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SÉ FUERTE, FADEL

Encuentro con el símbolo de una nueva África
Pere Ortín

SÉ FUERTE, FADEL

Encuentro con el símbolo de una nueva África
Pere Ortín

En esta casa del barrio de Parcelles en Dakar empezó todo un 15 de enero de 2011. Fadel Barro y sus amigos, los raperos del grupo Keur Gui y el periodista Aliou Sane, estaban hartos de oscuridad: los cortes de electricidad en la ciudad duraban casi todo el día. Alrededor de una vela y fruto de una «larga sedimentación de frustaciones», dieron un paso al frente y montaron el movimiento Y’En a Marre («Ya basta») para combatir la «pasividad cómplice de la juventud senegalesa».

Barro y sus amigos se habían dado cuenta de que «ya no era suficiente» con hacer canciones de rap protesta o escribir artículos críticos en la prensa. Había que construir un colectivo crítico autorganizado al margen de los partidos que fuera capaz de «sacar al país del fatalismo» y «poner las preocupaciones de los ciudadanos en el centro de la acción política de Senegal». 

Con el sonido poderoso del hip-hop creado por sus amigos raperos de la infancia (transmutados en nuevos griots modernos de África) y, aunque no era la «idea original» del movimiento, Fadel Barro y su Y'En a Marre resultaron fundamentales en el cambio de gobierno de Senegal en 2012 y en la caída del «viejo» presidente Abdoulaye Wade —que se había movido con idea de perpetuarse en el poder— y también en la llegada al poder —en marzo de 2012— de Macky Sall, actual Presidente de Senegal. Cuando Sall llega al poder le ofrece a Barro una «carta blanca» para entrar en política, pero Fadel la rechaza «porque la mejor manera de ayudarlo era continuar criticándolo».

Esa actuación y su reflexión resumen perfectamente el pensamiento de un líder crítico senegalés que, a pesar del cansancio y a petición de las asambleas del movimiento que creó hace casi cuatro años, continúa siendo hoy el coordinador de Y’En a Marre.

No quiere ser un político profesional y, aunque después del nacimiento de su hijo, fruto de la relación con una realizadora francesa a la que conoció en un rodaje sobre Y’En a Marre, reconoce que su vida ha cambiado, no parece dispuesto a renunciar a sus ideales: «Es mi deber. Seguiremos criticando y proponiendo ideas mientras que el mal gobierno siga dirigiendo Senegal».

 
 

Nacido en 1977 en Kaolack (Senegal) se crió en una familia musulmana y religiosa, pero no fue a una escuela coránica. Quedó bajo la tutela de Mimi, su abuela, que lo convirtió en un hombre fuerte. Comprometido socialmente ya desde muy joven, en la escuela secundaria montó un sindicato. Estudió Derecho antes de dedicarse al periodismo, un campo donde destacó porque, como ha comentado Mamadou Biaye, su ex jefe de redacción en el periódico Le Quotidiane de Dakar: «Fadel tiene el alma de un líder».

El diario francés Liberation lo ha calificado como «el guerrillero pacífico»Con su personalidad arrolladora  —apoyada en un discurso directo y bien urdido que no parece artificial— emite frases tan bien argumentadas como sencillas y claras, que nos demuestran que Dakar, Senegal y África viven procesos de cambio acelerado.

Desde la terraza de su casa en Parcelles y observando el discurrir pausado de la vida de sus conciudadanos, Fadel Barro se nos presenta como un personaje clave para entender la historia contemporánea de Dakar y qué significa el Senegal contemporáneo como gran ejemplo de cambio positivo en África. 

Barro sigue adelante con Y’En a Marre porque, a pesar del relevo presidencial, «Senegal aún no ha cambiado». Él, eso sí, se ha convertido hoy en un líder muy respetado en África. De hecho, durante la visita de Barack Obama a Senegal en junio de 2013, en Gorée —la antigua isla de los esclavos—, el presidente norteamericano se reunió con Barro y le dijo: «Sé fuerte, Fadel». Y Barro tiene que serlo porque, como lo ha descrito el instituto de investigación Thinking Africa, es el «símbolo de toda una generación de africanos que da la espalda al exilio y al derrotismo».

 

Más información sobre el significado social y político de Y’en a Marre: Baye Makébé Sarr y Vieux Savané, Y’en a Marre: radioscopie d’une jeunesse insurgée au Senegal. L’Harmattan, París, 2012.

Desde los años 80 del siglo XX el hip-hop es el lenguaje de las calles de África. No solo es el género musical más popular y apreciado por la inmensa mayoría de los cientos de millones de jóvenes de casi todo el continente, sino que se ha convertido en una herramienta más de combate político en casi todas las reivindicaciones de libertad y justicia.

En Senegal, y a partir del año 2000, el hip-hop evolucionó como una atractiva plataforma para que los jóvenes expresaran su activo compromiso social, que llegó al nivel más alto durante las elecciones presidenciales de 2012, cuando se convirtió en el principal foco de crítica a la vieja política.

Faux! Pas Forcé fue una canción y un vídeo musical viral lanzado por Y’En a Marre en la víspera de la segunda vuelta electoral de marzo 2012. La canción transmite diversos significados y articula de manera juguetona y rotunda las grandes habilidades de los raperos del grupo Keur Gui en el uso de la lengua wólof como medio crítico. Faux! Pas Forcé es una agresiva sátira del expresidente senegalés, Abdoulaye Wade, y su régimen corrupto que, hecha en wólof (el título es la única parte en francés), fuerza la utilización de refranes tradicionales wólof y, al jugar con los dobles significados, presenta una imagen negativa de «Abdoulaye» que no sólo llevó a los votantes jóvenes a darse cuenta de que Wade era una mala elección, sino que también comunicó al estamento político senegalés tradicional que los jóvenes estaban hartos de la vieja política corrupta. Faux! Pas Forcé se puede considerar el discurso popular cantado que derrocó al viejo presidente.

En el mismo sentido que Y’En a Marre y el hip-hop, el papel de los fotógrafos, periodistas y escritores resultó fundamental para entender el cambio pacífico de régimen que se produjo en Senegal. La exposición y el libro Chronique d'une Révolte incluyó el trabajo comprometido de fotoperiodistas, artistas, videocreadores, escritores, historiadores y pensadores como Alioune Mbaye, Amadou Mbaye, Antoine Tempe, Ahmed Tidjane Ndiaye, Elise Fitte-Duval, Ahounou, Erick Elias, Aba Milki, Jacques Daniel Ly, Jean-Baptiste Joire, Mamadou Gomis, Rebecca Blackwell, Rose Skelton, Sidy Mohamed Kandji, Sidy Yansane Sylvain Cherkaoui, Touré Behan, Tamsir Ndir; así como Alioune Tine, Fadel Barro, Moctar Fall, Alpha Amadou Sy, Boubacar Boris Diop, Ibrahima Wane, Mame Aly Konte, Issa Samb, Ismaila Madior y Penda Mbow.

Chronique d'une Révolte no ha tenido la repercusión internacional que merecía como uno de los mayores trabajos contemporáneos del fotodocumentalismo africano de actualidad, pero como expresó Koyo Kouoh, la comisaria, esta creación enteramente hecha en Dakar refleja como pocos trabajos artísticos recientes «el compromiso de Senegal con la democracia, el diálogo social y la estabilidad combinada con un fuerte deseo de liderazgo para el cambio en África».

 

CRÓNICA DE UNA REVUELTA

Selección de la serie de fotografías de Mamadou Gomis para el proyecto.

 

Chronique d'une Révolte: Photographies d'une saison de protestation. Raw Material Company, Dakar 2012; Haus der Kulturen der Welt, Berlín 2012.

 
Las fotografías de este capítulo pertenecen a Mamadou Gomis.
Pere Ortín
Pere Ortín
«Oficio de periodista, humildad de viajero y mirada de documentalista». Lo escribieron de él en una reseña de prensa sobre uno de sus documentales. Alumno de la vida e investigador de lo humano, tiene claro que solo vemos lo que queremos ver; que la belleza —y la fealdad— está(n) en el ojo del que mira y que no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros. Tras sus trabajos en la prensa escrita, la televisión y el documental, hoy dirige Altaïr Magazine.