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FUERA DEL MAPA

Escenarios de desorientación
Laureano Debat

El mundo ultra-cartografiado de Google Maps y Google Earth ha traído consigo una certeza y una falsa creencia. La certeza de que ha cambiado nuestra manera de viajar, de pensar en los viajes y de escribir sobre ellos. La falsa creencia de que ya no quedan lugares por descubrir.

La prueba de esto último es la aparición en España, con traducción de Javier Calvo, de Fuera del mapa, un libro que el geógrafo inglés Alastair Bonnett publicó en 2014 y que desde 2017 se puede leer en castellano gracias a Blackie Books. Y con una chapa preventiva en su portada: «Esto no es una guía de viajes».

Efectivamente, el libro está lejos de ser una guía porque lo que se propone es hablar de algunos «escenarios de desorientación» (tal cual los define el propio autor) que existen alrededor del mundo y con la idea de recuperar esa pulsión humana por descubrir el sentido de lo oculto.

Estableciendo una noción muy amplia del concepto de lugar, el libro recorre lugares mentales, transitorios, difusos, abandonados. Es decir, todo aquello que no cabe en las fronteras estáticas e inmóviles de un mapa convencional. Y poniendo en jaque la relación entre cartografía y poder: ¿quién decide qué espacios son dignos de merecer una mención en la cartografía oficial y cuáles no?

La estrategia de Bonnett es similar a la de Lawrence Osborne en El turista desnudo (Gatopardo Ediciones, 2017): ir a buscar rincones poco contados o apenas perceptibles por las nociones oficiales cartográficas. Pero mientras Osborne focaliza en un punto muy concreto del planeta que no figura en los mapas turísticos y hace una crónica a lo gonzo, Bonnett traza una especie de atlas de cartografía difusa a través de 48 espacios del planeta que ponen en riesgo la cartografía estática: «En un mundo completamente descubierto, la exploración no se detiene; simplemente, hay que reinventarla», dice el autor. Y trata de hacerlo recuperando espacios perdidos, geografías ocultas, tierras de nadie, lugares efímeros, ciudades muertas y otros tantos sugerentes títulos entre los que divide su investigación.

 

Si la demolición de edificios en diferentes partes del mundo actúa como una estrategia de dominación ideológica, al borrar los lugares y eliminar recuerdos arquitectónicos (cita el caso de la Antigua Meca y la demolición programada por la actual corriente musulmana que gobierna Arabia Saudita), la obra de land art Paisaje del Tiempo del artista Alan Sonfist (un rectángulo protegido de naturaleza en medio de Nueva York) se enfrenta a la paradoja de que, al querer conservarse como una obra de arte, se extirpan las malas hierbas que dominan el espacio natural plantado, en función de una evocación rigurosa del pasado. 

«Cuando intentamos reverenciar a la naturaleza, esta se nos escapa entre los dedos y nos deja en las manos algo que no nos esperábamos, algo antinatural», dice Bonnet, estableciendo una de las tantas paradojas que vertebran todo el libro, en este caso la de lo urbano extirpando la naturaleza pero lamentando su pérdida y, en su intento de revivirla, sepultándola en espacios enjaulados.

El inglés residente en Newcastle se mete con la arquitectura moderna y la especulación inmobiliaria, analizando el caso del Parque de la Inconclusión Siciliana, en el pueblo de Giarre, donde un grupo de artistas ha ideado un mapa que unifica esta serie de edificios inacabados y que el propio autor, luego de hacer el recorrido, concluye que «es el epicentro de una yuxtaposición de visiones inconclusas que no solamente se produce en Italia sino en todo el mundo». Y retoma una de las preocupaciones centrales del libro, al afirmar que «crecer en lugares provisionales e incompletos inspira una lealtad igual de provisional en incompleta», algo que se suele dar también en ciertos lugares modernos hechos «a base de acumular visiones incompletas del futuro y en un estado permanente de transitoriedad». 

Fuera del mapa salta del Puerto Franco de Ginebra (donde se acumulan objetos de valor que los millonarios ya no pueden conservar en sus mansiones y que actúa como un mercado paralelo de arte de lujo con sus propias reglas) al proyecto que el artista y performer Gordon Matta-Clark denominó «Falsas fincas» y a través del cual comenzó a comprar en Nueva York esos espacios de suelo que quedan entre medio de dos edificios, con la idea de establecer una crítica irónica a la obsesión humana por poseer tierras privadas, pese a que se trate de infectos callejones pequeños e inútiles. 

Y de estos espacios residuales se pasa a los anacrónicos, tan vigentes como escondidos, tan «fuera del mapa» como el Monte Athos en Grecia, una isla gobernada por un monasterio y en la cual desde hace siglos no se permite el ingreso ni de mujeres ni de ninguna raza de animales hembras. Bonnett también se encarga de analizar el trazado de fronteras llevado hasta el paroxismo en los enclaves de Baarle-Nassau y Baarle-Hertog, donde los territorios belgas y holandeses se alternan en un trazado fronterizo que se mantiene desde la época medieval y donde el propio autor afirma haber podido «caminar en línea recta a través de cinco fronteras nacionales en menos de un minuto».

Si bien define a las fronteras como «fallas burocráticas, imperiosas y hostiles», también reconoce que «en un mundo sin fronteras, ¿a dónde podríamos escapar?, ¿a dónde valdría la pena ir?», porque como buen defensor de la idea de lugar, para Bonnett crear nuevos lugares significa trazar nuevas fronteras, dejando abierta la pregunta de si realmente es atractiva es idea de un mundo sin fronteras y, por lo tanto, totalmente homogéneo.

Y no habría escenarios de desorientación sin detenerse en el caso de las conocidas islas flotantes artificiales en Maldivas, que están en tránsito permanente por el mar y que se pueden comprar o alquilar para hacer turismo. «Se trata de una visión que dejaría anticuados no solamente los mapas existentes, sino la propia idea de mapa», dice Bonnett y se pregunta si habrá que dejar de lado, de cara al futuro, la idea de una representación cartográfica estática de la realidad y si los mapas del futuro serán «una serie de dígitos y parámetros temporales que se pueden anunciar a toda prisa y olvidar igual de rápido».

El libro acaba con los lugares efímeros, una última estancia de toda esta cartografía que se encuentra «fuera del mapa». Esos sitios que existen durante un período concreto y que luego desaparecen, para volver a configurarse otra vez pero de otra manera diferente y así todo el tiempo. Y cita el caso del festival de arte «Nowhere» en Los Monegros, pero podría ser extensible a muchos mega-festivales de música indie o electrónica.

También se ocupa del Aparcamiento del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, recuperando la predicción que hiciera J.G. Ballard en 1997 cuando dijo que «el aeropuerto será la verdadera ciudad del siglo XXI», algo que ya está sucediendo en este lugar de caravanas en las que viven muchos de los empleados del aeropuerto, con bombonas de gas y sin duchas, en una eterna situación de camping en medio del cemento y con aviones sobrevolando sobre sus cabezas todo el tiempo.

Con Fuera del Mapa, Alastair Bonnet demuestra que aún es posible no sólo desorientarse y perderse en este planeta ultra-vigilado sino también descubrir lugares insólitos y hasta inimaginados. Y reafirma la idea de que el escritor de viajes aún tiene mucho material dentro de este planeta y puede seguir prorrogando su sueño de turismo espacial, siempre y cuando las cartografías sigan siendo objeto de análisis, ya que resultan fundamentales en la configuración de nuestra identidad y nuestra memoria. 

 

Imagen de cabecera, detalle de la portada Fuera del mapa (Blackie Books, 2017)

 
 

FUERA DEL MAPA

ALASTAIR BONNETT

BLACKIE BOOKS, 2017

Laureano  Debat
Laureano Debat

Escritor, periodista y blogger. Argentino, radicado en Barcelona hace cinco años, editor de un blog de crónica literaria y colaborador freelance en diferentes publicaciones de España y Argentina.