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CONFESIONARIO EN NEGRO Y AMARILLO

Aventuras de los taxistas de Dakar
Cheikh Fall

CONFESIONARIO EN NEGRO Y AMARILLO

Aventuras de los taxistas de Dakar
Cheikh Fall

Algunos dakareses están ya acostumbrados a los chispeantes comentarios y reflexiones contadas por los taxistas de la capital senegalesa. Llevan a cualquier persona, hacia cualquier destino y a cualquier hora. Tienen el mérito de ayudarnos para evitar que lleguemos muy a menudo con retraso a algunas de nuestras citas. Pero con una buena experiencia de la profesión, rápidamente se convierten en «expertos analistas sociólogos», en «aprendices de geopolítica», en «entrenadores y asesores deportivos» y en «periodistas expertos en revista de prensa», salvo por el hecho de que su único auditorio es el cliente que están transportando.

A veces se puede ver de lejos, a través de los cristales del vehículo, al taxista y su cliente enzarzados en una intensa conversación. Yo no soy demasiado curioso, pero a menudo puedo soñar que escucho todo lo que se dice o cuenta en esos habitáculos de los coches en los que a menudo se cruzan personas que no se conocen.                                 

Con sus colores amarillo y negro, el taxi de Senegal es el lugar más compartido por los dakareses. Yo os llevo en mi taxi a través de este artículo compartiendo con vosotros aspectos desconocidos, o casi, de sus clientes.

Si los taxistas tienen fama de buenos narradores de historias, a menudo las más locas que encuentran en sus viajes con el paso de días y noches, no es menos cierto que también son buenos oyentes, al deber recibir a menudo en sus asientos a clientes que les cuentan toda su vida. Esto es cada vez más frecuente cuando nos invaden las preocupaciones de la vida y los desequilibrios de la sociedad, y queremos subirnos a un taxi arrastrados por unas repentinas ganas de contarle nuestras desgracias al taxista.

Moussa G., taxista, nos cuenta que una vez llevó a un señor demasiado charlatán que durante las cuatro horas de tiempo que pasaron juntos en su carrera le contó casi toda su vida. «Mi cliente pasaba de un asunto a otro sin transición. Que si es millonario desde hace mucho, que si ha vivido en Europa y los EE.UU., que si le aconsejaba un ministro senegalés, que si se divorció seis años después de darse cuenta de que no estaba hecho para vivir en pareja y que si ahora vive al día y es apolítico».

Tomad un taxi en Dakar, instalaos cómodamente y pagad un trayecto de larga distancia (si disponéis del presupuesto para hacerlo), después asumid una actitud zen e intentad relajar la atmósfera durante el trayecto. Dejaos guiar por una acción sucedida en el camino, o simplemente abordando un asunto muy simplista, cómo se visten las jóvenes o el comportamiento de los senegaleses. Estad relajados y haced que el taxista se sienta relajado, enseñadle que estáis dispuestos a discutir, a escuchar, a intercambiar ideas con buen humor. En esas condiciones, tenéis cinco oportunidades de cada siete de llegar a vuestro destino con una historia rocambolesca que con toda la gracia os habrá contado el taxista. 

Aquellos que ignoran aún que Dakar no se limita simplemente al mercado de Sandaga (el mercado central de la capital), a la plaza del obelisco y al Monumento al Renacimiento Africano… necesitan tomar el taxi DK45A para remediarlo. M.D., imponente desde su 1,90 de altura, dice que no se recuerda exactamente de su edad pero sabe que ha superado los 70 años y que podría ser el zapato de la ciudad de Dakar. «Llevo tanto tiempo en este trabajo que podría incluso abrir una escuela de formación para iniciar a los jóvenes candidatos a convertirse en taxista.» 

Sigue hablando con orgullo: «Hijo mío, ¡Dakar Yakunaa! (¡Esta ciudad se ha vuelto disoluta!) He llevado a chicas a lugares apartados y tan peligrosos que ni yo con mi edad lo podría haber imaginado. Tras el pueblo de Ngor, al fondo de Almadies, tras el antiguo Palacio de justicia… Sin olvidar las zonas sensibles de los barrios de Dakar. Hace falta salir durante la noche para darse cuenta de que en Dakar hay quien no duerme nunca y que pasan cosas extraordinarias en ciertos rincones». Lanza una carcajada socarrona y termina contando que ha sido «testigo de muchas escenas extravagantes entre las prostitutas y sus clientes, retozando sin control al aire libre a unos centenares de metros de distancia de la oficina de Correos de Fann». 

Creo que no podría haberme encontrado una historia mejor que la de este taxista. Abdoul Mbow, se llama. Originario de Baol (una región en el centro de Senegal), este muchacho de 26 años dice haber tenido el golpe de suerte de su vida, pero se arrepiente de no haberlo explotado hasta el fondo. «Era un domingo por la tarde, conducía tranquilamente, porque había menos tráfico y también menos clientes. Tuve la suerte de que me parase una gran señora, guapa y con mucha clase. Desde que entró en el taxi, se tomó su tiempo para contemplarme y observar todos los recovecos del coche. Justo al llegar a la Corniche oeste, mira a los deportistas y me pregunta si me entreno a menudo. Yo le respondo que sólo de vez en cuando. Ella me pregunta mi edad y a continuación me dice que busca un hombre como yo. Que tiene todo lo que necesita en la vida menos alguien que le de placer. Me propone pagarme cada día cuatro veces el montante de mi jornada y a cambio me pide que la haga disfrutar en la cama». 

Se dice que algunos taxistas se ven a menudo agresivamente seducidos o ligados por esas damas en busca de la felicidad sexual. No entré en detalles, pero nuestro Abdoul Mbow nos confirmó que él había cedido a la tentación y a las facilidades, pero después de varias semanas le puso fin a todo ello. Ocasionando, claro, la decepción, el disgusto y la cólera de su cougar, que se había dejado llevar por el regocijo con la energía de su guapo, fuerte y joven taxista. 

Algunos taxistas pueden convertirse simplemente en agentes de orientación para dar con los rincones buenos... para ciertas cosas. Todos recordamos algún artículo del tipo «taxista entrampado por una prostituta».

Basta con tomar un taxi y preguntarle al conductor cuántas veces ha sido llamado para dejar a una prostituta y a sus clientes en el mismo lugar, o preguntarle al taxista cuantas veces ha sido testigo de cómo las prostitutas estafaban a gentes honestas que habían mordido el anzuelo del auto-stop, o preguntarle el número de veces que ha recogido a un hombre al que han dejado limpio y libre de todo su dinero después de haber salido de la zona de las prostitutas…

Nuestro conductor —al que no voy a poner nombre— fue aún más lejos confiándose conmigo. «Yo he incluso llevado a menudo a estudiantes que se prostituyen, muy tarde por la noche, a la Cité Claudel (el campus en el que se alojan las estudiantes de la universidad Cheikh Anta Diop de Dakar). Te puedo decir que nunca nadie sospecharía de la mayor parte de las putas. Acabo de mencionar Claudel, pero conozco chicas incluso en algunos servicios y oficinas de la ciudad», nos dijo con firmeza antes de pedirnos que no citemos su nombre en el artículo. 

«Nunca corras detrás de una mujer o un taxi. Siempre pasarán otros», nos dice el escritor Paul Reboux. Y nosotros terminamos con este pequeño chiste: 

 

Un padre y su hijo de cinco años cogen un taxi y pasan por Ponty (en Dakar).

El hijo pregunta: «¿Papá, qué es lo que esperan las señoras?»

El padre: «Eh… Bueno… Pues no lo sé…»

El hijo: «Pero dime, papá, ¿qué es lo que esperan?»

El padre: «Eh… Son mujeres que esperan a sus maridos».

El taxista interviene y dice: «Pero no, pequeño, ¡esas son putas!»

El hijo: «Papá, papá, ¿qué son las putas?»

El padre, enfadado: «Bueno, son mujeres que tienen muchos maridos».

El hijo: «Pero si tienen tantos maridos, tienen que tener muchos hijos. ¿Qué hacen los hijos?»

El padre: «¡Son taxistas!»

Cheikh  Fall
Cheikh Fall
Ciberactivista senegalés con proyección internacional. En 2012 fundó la plataforma SUNU2012 que canalizó el descontento popular frente a la candidatura de Abdoulaye Wade en las elecciones del mismo año. Representa un nuevo tipo de líder que emerge en África: jóvenes preparados que usan las redes sociales para ganar protagonismo en la vida política y en las instituciones.
 
 
Twitter: @cypher007