otras dos regiones sudamericanas clave: la región andina y la Amazonía.

 

Panorama del Chaco húmedo inundado con palmeras caranday (Copernicia alba). 

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Han sido identificados y mapeados 53 diferentes Sistemas Ecológicos Terrestres (46,3% de bosque, 20,8% de sabana o pastizal, 9,4% de arbustal, 7,6% de vegetación lacustre, 5,6% de vegetación asociada a salinas, 3,8% de matorral, 3,8% de palmerales, 1,9% de chaparral y un 1,9% de vegetación saxícola, que crece en las rocas). Algunas regiones del Gran Chaco se presentan fuertemente alteradas, tales como las áreas en las proximidades de la ciudad de Córdoba y San Miguel de Tucumán en Argentina, o en Filadelfia y sus alrededores en Paraguay. Otras se presentan con una tasa de conversión bastante intensa, como en la región próxima a Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

 
 

Asimismo, se han descrito 60 complejos de sistemas ecológicos, que van desde el Chaco serrano puntano-cordobés y el Chaco de los llanos y los valles interserranos al abanico aluvial antiguo del Parapeti entre Paraguay y Bolivia o la transición Chaco-Pantanal entre Paraguay, Bolivia y Brasil.

 
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Huellas de jaguar (de todas las fotografías, (c) Chele Martínez Martí/Panthera).
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Martínez colocando la «trampa» fotográfica que se activará al paso de los animales...
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...y probando que la respuesta del sensor y la altura del foco sean adecuadas.
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Primera captura: un ocelote (Leopardus pardalis).
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Un jaguar o yaguareté, como se le conoce en Paraguay (Panthera onca).
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Puma (Puma concolor), uno de los felinos más extendidos por toda América.

CAZAR LA IMAGEN DE LOS GRANDES FELINOS

El viajero que llegue al Parque Defensores del Chaco, en Paraguay, podrá conocer de primera mano uno de los proyectos dirigidos a estudiar —y así proteger— la fauna del Chaco. Allí está Silvino González, guarda parques desde hace más de 35 años, que se conoce Defensores como la palma de su mano. Silvino recorre diariamente largas distancias para proteger (solamente con la ayuda de otro compañero guarda parques) un territorio de aproximadamente 780.000 hectáreas. Y allí está también, ocasionalmente, Chele Martínez Martí, biólogo español que trabaja para la fundación norteamericana Panthera en el monitoreo de felinos. En estas imágenes, podemos ver a Martínez montando —y probando— el sistema de cámaras trampa que fotografían a los animales con un sensor de movimiento, así como los resultados de su trabajo. 

Muchas de las iniciativas de desarrollo económico que se han puesto o se quieren poner en práctica en el Chaco (como en otros muchos lugares) pueden implicar riesgos para la sostenibilidad del medio ambiente y de los modos de vida de la región. Las principales amenazas a la biodiversidad en la región la constituyen la expansión de la frontera agropecuaria: grandes extensiones ganaderas y/o de cultivos de soja, la explotación de hidrocarburos, la construcción de presas y carreteras y los incendios.

 

Panorama de una de las pistas de tierra que cruzan el Chaco paraguayo.

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Por ejemplo, según Guyra Paraguay, el Gran Chaco pierde 1.973 hectáreas de bosque por día, tres veces la ciudad de Buenos Aires y más de cinco veces la superficie de la ciudad de Asunción. Con respecto a la fauna, jaguares, tapires, guazunchos, tatú carretas, osos hormigueros, pecaríes, monos aulladores y ocelotes son algunas de las especies animales que habitan el Gran Chaco americano y están en peligro de extinción. Las reservas de agua son menguantes y se enfrentan a graves riesgos de contaminación. La intervención humana sobre ríos, acuíferos, ecosistemas y sobre el clima incrementa el riesgo de desastres naturales como inundaciones, sequías... 

Un tema recurrente en el Chaco han sido las especulaciones sobre la presencia de yacimientos de hidrocarburos. Parece que hasta ahora no ha habido prospecciones que sean económicamente muy provechosas, pero, en cualquier caso, las autoridades y empresas que abordan este tema deberían ser sumamente cuidadosas con el impacto que pueden provocar.

 
 

En el caso de la zona boliviana, existe una degradación importante del medioambiente, debida a un modelo de desarrollo económico basado en el uso extensivo de los recursos naturales. El resultado: desertificación, el desmonte incontrolado que degrada los bosques y desestructura el hábitat. Hay que sumar una pérdida de calidad del suelo debido a prácticas de chaqueo (quema del terreno para el barbecho) erróneas, la falta de aplicación de técnicas de manejo y conservación de suelos, falta de servicios de saneamiento básico (como alcantarillado) que provocan la contaminación de aguas subterráneas, lo que afecta no solo a cultivos sino a la población... La creciente actividad petrolífera en la zona está provocando igualmente la alteración de los ecosistemas por la fragmentación de bosques y remoción de tierras.

 
 

Este deterioro del medio ambiente resulta especialmente perjudicial para el desarrollo de los pueblos indígenas, que ven cómo se dificulta mantener los vínculos con sus modos de vida tradicionales y cómo sus comunidades se ven acosadas e incluso desintegradas.

 

Fotografías de Eloísa Vaello y Marta García. Ilustración de Mario Trigo

Con la colaboración del Centro Cultural Juan de Salazar de España en Asunción y Paraguay salvaje

 
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