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LUCHADORES DEL POLVO

Héroes de barrio con doble vida
Lizeth Arauz

LUCHADORES DEL POLVO

Héroes de barrio con doble vida
Lizeth Arauz

En la periferia de la Ciudad de México, un grupo de hombres que trabaja en diferentes oficios ―hay albañiles, electricistas, guardias de seguridad o vendedores ambulantes―y algunos jubilados entrenan por las tardes en un improvisado cuadrilátero. La meta: convertirse, al menos los fines de semana, en héroes de su comunidad, en verdaderos gladiadores de lucha libre.

 
 

Una vez terminada su jornada laboral, se reúnen religiosamente durante una hora en la casa de Raúl Trejo, el Teacher, quien es el hombre que los guía en el entrenamiento. En el patio de su vivienda montó un ring, justo al lado de donde estaciona su auto y debajo de los tendederos de ropa.

A pesar de ser un espacio pequeño y sencillo, la voluntad del entrenador y los participantes llena el ambiente vespertino. Risas, gritos y golpes duros contra la lona son el sonido característico.

La colonia José López Portillo, que debe su nombre a un expresidente mexicano que se distinguió por enriquecer a su familia y a sus colaboradores, irónicamente logró sólo hace pocos años tener banquetas, pavimentación y luz eléctrica. Se ubica en la delegación Iztapalapa, la más poblada de la ciudad y la que más problemas de acceso a servicios públicos ha tenido por décadas.

 
 

La tradición de la lucha libre en México es legendaria. Se conoce orgullosamente como «la mejor lucha libre del mundo» y reúne muchos elementos de la cultura mexicana: el gran colorido en los trajes de los luchadores, la música que los acompaña al momento de subirse al ring y el arte de la simbología en el diseño de sus máscaras.

De este deporte-espectáculo han surgido grandes figuras de la cultura mexicana como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, conocidos mundialmente y revalorizados en los últimos años, convirtiéndose, al menos en el caso de El Santo, en una imagen icónica de la estética pop contemporánea.

Paradójicamente, en este ring es poco el glamour. Por el contrario, los movimientos de los inexpertos luchadores son torpes, lentos. Y es comprensible: muchos de ellos no han practicado este deporte de manera constante y algunos ya sobrepasan los treinta años.

 
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Raúl Calderón, albañil, es un hombre de 35 años que comparte vivienda con su madre. Su trabajo durante el día ―cargar costales y ladrillos― es extenuante. Pero nada tendría sentido sin esa hora del día en la que acude a casa del Teacher a practicar sus lances desde la tercera cuerda. Es, además, uno de los gladiadores más queridos del barrio. Su nombre es Kimba.

 
 

José Juan Sixtos ya es abuelo. En la sala de su casa presume colgadas en las paredes las fotografías de las fiestas de 15º cumpleaños de sus tres hijas. Nada que lo haga sentir más orgulloso que haber logrado sustentar a su familia con su oficio de albañil y, además, darse el gran lujo de organizarles sus tradicionales fiestas a sus hijas. Él es el Caballero de la Noche.

Su familia sabe de su gran afición por la lucha y no duda en apoyarlo con gritos de júbilo entre el público que asiste a las luchas. 

 
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El día de lucha, normalmente el domingo, es el más esperado. Es el momento de vestir de gala, ponerse el traje de luchador ―el calzoncillo, la capa y la máscara― y salir a demostrar lo practicado en la semana.

Un par de calles son bloqueadas por los vecinos para poder cobrar la entrada al espectáculo, que se encuentra justo más adelante, en el ring en la misma calle. Los luchadores no sólo completan sus ingresos con 300 pesos por lucha, sino que son admirados y vitoreados, como sucede con cualquier luchador profesional.

 
 

Durante la función, todo se llena de colores. Los niños los miran con admiración, les piden autógrafos y se fotografían con ellos. Alrededor comienza la venta de antojitos mexicanos en varios puestos ambulantes que rodean la improvisada arena. Familias completas asisten a este gran día de fiesta.

Este domingo habrá una lucha de lujo, están en la cartelera principal Furia Marina ―es vendedor de dulces típicos mexicanos en el centro histórico de la ciudad―, Kimba, el Caballero de la Noche y, en su presentación estelar, Pepe Trueno, que es guardia de seguridad privada en una empresa.

Han entrenado mucho esta semana y ahora tienen que demostrar sus fortalezas, habilidades y el corazón que ponen a su gran pasión… la lucha libre.

 
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HABLANDO DE FOTOGRAFÍA CON LIZETH ARAUZ

Lo estético no es suficiente.

 
Lizeth Arauz
Lizeth Arauz
Fotógrafa documental independiente, licenciada en Comunicación Gráfica. Ha participado en 48 exposiciones colectivas y 6 individuales en países como China, Holanda, Brasil y España. Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez de la FIL de Guadalajara 2005 en ensayo fotográfico. Fundadora y directora de XquendaFOTO y ExpósitoPHOTO, escuela de fotografía.