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LOS INVISIBLES

Un extraño documental en los humedales
Marcelo David Sandoval

LOS INVISIBLES

Un extraño documental en los humedales
Marcelo David Sandoval

A las 3 de la madrugada, la tormenta entró al cuarto donde yo dormía y me invitó a salir. Abrí la puerta de la cabaña en la que estaba y, antes de traspasar el umbral, un último pensamiento cruzó como una ráfaga: «Mi auto quedó a la intemperie, al borde de la ruta, a unos kilómetros de este lugar… Llegué hasta aquí por caminos de tierra que posiblemente no serán transitables por días… ¿acaso estoy atrapado?». Un estruendo me dijo entonces: «¡Ya nada de eso importa!». En aquel instante y con un solo paso me interné, por fin, en la selva. 

Busqué un refugio desde donde observar lo que estaba ocurriendo y me sentí cómodo en la presencia de aquello que, en un primer momento, consideré amenazador… Lo oscuro. Lo caótico. ¡Qué difícil es sacar conclusiones sobre algo que no puede ser visto! Pero si se logra superar el temor de no tener parámetros a los cuales atenerse, empieza a abrirse un sentido distinto, con el que sí es posible ver más allá. El viento era frío y cálido al mismo tiempo, la tierra y el aire temblaban y erizaban la piel. Quise ver en las tinieblas, quise entender el origen del rugido que me envolvía; y entonces, un destello fugaz lo iluminó todo.

¿Quién diría que la tan esperada luz finalmente haría más negra la noche nublada? Ciego, encandilado, sin embargo, en mi retina quedó impreso el brillo de una constelación de millones de piedras de granizo dispersas por el campo. ¿Has flotado alguna vez en el espacio? ¿Has tenido a las estrellas al alcance de tu mano? Yo quise tocarlas. Extendí mis dedos sobre el suelo y sentí la arena húmeda y chispeante. Una pequeña gota de lluvia se desprendió con suavidad del torbellino y rodó lentamente por un surco formado entre las pendientes de mi rostro.

¡Qué distinto era mi ojo! Era un ojo raro, flotaba entre aquellas nubes imaginarias que yo hubiera podido alcanzar levantando los brazos. Era un ojo extraño, no se detenía a contemplar el contorno sombrío de mi forma, cada vez más hundida en la oscuridad de la tormenta. Ese ojo no observaba la violencia que campea por el mundo, ni la confusión de los mortales frente a la imagen de su propio cuerpo inerte. Allí no había mentiras (ni tampoco verdades). Ese ojo no percibía más que una sensación cargada de propósito.

Levanté la mirada hacia el horizonte. Es difícil transmitir lo que entonces pude ver. Cualquiera diría que había allí una caverna resplandeciente, un pasadizo por donde regresar al mundo. No estaba muy seguro de qué hacer a continuación. Mas ya pensaría en algo… ¡Llevaba conmigo una cámara fotográfica!

 

Relámpago en la comunidad de Villa Oliva, ubicada en la región de humedales de Ñeembucú. El aumento de la cantidad e intensidad de lluvias a consecuencia del cambio climático afecta particularmente a los habitantes de este territorio propenso a las inundaciones.

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El Paraguay está ubicado en el centro América del Sur y lo habitan casi 7 millones de personas. Un río homónimo divide este territorio en dos regiones muy distintas: una semidesértica, el Chaco; la otra caracterizada por su diversidad de aspectos físicos y geográficos, por su densa red de aguas superficiales y porque alberga a la mayor parte de la población del país.

Asunción, la capital de la república, se levanta sobre las costas del río Paraguay. Esta ciudad vive actualmente un auge económico, patente en la explosión inmobiliaria que avanza en algunos de sus barrios. El país ha tenido un crecimiento del 14% en 2013 según datos del Banco Mundial —entre los más elevados del mundo—; y con una cosecha de alrededor de 9 millones de toneladas de soja, es el cuarto productor mundial de la oleaginosa (USDA, 2014). Resulta necesario observar igualmente que el 85,5% de la superficie productiva del Paraguay está en manos de solo el 2,6% de su población y que uno de cada 4 paraguayos vive en situación de vulnerabilidad económica, lo que se acentúa en el área rural, donde la pobreza afecta a un tercio de las personas.

Cuarenta años atrás, el corazón de Sudamérica era prácticamente una selva virgen; esto ha cambiado totalmente. El proceso vertiginoso de degradación ambiental en Paraguay se vincula con muchos factores; pero en los últimos años, el avance de los cultivos monopólicos y extensivos ha sido la principal causa de deforestación y envenenamiento de cauces de agua, como también del desarraigo y pérdida de identidad cultural en cientos de comunidades rurales.

Si una persona subiera a una embarcación en el puerto de Asunción y fuera por el río, a unos cien kilómetros al Sur encontraría la confluencia del río Paray: un recóndito lugar de la geografía paraguaya donde desembocan las aguas de cuatro enormes lagos y de los extensos humedales que los circundan. Dicha persona estaría entonces en el departamento de Ñeembucú (una de las 17 divisiones políticas del país); si encallara allí, pondría los pies sobre el distrito de Villa Oliva.

 

A la vera del camino que une Villa Oliva con Asunción, una cruz recuerda a Sergio Covis, que fue encontrado muerto allí cuando tenía alrededor de 25 años. En el pueblo existe un dispensario médico que no resulta suficiente para el tratamiento de casos especializados o de urgencia.

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VILLA OLIVA, UNA CULTURA QUE VIVE RODEADA DE VEGETACIÓN Y AGUA

El departamento de Ñeembucú se emplaza al sudoeste de Paraguay y representa una eco-región sui generis cubierta por vegetación herbácea y grandes cuerpos de agua (lagos, lagunas y esteros); dicho entorno origina una cultura que también es particular.

 

El territorio de Ñeembucú está incluido dentro del sistema de humedales de la cuenca central del Río de la Plata —el mayor del planeta— del cual dependen la regulación de los caudales de los ríos Paraná y Paraguay, así como la producción de agua y alimentos saludables para millones de personas.

El gobierno paraguayo ha declarado de interés ambiental a los esteros de Ñeembucú por su importancia para la conservación del agua, la biodiversidad y la calidad de vida en el país y la región. No obstante, la expansión de la frontera agrícola ha empezado a generar ciertas alteraciones —graves pero aún puntuales— en esos ecosistemas. Las obras de canalización indeliberadas que ahí se ejecutan para disponer cultivos de arroz o eucaliptales son denunciadas por organizaciones ciudadanas, que reclaman evitar este tipo de intervenciones pues amenazan el equilibrio del ambiente; los labriegos locales temen que la escorrentía de agroquímicos ponga en riesgo la vida acuática y afecte a las personas.

Según el Convenio de Rámsar, «un humedal es una zona de la superficie terrestre que está temporal o permanentemente inundada, regulada por factores climáticos y en constante interrelación con los seres vivos que la habitan»El agua es el elemento más llamativo en los humedales, pero son las especies naturales que allí se asientan las que aseguran la calidad, cantidad y disponibilidad de esa agua; constituyéndose de tal forma el equilibrio dinámico entre dicho ambiente y sus ecosistemas.

 

La Convención relativa a los humedales de Importancia internacional (especialmente como hábitat de aves acuáticas), conocida en forma abreviada como «Convenio de Rámsar», fue firmada en la ciudad de Rámsar (Irán) el 2 de febrero de 1971 y entró en vigor el 21 de diciembre de 1975. Su principal objetivo es «la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones locales, regionales y nacionales y gracias a la cooperación internacional, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo».

Villa Oliva es un distrito representativo de los muchos que existen entre los humedales de Ñeembucú; tiene un centro urbano poco poblado, rodeado por pequeñas comunidades que afloran entre los cuerpos de agua y la selva subtropical, y que poseen características únicas por estar emplazadas en un medio tan particular.

Hasta la década de 1960, el río Paraguay era prácticamente la única vía para llegar a la zona. Con el tiempo se trazaron rutas de tierra, pero quedaban intransitables la mayor parte del año; debían cerrarse con cada lluvia. Recién después de 1990 empezó a vislumbrarse una solución al aislamiento de Villa Oliva: la red de distribución eléctrica se extendió hasta allí y hace menos de diez años, la ruta de acceso fue finalmente asfaltada hasta casi alcanzar el distrito.

 

ESCASO TRANSPORTE FLUVIAL

En el pasado, los caminos de la zona eran difíciles; los vecinos hacían travesías hasta el río Paraguay, donde abordaban el escaso transporte fluvial que les llevaba a las ciudades. El actual mejoramiento de las vías terrestres trae mayor comodidad a los lugareños y, al mismo tiempo, la amenaza de un desarrollo indeliberado con consecuencias inciertas para ellos y para el ambiente.

 

Si se tomara como parámetro el crecimiento económico de otras zonas equivalentes en el país, podría decirse que la situación de asilamiento de Villa Oliva provocó un retraso en aspectos materiales de su desarrollo; sin embargo, esto permitió el mantenimiento de las características culturales del lugar, así como la conservación de su riqueza ambiental (debido a que los procesos de industrialización o explotación masiva de la naturaleza han tenido allí poca penetración). 

Visitar este territorio es como remontarse en el tiempo para observar cómo era la vida en Paraguay hace unos 50 años (o cómo era el mundo cuando el consumismo no había ganado tanto terreno). A Villa Oliva no llegaron aún todos los beneficios de la modernidad y por el mismo motivo, sus pobladores no deben lidiar tan directamente con las consecuencias nocivas que ese proceso ha tenido en otros lugares.

 

El modelo de producción de esta región se basa en la crianza de ganado vacuno y animales menores —a pequeña y mediana escalas—. Además fabrican artículos derivados de esa actividad para destinarlos al pequeño comercio o al intercambio; muchos cultivan sus propios alimentos. Los pobladores de Villa Oliva han empezado a reflexionar acerca del futuro; ellos ven acercarse una amenaza: es posible que, en poco tiempo más, grandes transformaciones se desaten en su territorio. Y no es seguro que esos cambios sean los más favorables para los ciudadanos locales.

 

UNA DIETA BASADA EN LA CARNE

(Izquierda) Enrique Barrios sostiene a un animal cuyo cuero será marcado con hierro caliente. La producción ganadera representa la actividad económica más importante para los habitantes de Villa Oliva, una zona rural ubicada dentro del sistema de humedales más grande del planeta.

(Abajo) Un cordero es sacrificado para que su carne sea consumida en una celebración familiar. Los citadinos no siempre son conscientes de la problemática que afecta a los pequeños productores rurales, quienes les proveen de alimentos saludables.

 
 

Cuando la situación de aislamiento quede superada, esta zona tendrá condiciones de convertirse en un polo de desarrollo. Se abre entonces una oportunidad para hacer algunas consideraciones: ¿Qué dirección tomará dicho desarrollo? ¿Representará una oportunidad de crecimiento en términos tangibles e intangibles a favor de los locales? ¿Acaso seguirá el modelo monopólico que ha generado desarraigo y éxodos hacia las ciudades, como en otros puntos del país? ¿Qué impacto ambiental tendrá el mencionado proceso sobre los humedales?

«Los invisibles» es una obra poético-documental. Incluye un ensayo fotográfico que rastrea a los habitantes de Villa Oliva atravesando campos, bosques y senderos. Visita ranchos aparentemente abandonados, investiga objetos descubiertos, enfrenta a animales salvajes y domésticos en el intento de un encuentro con lo humano.

En la tradición paraguaya se ha representado la vida rural de diversas maneras; si bien la música folclórica y la literatura claramente tienden puentes para comprender la dimensión psico-afectiva del campesino, la imagen visual que actualmente se tiene del campo en Paraguay —que ha sido construida sobre todo por el arte pictórico— deja un vacío con respecto a quiénes son en verdad las personas que lo habitan. 

Cuando la pintura paraguaya aborda el tema campesino, por lo general se centra en paisajes donde la figura humana no está presente (u ocupa una importancia menor dentro de la composición); en dichas piezas, la personalidad y preocupaciones del ser humano casi nunca son el argumento a tratar.

Al tiempo de documentar las riquezas de la naturaleza y las costumbres en los humedales de Ñeembucú, «Los invisibles» cuestiona la mirada que la cultura urbana tiene sobre el hombre y la mujer del campo, e insta a humanizarla.

Conocer lo que ocurre en un territorio sui generis como Ñeembucú ciertamente puede ser atractivo para cualquier persona; no obstante, las particularidades de aquella lejana comarca no dejan de tener conexión con el estado actual del mundo. Entonces, tal vez lo exótico pudiera inspirar una reflexión sobre lo cotidiano...

¿Cambiaría en algo la sociedad, si cada quien tomara conciencia de lo profundo del fenómeno humano? ¿Es posible para una persona superar el materialismo que —entre otras cosas— pone en riesgo el equilibrio del ambiente? ¿Qué tienen para enseñarnos las culturas excluidas por el modelo de desarrollo dominante?

Si se lograra detener por un minuto el transcurrir de la vida, para pensar hacia dónde se dirige la humanidad; quizás valdría aspirar a dar otro paso, apuntando las observaciones ya no solo al mundo que rodea al hombre, sino al universo que habita dentro de él.

Marcelo David Sandoval
Marcelo David Sandoval

Fotógrafo y documentalista. Asesor de arte y comunicación para instituciones, ha implementado proyectos de fotografía documental junto a acciones que amplían la reflexión social en temas como los DDHH y la igualdad de oportunidades. Expuso el ensayo Nuevas Formas de Comprender la Pobreza en la sede de la ONU de Asunción (2011) y su trabajo ha sido portada del catálogo del festival de «El Ojo Salvaje».