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VIAJES, ENFERMEDADES Y KARMA

Encuentros con astrólogos birmanos
Grigory Kubatyan

La gente de la actual Myanmar (la antigua Birmania británica) ama la mística de verdad. Los diagramas y calendarios astrológicos mandan en su vida. Adoran no sólo a un Buda sino a varios diferentes dependiendo del día de la semana en que hayan nacido. Cada templo tiene diferentes altares con estatuas del «Buda del día» junto con animales míticos y planetas. Todos saben en qué día nacieron, qué planetas les protegen y deciden su destino. Haga lo que haga un birmano, antes consultará un calendario astrológico de bolsillo. Sin embargo, para los asuntos importantes suelen visitar a los expertos.

Los adivinos esperan sentados cerca de todas las pagodas budistas más importantes. Frente a ellos, libros polvorientos y amarillos. Colgados cerca, pósteres con imágenes de planetas y las líneas de la mano. En otros países podrían llamarlos charlatanes, pero no en Birmania. Más de cien personas trabajan en Rangún de modo oficial en el negocio de la astrología y la lectura de las palmas de la mano. Sus direcciones y números de teléfono se pueden encontrar sin problemas en la guía telefónica de la ciudad y sus servicios siempre tienen mucha demanda.

Una pareja no puede casarse a menos que un astrólogo compruebe la compatibilidad de los novios. Y un empresario serio tampoco puede formalizar un contrato sin pedir la opinión de los planetas.

—Todo el mundo va a ver a los astrólogos. Los jóvenes preguntan sobre los estudios y el amor. La gente de mediana edad se interesa por el trabajo y los negocios. Los ancianos quieren saber sobre su salud. Hay un grupo de astrólogos que incluso asesora al gobierno—, me dijo Saya Bo Aung Min, licenciado en matemáticas, un hombre de aspecto juvenil que llevaba una camisa blanca impoluta. Tiene 38 años y se ha pasado 20 de ellos prediciendo el futuro. Aprendió esta ciencia de su abuela.

—¿Crees de verdad en la astrología? —le pregunto al astrólogo.

—Bueno, sí... en un sesenta por ciento —responde el matemático.

Me pregunto si la astrología funciona o no. ¿Cómo de precisa puede ser una predicción sobre el futuro? ¿Es sabiduría verdadera o sólo un timo? Para entenderlo, decidí comprobar la cuestión en persona, visitar diferentes astrólogos y comparar sus predicciones.

Ciudad de Mandalay. Una pequeña tienda en la pagoda budista de Ein Daw Yar. Los estantes y la mesa están cubiertos por una pila de libros viejos. Aquí trabaja una mujer de 50 años de nombre San San Win. Su rostro cansado está decorado con polvos de thanaka, que las mujeres de Birmania a menudo usan como su único maquillaje. 

—¿Quieres que imprima los resultados en una bonita tarjeta? —me enseña una pieza de cartón de colores con las palabras y símbolos, doblada varias veces.

—No, gracias. Los anotaré en mi cuaderno.

—Entonces te costará 3.000 kyat —5 dólares.

—Trato.

San San Win  saca un sello y lo presiona con fuerza contra un trozo de papel. En el papel aparecen dos círculos azules divididos en 15 sectores cada uno. Escribe mi fecha de nacimiento, hace cálculos, busca en su ajado libro de conjuros y levanta la cabeza: 

—Tu karma es bueno. Pero... cuando cumplas los 40, no.

—¿No será bueno después de los 40? —No puedo creérmelo.

—Sí, no será bueno —continúa—. Eres inteligente, con una buena formación, pero no tienes un trabajo permanente. No vives en tu país.

Estoy de acuerdo con lo de que «soy inteligente». ¿Quién no lo estaría en mi lugar? Sobre mi trabajo y el país donde vivo: es cierto. Al menos por ahora. Sin embargo, ¿qué pasa con el karma? Me preocupa. La mujer estudia la palma de mi mano:

—Cuando cumplas 40, tendrás un buen trabajo. ¡Mucho dinero! ¡Un buen negocio! Una casa grande y un coche nuevo. En la mano tienes una línea de jefe. Pero tu salud no será muy buena. 

No me sorprende. La mayoría de los europeos de más de 40 años tienen una casa y un coche, pero su salud ya no es tan buena. El dedo de San San baila sobre mi mano:

—Has trabajado con... ordenadores. Eres... ¿diseñador? Y profesor. Sí, un profesor muy bueno... Hay riesgos en tu vida. ¡También hay gloria!

—¿Quieres decir que seré famoso?

—¡Sí, muy famoso! Y tu esposa será una mujer muy culta. También será famosa.

Bueno, suena razonable. Ambos somos periodistas. Además, tengo que trabajar con el ordenador más de lo que me gustaría. Sin embargo, en la sociedad moderna, podrías decir que todo el mundo que tiene un blog y una página de Facebook es «famoso». San San Win continúa: 

—Desde abril del año pasado hasta diciembre de este año tienes mal karma. Pero has conocido a una chica en este tiempo. Cuando se acabe el periodo malo, os casaréis. Aún no estáis casados oficialmente... ¡Tendrás dolores de cabeza! ¡Enfermarás! Ahora tienes problemas de estómago y de espalda. 

Cierto. Mi mujer y yo empezamos a vivir juntos el pasado junio. Este año queremos registrar oficialmente nuestra unión. También es cierto que en estos momentos tengo algún problema de estómago; creo que es culpa de la comida de los restaurantes locales, es demasiado picante y la dejan expuesta todo el día al sol.

—Tu mente está algo apagada. Eres infeliz. Piensas demasiado. Demasiado nervioso. Hubo un accidente en el trabajo. Un problema con una pierna... con la rodilla. Después de los 40 tendrás una buena vida. Pero... en otro país, no en tu país natal. Y tendrás buen karma.

—Bueno... eh... ¿Así que tendré buen karma después de los 40?

—Bueno. ¡Muy bueno!

Esto del karma me tiene muy confundido. Al principio era malo después de los 40, ahora está mejorando. El accidente sí que ocurrió: me caí de una moto en Vietnam, en diciembre. Estaba trabajando allí como guía turístico. Pero mis piernas y rodillas están bien. A veces me siento nervioso y triste, ¿pero a quién no le pasa?

En general, no me preocupa esta predicción. Después de los 40 seré rico y famoso. Sólo tengo que esperar un poco: ante mí tengo la felicidad y la gloria en el exilio. ¿Seré un escritor disidente? ¿Debería ir ahora a ver a otros astrólogos? Podrían mentirme... Si lo dejo aquí puedo quedarme con un futuro brillante. Pero decido seguir por la legitimidad del experimento.

Mandalay de nuevo. La tienda N16 frente a la pagoda de Mahamuni. Los azulejos de las paredes están decorados con estampas de dioses hindúes. La mesa está cubierta con un hule gastado. Tras ella se sienta un astrólogo hindú de 52 años llamado Nyumin. 

—Soy un brahmán —me dice, indicando que forma parte de la casta alta de sacerdotes. ¿Será verdad? No se puede decir sólo con mirarle. Su hule es barato. Sus manos juegan con un bolígrafo sencillo y en la mesa acumula rosarios de plástico. Al menos reza de vez en cuando.

Nyumin aferra mi mano izquierda:

—Tu línea de la vida es buena y larga. De aquí a tres años conseguirás mucho dinero y tendrás suerte. Irás a América y después a Japón. 

La primera diferencia: la adivina anterior ha contado una historia diferente. Además, no voy a ir a América, y tampoco a Japón. 

—Te casarás un domingo. Pasados tres años nacerán un niño y una niña. Cambiarás de casa tres veces. Cambiarás de coche tres veces. 

Al brahmán le gusta el número tres. 

—Este año... o quizás el que viene, tendrás problemas con tus brazos y piernas. En los últimos dos años no has tenido suerte. Este año y el que viene habrá un accidente y no tendrás suerte tampoco. 

Mierda... ¡Se le da bien destrozarme la vida! Pues él también ha tenido accidentes y poca suerte, o, si no, no estaría sentado desde hace años en la polvorienta tienda N16.

—Después de cumplir los 40 tendrás buena suerte. Entre los 48 y los 50 y a partir de ahí, mala suerte. Pero cuando tengas entre 60 y 70 te harás millonario. ¡Y tendrás mucha suerte!

Me pregunto cómo me voy a hacer millonario después de 50 años de mala suerte. ¿Ganando la lotería? Creo que mejor le dejo mi suerte al brahmán. La necesita más. 

Rangún, capital de Birmania. Un parque verde cerca de la pagoda de Sule en el que está reunida media docena de astrólogos. Cada uno tiene su propio árbol.

El señor Muil, de 68 años, es uno de los más extravagantes. Hasta los cuarenta estuvo en la Marina de Birmania. Incluso lleva una medalla en el pecho. Inspecciona mi mano derecha y susurra:

—Estos dos montes son Venus y la Luna. Dicen que en 2 meses irás de viaje a Singapur, América y Japón.

¡De nuevo me mandan a América y Japón!

—Estos montes son un 50% más grandes de lo normal —sigue Muil—. Es bueno. Quiere decir que llegará dinero. Tendrás una vida larga. 75 años. El año que viene viajarás mucho. Después te abandonarán todas las enfermedades: del corazón, de la cabeza y la tos también. 

¡Muy útil! La astrología me curará enfermedades que ni siquiera sabía que tenía.

—La línea de la Suerte cruza la línea del Trabajo. Es bueno para tu carrera. Pronto te convertirás en jefe. Este año ganarás la lotería. ¡Te daré un número afortunado! —me escribe algo en un trozo de papel—. Es el 2456, ¡recuérdalo! Ganarás la lotería: ¡140.000 lakh!

¡Vaya premio! Menos de 200 dólares. No es mucho ni para los modestos estándares de Birmania.

—Todos te querrán, los pequeños y los grandes, los jóvenes y los viejos. La línea del Amor se cruza con la de la Felicidad. En dos meses conocerás dos mujeres, dos mujeres jóvenes. Una tendrá 18 años, querrá sexo. Le darás sexo. La otra tendrá 22, querrá dinero. Le darás dinero. 

¡Esto sí que es una mentira! No voy a dar dinero a desconocidas. Y tengo mis dudas sobre lo del sexo; a mi mujer no le gustaría mucho. Por cierto, el número favorito de este adivino es el dos. 

—Tu pulgar es duro, así que también lo es tu mente. No es bueno. ¡No te gusta la gente! Cambia de mentalidad y entonces todos te querrán y te darán dinero. 

Eso ha sido listo. Puede prometerme cualquier cosa, y cuando no ocurra, decir: «No cambiaste de mentalidad, culpa tuya». Además, me siento un poco raro con esto de que «no me gusta la gente». Quería negárselo —¡me encanta la gente!— y probárselo con un generoso donativo. Pero seguí escuchando en silencio. 

—El año pasado estuviste triste. El año que viene estarás feliz. Cuando tengas entre 42 y 44 años serás rico. Después de los 45 serás infeliz. Con 48 serás muy infeliz, llorarás mucho. Con 49 mejoras de nuevo. Con 56 o 58 serás muy rico: tendrás un coche, una casa, tu propio negocio y mucho dinero.

Como el protagonista de un culebrón: feliz, triste, feliz, triste. Y después reaparece mi gemelo largo tiempo desaparecido. 

—De aquí a dos meses recibirás un golpe en un ojo. ¡Una piedra! Cómprate gafas de sol. Se te podría meter un insecto en el oído. Malo. Mejor cúbrete los oídos con un paño cuando duermas. ¡Cuidado con los coches! Uno podría atropellarte de aquí a dos meses. Tres peligros te acechan: el ojo, el oído y el coche. Te daré un paquete mágico. Ábrelo en la pagoda de Shwedagon y los peligros se esfumarán —Muil mete la mano en una bolsa y saca un pequeño cilindro. Está envuelto en un papel impreso con símbolos astrológicos y atado con un lazo dorado. Lo hace girar en sus manos y susurra algo. Después me mira—. ¡Siete mil!

Esto se suma a los tres mil que ya hemos acordado. Bueno, está bien, lo importante es la seguridad. Tengo que proteger mi oído de un bicho siniestro. Sin embargo, siete mil es un poco demasiado, ¿no? Regateamos y lo dejamos en mil kyat (un poco más de un dólar), ya que tengo mucha curiosidad por saber qué hay escondido en el cilindro de papel.

Después de dejar al señor Muil voy corriendo a la pagoda de Shweagon, la pagoda budista más grande y sagrada de Birmania. Rasgo el papel «mágico»: dentro hay una vela barata. Tengo que encenderla y ponerla en el altar. Mi día es el lunes, mi planeta la luna, mi animal el tigre: mi altar está situado en la parte oriental de la pagoda. Antes de encender la vela, tengo que verter agua sobre la cabeza del Buda del Lunes. 

Mientras completo el ritual, otro personaje exótico se presenta frente a mí. Es un autodenominado guía turístico de nombre Yee. También es un gran conocedor de la astrología. Vaya donde vaya, siempre lleva un ajado listín con una tabla de los cumpleaños de los últimos cien años. Yee ve los restos del papel de la vela. Con una sonrisa algo preocupada y taimada me pregunta cuánto he pagado por ella. Le digo que sólo mil. ¡Qué alivio! Suspira, está bien, es bueno para mi paternidad futura y para el trabajo. Siendo él mismo más o menos un timador, tiene envidia del éxito de sus competidores: cobrar la miserable cantidad de mil lakhs por una auténtica vela mágica es un fracaso profesional como astrólogo para el reputado señor Muil.

Al día siguiente voy al mismo parque. Un tipo joven se me acerca de la nada, cruzándose en mi camino. Lleva una gorra de beisbol y un lungi azul, la falda larga masculina tradicional, muy popular en Birmania. Se presenta: Mu Cho, estudiante de arquitectura. Habla un inglés bastante fluido. En su tiempo libre, trabaja como traductor para un maestro astrólogo. Me pregunta por mi trabajo y mi vida en Rusia, y después me ofrece revelarme mi pasado y mi futuro por sólo mil kyats. ¿Por qué no?

El Maestro Ming Gyau, de 54 años, está sentado bajo un árbol, proyectando un aspecto de persona muy importante. Al contrario que los demás astrólogos, él no habla inglés, así que ha contratado a este joven asistente. La vieja pagoda de Sule es como un imán de visitantes extranjeros, que son clientes buenos y generosos.

Armado con un bolígrafo, el maestro me toma la mano, marca las líneas importantes y dice algo. Mu Cho traduce. 

—Tu palma tiene forma cuadrada. Trabajas mucho...

—Ahora no tengo trabajo fijo.

—Ya veo, ya veo. No trabajas. No ganas dinero. Pero el trabajo te da poder. El poder administrativo es muy bueno. La línea del cerebro es buena. Tienes dos títulos universitarios. Te has casado dos veces. Cuando hayan pasado dos meses, llegará dinero.  

¡Otra vez con el número dos! Parece que todos los astrólogos tienen su número favorito. Números razonablemente pequeños: me cuesta imaginar cómo seguir sus consejos si te hablan de casarte siete veces y conseguir siete licenciaturas. 

—No le prestes dinero a otro hombre. ¡Este hombre, amigo tuyo, te engañará! Este año hablarás demasiado y después tendrás una pelea. ¡No hables demasiado! Este año te casarás. En otra ciudad, no en tu ciudad natal. Cuando te cases, tendrás uno o dos hijos, pero no más.

—¿Este año? —pregunto sorprendido.

—¡Cuando te cases! —responde serio el astrólogo.

Oigo risas. A nuestro alrededor se ha reunido un grupo de espectadores. Todos quieren ver al extranjero que pregunta por su futuro. 

—Este año viajarás mucho. No a un sólo país, ¡a muchos países! Cuatro o cinco. 

Ya se los dos primeros: Estados Unidos y Japón. Todos los astrólogos repiten la misma historia sobre mis viajes. De hecho, la mayoría de los turistas no vienen directamente a Birmania, sino que forma parte de viajes más largos por todo el Sudeste asiático. A menudo visitan varios países en un sólo tour: Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Indonesia, Malasia, Singapur. No puedes equivocarte si le dices a un extranjero que viaja mucho. El hecho es que los astrólogos birmanos no saben mucho sobre la geografía de la región. Sin embargo, cualquiera que vea las noticias de vez en cuando habrá oído hablar de los Estados Unidos y Japón. 

—Tendrás una vida larga. 83 años. El año que viene tendrás una vida feliz y cómoda. Después de dos años empezarás a enseñar. Tendrás un trabajo relacionado con los ordenadores y... la ingeniería eléctrica. 

¡Tonterías! Le he dicho al joven asistente que mi trabajo está relacionado con ordenadores. Está claro que no es «ingeniería electrónica», sino más bien mecanografía.

Al mostrarme las líneas de mi destino, el Maestro me ha manchado la mano de tinta azul, así que decido no visitar ningún otro astrólogo hoy. El traductor me ofrece una vela dorada mágica para hacer que mi vida sea mejor, pero la rechazo. Una vela encendida en Shwedagon es suficiente. 

Hay al menos una docena de tiendas al pie de la pagoda de Sule. Relojeros, hojalateros, un cibercafé. También astrólogos. Madame Su-Su, de 50 años, tiene su habitación decorada con una modestia espartana. Un escritorio con un ordenador, un calendario que muestra la pagoda dorada de Shwedagon en la pared y una tela de araña en una esquina. Un entorno muy astrológico. Junto a la entrada cuelga una gran imagen de un billete de diez mil kyats para atraer dinero. Hace 27 años, Madame Su-Su se graduó de los cursos para astrólogos y nigromantes y desde entonces acumula práctica.

Madame teclea mi fecha de nacimiento, después mira a la pantalla parpadeante del viejo ordenador y empieza a predecir: 

—Viajas mucho. No estás mucho en casa. Llevas mucho tiempo lejos de tu país. Has trabajado en el extranjero. Con coches... ¡no, con ordenadores! Sabes mucho de arte y literatura. Buena educación. Un día tendrás tu propia empresa. Eres bueno. Te casarás tarde. Serás profesor. 

Viaje y literatura: correcto. Ordenadores: también. Buena educación: bueno, tengo un título de economista, aunque no de Harvard. Muchos astrólogos han dicho que soy bueno enseñando. Sí que intenté dar algunas conferencias sobre diferentes materias. Por lo general gratis. En Asia he enseñado inglés a niños; también Geografía, Historia, Fotografía, Periodismo y nociones de energías alternativas. Quizás tengo que planteármelo en serio. Me gusta enseñar. ¿Pero cómo puedo convertirlo en una actividad rentable? ¿Escribo un libro titulado Cómo ganar millones y se lo vendo a mis estudiantes?

—Tienes que hacer obras de caridad. Ayuda a los pobres. Los viernes y los sábados son buenos para ti. Tienes buenas relaciones con la gente que ha nacido en estos días. Martes y jueves también son buenos. ¡El miércoles es malo!

¡Madre mía! Ahora tengo que llevar conmigo un directorio de cumpleaños de los últimos 100 años como guía para moverme por ahí. Si no, ¿cómo sabré en qué día de la semana nació la gente que encuentro? ¿Y si alguno de mis amigos o parientes hubiera nacido en secreto en un malvado miércoles y hubiera fingido ser bueno durante todos estos años?

—De marzo hasta agosto del año que viene tendrás un buen trabajo y una casa. Pasado agosto y durante 3 años no será un buen tiempo. Podrías enfermar. Podrías sufrir un accidente. Problemas con el dinero. No prestes dinero a nadie durante este tiempo. 

De nuevo accidentes y mala suerte. Además, ya me han hablado de los riesgos de prestar dinero. Debería prepararme a pasar estrecheces con el dinero al menos hasta tener 40 y que llegue el buen karma. 

—Este año encontrarás el amor. Después de dos o tres años te casarás. 

Lo que los astrólogos no entienden es mi vida personal. Dos jovencitas, varias esposas y un montón de niños. Parece que se lo van inventando sobre la marcha. 

—Estás bien de salud. Vivirás entre 70 y 80 años. Pero tienes problemas de estómago y de nervios. Dolores de cabeza y mala memoria. Siempre te olvidas de las cosas. A veces viajas, pero te acabarás quedando en tu propio país. 

¡Pobre de mí! Nunca me convertiré en un gran escritor emigrante. Lo mejor que puedo esperar es un futuro como profesor nervioso y olvidadizo.

—Tendrás uno o dos hijos. Primero, quizás, un niño. La segunda parecer ser... una niña. 

Lógico. Cómodo. Estoy de acuerdo.

—Los diamantes y los rubíes son buenos para ti. Tus colores son el blanco, el rojo, el rosa y el azul. Todos colores claros, no oscuros. ¡No vistas ropa oscura en días importantes! Haz ofrendas de agua en los templos. Lava la estatua de tu Buda. 

Bueno, puedo vestirme como una Barbie. También es posible encontrar un pequeño diamante. Pero hay sólo un problema. ¿Dónde encontraré en Rusia un Buda del Lunes para hacerle ofrendas de agua?

El último adivino trabaja sobre ruedas. Min Htet Soe Saya atiende sentado en la parte de atrás de un pickup alquilado que aparca también cerca de la pagoda de Sule. Pósteres de publicidad con las líneas de la mano cubren el coche. La misma mano izquierda del astrólogo está decorada con un tatuaje: «Love».

Saya paga cada día al propietario del coche 5.000 kyats por alquilarlo; la misma cifra que tiene como precio estándar por una predicción, a menos que el cliente sea un tacaño como yo. Le ofrezco sólo 2.000, lo último que llevo en efectivo. Mira mi mano enfadado y me hace las predicciones de rutina: 

—Tendrás un buen trabajo pasados dos años. Te casarás pasados dos años. Tendrás dos hijos: una niña y un niño. Tienes una buena formación: dos o tres títulos universitarios. 

Todo gira alrededor del número dos. Quizás la energía alrededor de la pagoda de Sule es tan sagrada que lo duplica todo.

—Tu esposa será una mujer nacida en sábado, lunes o martes. Te casarás una sola vez. Vivirás 95 años. 

Este hombre ha sido generoso y me ha dado una vida más larga que ninguno de los otros. Al parecer porque quiere librarse de mí rápidamente. Lo entiendo: me ha leído la fortuna por exactamente dos mil kyats.

Hablar con los adivinos birmanos no me ha ayudado mucho a aclarar mi futuro. Al contrario, se ha vuelto más confuso. ¿Me convertiré en un escritor millonario en Japón? ¿O me quedaré con dos esposas, dos hijos y una cucaracha en el oído?

Parece que todo buen psicólogo podría tener éxito como astrólogo en Birmania. Sólo tienes que decirle al cliente lo que piensas de él o ella. Dile las primeras cosas que te vengan a la cabeza. Intenta no ser muy preciso. El cliente encontrará las respuestas correctas por sí mismo. Empieza con un «ahora las cosas no están yendo bien», porque alguien a quien le estén yendo bien las cosas no suele visitar a un adivino. Si es necesario, asústale con «insectos en el oído», «accidentes de tráfico» y «enfermedades incurables». ¡Bien! Ya has conseguido vender una vela mágica. Después cambia de tercio y alegra a tu cliente diciéndole que pronto todo irá mejor. Y no te olvides de añadir: «Algún día serás muy muy rico». Que tu cliente gaste un poco de su futura riqueza con una buena propina para el adivino.

Pero, a pesar de mi escepticismo, los adivinos acertaron con algunas cosas. Incluso me sorprendieron. ¿Creo de verdad ahora en la astrología? Digamos que sí... en un veinte por ciento. 

Grigory Kubatyan
Grigory Kubatyan

Periodista y fotógrafo de San Petersburgo, Rusia. Miembro de honor de la Sociedad Geográfica rusa. Ha viajado extensamente desde 1997 en autostop, bicicleta, moto, coche, barco. Durante este tiempo ha visitado más de 80 países y ha estado en todos los continentes, incluida la Antártida y el Polo Norte. Ha trabajado para el edición rusa de la revista GEO. También fue guía turístico en India, Vietnam, Mongolia y Tibet y ha publicado cuatro guías.