Iniciar sesión
A
  • Altaïr Magazine en Facebook
  • Altaïr Magazine en Twitter
  • Altaïr Magazine en Instagram
Iniciar sesión
¿Aún no estás registrado?

LA PRESENCIA DE SEBALD

Variaciones sobre un escritor viajero
Camila Werner

Mariposas negras. Muchísimas. Alrededor de 30.000. Desde el comienzo, el espectáculo que ofrecen Las variaciones Sebald, el homenaje que le han hecho 13 artistas al autor alemán en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, es abrumador e impactante. Tanto como la escritura del propio Sebald, que estaba en su apogeo creativo cuando murió en un accidente de tráfico en 2001. Pero su muerte no fue impedimento para que su legado literario continuara latente hasta el día de hoy. Es más, su forma de narrar, acumulando personas, objetos, viajes y momentos históricos en sus escritos, ha hecho que el término «sebaldiano» tomara protagonismo y se implantase en la obra de otros escritores contemporáneos. Una suerte de homenaje con dejos de nostalgia que, como el de la exposición, pretende en cierto modo traerlo de vuelta.

Winfried Georg Maximilian Sebald (nacido en Baviera en 1944) fue un escritor autobiográfico, de eso no cabe duda. Muchos de los temas que tocaba en sus obras han servido como fuente de inspiración para otros autores y también para contar una realidad intangible, fuera del alcance de muchos de sus lectores.

Vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra, pero a su Alemania natal siempre la tenía presente. La mala relación que tenía con su padre es algo que persiste en sus obras y se relaciona también con la memoria del nazismo. En ambas cosas, su rechazo es evidente: el afán por escribir sobre el exterminio judío, por ejemplo, es uno de los ejes centrales que sustentan su obra. Es un pasado que pesa, porque duele, porque no se puede olvidar.

Para Sebald, este doloroso pasado, de hecho, pesa tanto en Alemania que es como si se hubiese unificado cada rincón del país, borrando su historia. «Cuando me encuentro de visita en Alemania me doy cuenta de que las zonas marginales han sido borradas. Esas zonas que garantizaban la presencia de distintas áreas de la ciudad. Ha desaparecido la idea de barrio. Sus ciudades no tienen declives, ni rincones, ni memoria. El pasado se aniquila todos los días en Alemania», declaró en una ocasión. 

En palabras de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, al provenir Sebald de un país directamente relacionado con el nazismo, «su forma de escribir es el perfecto pretexto para denunciar este tipo de cosas, desde la escritura y el dolor».

Pero el legado de Sebald va mucho más allá de su reflexión sobre el exterminio judío. El francés Camille de Toledo cree que el autor escribe con mucha melancolía y tristeza: «Sebald es como un arqueólogo. Excava en todas las capas de la memoria y cuenta todas esas capas».

Una de las fotografías de Susan Hiller que forman parte de Las variaciones Sebald (esta y las demás imágenes y vídeos del artículo han sido cedidos por el CCCB). 

+
 

Las variaciones Sebald pretenden ser una conversación entre arte y literatura. Los artistas que homenajean al autor lo hacen poniendo énfasis en el mundo sebaldiano y en cómo influyó en cada uno de ellos. Carlos Amorales es quien nos recibe, dando vida a Black Cloud, las mariposas negras que vuelan por toda la entrada de la exposición. Esas mariposas que nos acompañan en todo momento, evocando las mariposas de Austerlitz, casi como si nos encontráramos en un sueño. 

Retomando para la exposición la reflexión de Sebald sobre el pasado cancelado en el panorama alemán, la artista estadounidense Susan Hiller —gran lectora del autor— investigó durante tres años qué lugares de Alemania aún tienen nombres que evoquen la presencia judía. Hiller recorrió más de 300 sectores y los fotografió: palabras como «judenweg» o «judenstrasse» aún permanecen en algunos barrios del país. Estos letreros están en lugares que perfectamente podrían estar habitados, pero por alguna razón, sólo son caminos rurales olvidados, que quedaron en el anonimato. ¿Fueron esos nombres dejados ahí adrede para borrarlos de la memoria? ¿O para recordar lo que significó esa época? Sea como fuere, Hiller pone el asunto sobre la mesa y reflexiona sobre sitios que, si bien son muy hermosos, tienen un dejo de desolación y tristeza, y están siendo borrados por el tiempo.

Los horrores del exterminio del pueblo judío son sólo la punta del iceberg en la historia sebaldiana y sus variaciones. España fue otro protagonista cruel del siglo XX europeo. La Guerra civil y el franquismo dejaron secuelas que se pueden ver hasta el día de hoy y que, de alguna manera, pueden no quedar impunes. En las manos de la artista Nuria Güell hay una forma de venganza: con mucha valentía, entierra literalmente a Francisco Franco —de una forma particular y propia—, dejándolo en el olvido.

 

Fotograma del video con el que Guido van der Werve participa en la exposición.

+
 

El ambiente de nostalgia que respiro mientras visito la exposición es algo constante. No estoy segura de si es por las temáticas que Sebald tocaba en sus libros o por evocar a alguien que ya no está. Pero lo cierto es que, además de las suaves voces de los visitantes, la quietud y el silencio que hay en las salas me hacen sentir como si me encontrara en un lugar donde hay que tener un profundo respeto. Quizás porque la ausencia de Sebald provoca eso. Quizás porque para mí, la pieza más significativa es la de Guido van der Werve, cuya música suena de fondo en todo momento. En su película realiza una hazaña digna de admirar, de Varsovia hasta París, con una emocionante misión relacionada con Frédéric Chopin. La música de esta pieza es magistral, acompaña en todo momento e inunda cada rincón de la sala.  

Las obras de van der Werve y Simon Faithful evocan los viajes de Sebald, otra temática fundamental en las obras de este último. Ambos artistas tratan el tema de los viajes de forma similar. Por un lado, van der Werve cruza dos grandes ciudades europeas de una forma muy peculiar y, por otro, Faithful camina en línea recta por campos, calles y ríos ingleses, siguiendo con exactitud el meridiano de Greenwich sin detenerse bajo ninguna circunstancia. Estas dos historias se pueden relacionar directamente con Sebald y el hogar. ¿Acaso los artistas no se sienten en casa y tienen la necesidad de ir a buscarla allá afuera? ¿Dónde está realmente el hogar?

 
 

Aparte de las obras de arte plástico, hay también en Las variaciones Sebald mucho material escrito especialmente para esta ocasión, de la mano de Julià de Jodar, Reinaldo Laddaga, Valeria Luiselli y Piedad Bonnet. Todos los escritos acompañan perfectamente el recorrido de la exposición, dándole un sentido sebaldiano e inédito. 

 

Una de las obras de Jeremy Wood para la exposición, proyectando sobre telas de seda negra las rutas geolocalizadas de sus paseos.

+
 

Jeremy Wood, por otra parte, toma los elementos sebaldianos del paseo y la seda para realizar una pieza enigmática, relacionada con el camino que se va forjando al viajar: algo que evoca directamente a Los anillos de Saturno.

La mexicana Mariana Castillo también rememora el viaje: tickets de trenes antiguos plasman y llenan su obra, quizás porque a ella también le gusta viajar y algo le hacían sentir esos pedacitos de papel. Es otra de las obras más nostálgicas de la exposición, en la que se presenta una arqueología, estratos del pasado.

 

Una de las fotografías de Trevor Paglen, que reflejan paisajes ingleses en los que se esconden elementos tecnológicos de escucha y espionaje.

+
 

El trabajo de Trevor Paglen es quizás uno de los que no encaja tanto en la exposición. No hay un hilo claro que enlace las fotografías que el artista selecciona —referidas al mundo del espionaje— con Sebald. Ocurre algo similar con las obras de Josiah McElheny o Taryn Simon, que si bien evocan historias puntuales, no parecen aportar gran cosa al conjunto, al contrario de lo que ocurre con la de Fernando Sánchez Castillo, quien utiliza un elemento arquitectónico sorprendente —relacionado de nuevo con la Guerra civil española— para reflexionar sobre la arquitectura y la memoria.

La pieza de Andrea Geyer fue otra que me llamó la atención, por su enfoque personal: su hilo conductor es la familia y, de cierta forma, así se relaciona con Sebald. Una pieza nostálgica y realmente emotiva. Para mí, un gran acierto. 

 

Fotograma de la obra de Andrea Geyer.

+
 

Las variaciones Sebald nos dan la posibilidad no sólo de rememorar al escritor alemán y empatizar con él, sino que también tenemos la oportunidad de escucharlo, de sentir que está presente, y es por eso que el «Teatro Sebald» es otra de las piezas más conmovedoras de la muestra, porque realmente es como si estuviera vivo. En palabras del escritor y comisario de la exposición, Jorge Carrión: «La forma que articula la obra sebaldiana es la red. Los caminos cruzados: un sistema multiplicador de pisadas y citas. La literatura es miniatura, pero aspira a representar lo complejo, lo enorme, un universo que se expanda como una membrana cuántica en tu mente, lector».

Sebald dio varias entrevistas antes de su muerte, pero quien realmente lo conocía de cerca era su amigo personal Jan Peter Tripp. Tripp fue una de las personas importantes en la vida del autor —fue él quien le convenció para que escribiera— y es por eso que la pieza que aporta es una de las más impactantes.

 

Retrato de W.G. Sebald por Jan Peter Tripp. 

+
 

En el retrato que hace de Sebald lo muestra algo serio y nostálgico, con la mirada perdida. Me transmite tristeza, es cierto. Quizás el dolor a veces podía con él. Quizás excavar en el pasado le exigía mucho. Quizás aquel día, ante el objetivo de la cámara, estaba demasiado desilusionado como para poder sonreír. Demasiado alemán. Muy rígido. Pero encontró la forma de desentrañar este pasado incómodo para contarlo y sentir que fue parte de la historia. Parte de nosotros.

Camila Werner
Camila Werner

Periodista y viajera curiosa. Descubrir lugares desconocidos es una de sus pasiones, tanto como conocer a las personas que los habitan, desentrañar sus secretos y contar sus historias. Salir de la zona de confort y enfrentar desafíos son parte de su carácter. A veces, juega a ser escritora.