Article voces
Iniciar sesión
A
  • Altaïr Magazine en Facebook
  • Altaïr Magazine en Twitter
  • Altaïr Magazine en Pinterest
Iniciar sesión
¿Aún no estás registrado?

ANTARCTICA

Una crónica visual a bordo del Silver Explorer
Álvaro Sanz

EN COLABORACIÓN CON 

 

Es curioso. Todos mis referentes, todas mis lecturas, mis divagaciones a altas horas de la noche tumbado en la cama o mi colección de mapas apuntan hacia el Norte. Los libros que he leído hasta ahora han sido escritos en cabañas de madera rodeadas de ocres y marrones. A los lugares que me inspiran se llega caminando, cruzando ríos y saltando rocas. Pero hoy quiero contarte un viaje hacia tierras australes.

 
 

Tengo que confesarte que todo lo que sé de este continente se lo debo a Shackleton. Así que si me preguntas sobre la Antártida te hablaré del Mar de Weddel, de la apartada Isla Elefante, el efímero Patience Camp, el James Caird o al gato Mrs. Chippy.

Me encuentro a bordo del Silver Explorer, un rompehielos con 100 pasajeros y un grupo de científicos a bordo. Mi puesto en la expedición es el de Guest photographer. Mi misión a bordo, disfrutar al máximo del viaje y dar una serie de charlas en la pequeña sala de conferencias. Además he traído conmigo a Juan, para trabajar en un vídeo sobre la experiencia.

 
 
 

El barco viene de hacer temporada en el Ártico y yo he subido en Valparaíso. Después de más de una semana por los fiordos chilenos me encuentro saliendo de Punta Arenas, del mismo lugar donde hace justo 100 años salía el Yelcho en la misión de rescate más conocida de todos los tiempos. Y siento la emoción de un niño devorando libros de aventuras debajo de las sábanas con una linterna a altas horas de la noche.

Pero mi cama de hoy se mueve, y siento una extraña sensación. Estoy tumbado, desconozco qué hora debe ser. Cada día que pasa le vamos ganando la carrera al sol y amanece más temprano. Uno pierde el control del tiempo, y también el equilibrio. Tengo que dormir con las piernas abiertas para no caerme al suelo. Trato de relajarme pero es imposible, las olas nos abordan por el costado de popa y el sube y baja es difícil de evitar. Tenemos suerte, nos dicen, las olas no pasan de los 5 metros. No quiero imaginar las tormentas que castigaron a navíos de otros siglos. Se cuenta que alguno llegó a navegar alrededor del Cabo de Hornos durante más de 4 meses tratando de desembarcar.

A primera hora de la mañana se empiezan a distinguir casquetes de hielo en el agua, y por fin las Islas Shetland del Sur. Este lugar tiene también una importancia indiscutible en la historia de la exploración. Sin duda este pequeño conjunto de islas fueron las primeras avistadas por todos los que se atrevieron a investigar la Terra Incógnita.

 
 

A partir de aquí serán jornadas intensas con desembarques a primera hora de la mañana, siguiendo unos protocolos que nunca imaginé necesarios para tomar fotografías. Hemos aspirado todo mi material, cada escondite de la mochila, desinfectado la ropa y en cada subida y bajada del barco debo limpiar mis botas, pantalones, rascar con un cepillo cualquier resto de excremento de pingüino o tierra.

Pero ¡qué impresionante sensación la de pisar este hielo rodeado de mar! Y cada desembarque contiene un pedazo de historia. Fragmentos de una embarcación que repostaba agua a los balleneros, un barco hundido o una base científica deshabitada son algunas de los pocos signos humanos que hemos encontrado en estos primeros días.

 
 
 

En este momento tenemos 20 horas de luz cada jornada y se hace inaguantable fotografiar durante esa cantidad de horas. Así que al final de la tarde, hoy, hemos decidido acostarnos. Trato de cerrar los ojos, mientras la luz gris que nos acompaña desde que pisamos la Antártida penetra por las cortinas impidiendo que pueda desconectar del todo de lo que sucede ahí fuera. Y justo cuando iba a cerrar mis ojos por completo, intuyo unas luces rojas en el horizonte. Es el sol que ha decidido salir en el último momento. Así que volvemos a vestirnos corriendo, saltando de la cama en ropa interior, tapados con nuestros edredones. Calcetines gruesos, mallas térmicas, pantalones de agua, camiseta térmica, forro polar, abrigo de plumas, chaqueta para la nieve, dos capas de guantes... el proceso es lento pero lo hacemos a una velocidad récord y corremos por el pasillo. Desconozco los nombres de los dioses de estas tierras, pero si los hay, han decidido salir a vernos y a darnos la bienvenida. El frío nos corta la cara y creemos que se nos va a quedar la sonrisa congelada para toda la vida. Jamás había sentido este frío atronador, pero tampoco había visto un atardecer como el que tengo delante.

 
Álvaro Sanz
Álvaro Sanz

Es un fotógrafo y realizador con más de 20 años de experiencia. Trabajó como profesor universitario en distintas facultades de Diseño y actualmente es profesor en la plataforma online Hello!Creatividad. Fundador de Expedición Polar. Desde 2015 es embajador del programa de Visionarios de Olympus y también colaborador de Eldorado.