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¡LARGA VIDA AL DOCUMENTAL!

Las propuestas del .DOC
Fran García

Como cada año, en primavera llega el festival de documentales .DOC, del que Altaïr Magazine es orgulloso medio colaborador. Desde siempre hemos defendido la posibilidad de viajar a través de la pantalla y la necesidad de incluir el audiovisual entre las referencias periodísticas que usamos para entender el mundo. Fran García nos hace aquí un repaso de las propuestas más interesantes que se podrán ver entre el 27 de abril y el 5 de mayo en Sagunto (Valencia), y desde ya —y desde cualquier parte del planeta— en el canal que para el festival ha preparado la plataforma online Filmin.  

 

Pese a la gran cantidad y calidad de documentales que se producen anualmente en el mundo, la exhibición española parece no encontrar un acomodo acertado para ellos. Aún contando con los más premiados —entiéndase Oscar o Goya, por poner dos ejemplos— amén de otros descubiertos en los imprescindibles certámenes DOCSBarcelona o Documenta Madrid, el cine de «no ficción» parece un espíritu cuyos pasos resuenan en el caserón de la distribución. Fantasmas que el espectador no llega a ver en tiempo y forma.

La proliferación de eventos musicales con vitola independiente que pueblan la geografía española llegado el buen tiempo, o el reiterativo pero saludable mercado de encuentros de novela negra, son dos ejemplos de que algunos excesos culturales concretos permiten la continuidad de las trincheras. Así, sea en festivales o premios como los antes mencionados —o en otros especializados en derechos humanos, medioambiente, música o alpinismo— no está nada mal que los certámenes dedicados al documental hayan aumentado (se puede comprobar empíricamente) durante la última década. Aun así, esto se antoja insuficiente.

Ahora que las plataformas yanquis —Netflix, HBO— se han puesto tan de moda entre los seriéfilos, pero con un catálogo de documentales nimio y sin calidad, convendría que subrayáramos la labor de una plataforma que sí tiene al documental como una de sus banderas. Me refiero a Filmin. Si no tenemos acceso a los festivales y muestras nacionales por las razones que sean —geográficas, por ejemplo—,  entonces podemos abrazarnos al documental online, aunque estemos en un remoto pueblo de Teruel, siempre que haya conexión wifi. Colaboradores de DOCSBarcelona, además de poseer un formidable catálogo de documentales, Filmin sube todos los meses a su plataforma el denominado «Documental del mes».

Cuando creamos el festival .DOC hace cuatro años, la idea principal fue la de mostrar lo más destacado de cada una de las temporadas ya conclusas. Es bien sencillo, solo requiere estar al día en este terreno. Ocurre que la temporalidad entre el estreno en su país de origen y el nuestro supone, a veces, distorsiones de hasta casi dos años. Así que esta temporada pasada incluye documentales estrenados en EE.UU. Suecia o Reino Unido durante el 2015 —al igual que tendremos la oportunidad de disfrutar de buena parte de lo mejor del 2016, tanto nacional como internacional—. Pero no debemos dejarnos atrapar por el último disco de una de nuestras bandas favoritas sin haber apreciado el anterior. Todo lo bueno y malo que ocurre en nuestro mercado cultural es, en muchos casos, fagocitado con una velocidad tal, que a veces nos sirven el menú empezando por el postre.

Sirva esta última reflexión para entrar en más detalle con los platos, fríos o calientes, que más nos han llenado la mente del último año. Es la hora de pisar el freno, de analizar los trabajos más destacados, de saborear con calma algunas buenas propuestas documentales que repasamos en .DOC o que puedes ver en Filmin cuando te apetezca.

La teoría sueca del amor (The Swedish Theory of Love) de Erik Gandini tiene uno de los grandes últimos golpes reflexivos del filósofo Zygmunt Bauman, desaparecido hace unos meses. El individuo colmado de prestaciones sociales ya no necesita a nadie a su alrededor, es libre en cuanto no utiliza a familiares o amigos para salir adelante. Un dogma de la avanzada socialdemocracia sueca que Gandini y Bauman se encargan de zarandear cada uno por su lado. Algo huele a podrido en el reino de Suecia: los muertos encontrados meses después de su defunción sin que nadie los eche de menos. 

 
 

Bauman es el nexo común entre el sorprendente documental de Gandini y el sereno debate propuesto por Rudy Gnutti en En el mismo barco (In the same boat). Al maestro se le unen el expresidente de Uruguay, José Mujica y otras necesarias voces como Serge Latouche o Anthony B. Atkinson. Ese barco, una metáfora de la humanidad, viaja por aguas turbulentas, océanos de mediocridad, economías autodestructivas y un futuro incierto, pero retiene un halo de esperanza en que el humanismo mantenga el barco a flote.

 
 

Mujica no es solo un expresidente más de Latinoamérica. La sensatez con la que expresa un ideario universal sobre el ser humano, lo razonable que parece al seguir una senda correcta, solo puede avergonzar a todas aquellas personas que, una vez tras otra, apuestan por la sinrazón y la ignorancia más variopinta. Que Mujica haya sido una rara avis en el mundo de la política, demuestra, por oposición, el grado de imbecilidad al que han llegado muchos dirigentes políticos que conocemos por proximidad.

El barco está en movimiento, eso seguro, pero se encuentra en un Frágil equilibrio, el título dirigido por Guillermo García López y que se apunta a la sabiduría de Mujica y a la consideración sobre el esperpento económico y medioambiental que nos rodea. El flamante premio Goya al mejor documental no solo es un cántico a lo que aún poseemos y que se nos puede arrebatar de manera definitiva; es también un poderoso viaje audiovisual hacia el centro de lo que verdaderamente importa del viaje-simbiosis que el ser humano ejecuta respecto al planeta-barco que lo porta.

 
 

Un año antes de que el periodista Jordi Évole se embarcara en un episodio de Salvados —su programa semanal en la televisión española— para tratar el genocidio europeo hacia los emigrantes de Oriente y África en el Mar Mediterráneo, y explicar cómo un pequeño grupo de guerrilleros del humanismo navegaba en su auxilio, el italiano Gianfranco Rosi firmaba la espeluznante y necesaria Fuego en el mar (Fuocoammare). Retrato heroico, pero también vergonzoso; la conciencia protectora de unos pocos frente al papel que tendría que haber adoptado la Unión Europea. Una entelequia europea que se desangra a la misma velocidad con que protege su macro-frontera. 

 
 

En esta misma premisa se mueve Lampedusa in Winter, obra de Jakob Brossmann, que pone el acento sobre la dimensión del drama de todos lo que dejan su vida en el mar y de los que encuentran en la isla de Lampedusa un encierro seguro y un futuro muy incierto. Hay que reconocer que Italia, el país Schengen al que más emigrantes llegan, es el único que ha puesto medios de salvamento y medios sociales para realojar un cupo relevante de desplazados. Una prueba de que ya no pueden esperar más a la UE para salir al rescate, en sus costas más cercanas, de quienes intentan escapar de la guerra por la denominada «vía Libia».

La huida hacia un mundo sin guerra es el leitmotiv de Siria, una historia de amor (A Syrian Love Story) de Sean McAllister. Documental que narra la epopeya —cinco años— de una familia siria para abandonar el mortal entorno que la rodea. En otros casos, es la hambruna o la falta de futuro la que provoca el cruce de fronteras. Precisamente sobre las líneas fronterizas, el documental Muros de Pablo Iraburu y Migueltxo Molina acentúa el inútil poder de las vallas, paredes o concertinas cuando lo que se juega uno al cruzarlas es un trozo de dignidad a recuperar, el hecho de alcanzar paz y trabajo. 

 
 

El documental no necesariamente debe de ser un escaparate de las injusticias globales o regionales que nos atañen en mayor o menor medida. Pero es indudable no hay que cerrar los ojos, además de ante el drama de los refugiados, ante el tradicionalismo absurdo de ciertas culturas y el papel de las mujeres en países como Afganistán. Al respecto podemos mencionar Sonita, un documental iraní dirigido por Roksareh Ghaem Maghami, una cineasta que se preocupa por indagar en las bodas concertadas de Afganistán para, de paso, hablar de las propias contradicciones iraníes. En Sonita hay una acusación global a los países donde la cultura machista golpea a las mujeres una y otra vez.

 
 

La deslocalización de empresas y la creación de mastodónticos grupos comerciales se encuentra detrás de la reivindicativa Gracias, Jefe. El director, François Ruffin, fundador de la revista francesa Fakir, actúa como un Robin Hood moderno al tenderle una trampa al grupo LVMH para satisfacer a una familia de la ciudad de Valenciennes a punto de ser desahuciada. Puede que el documental de Ruffin tenga algunos tics de los trabajos de Michael Moore, pero reconforta saber que, a veces, el débil e infortunado trabajador puede infligir una derrota moral y económica al poderoso e intocable empresario.

No quiero pasar por alto, en este resumen de las últimas hornadas del cine de «no ficción», tres interesantes documentales musicales, exitosos trabajos sobre otros tantos exitosos artistas. Omega es el documental de José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias sobre la génesis, grabación y publicación del hipnótico álbum publicado en 1997 por el cantante flamenco Enrique Morente y el grupo de rock experimental Lagartija Nick. Veinte años después, Omega indaga en aquella colaboración tan deslumbrante y nos descubre parte de sus misterios, parte de su luz cegadora.

 
 

Bien distinto es Oasis: Supersonic de Mat Whitecross. Los mancunianos hermanos Gallagher son el típico matrimonio que se quiere y detesta a la vez, la simbiosis imperfecta entre la pasión vocal de Liam y las buenas composiciones de Noel. Con independencia del gusto de cada uno, —personalmente me llevo Don´t Look Back in Anger a la tumba—, no es banal dedicar una película a una banda, Oasis, que convirtió una fuerza musical –el cacareado Brit Pop– en el epítome de la definición de clases en el Reino Unido, desaparecida desde The Clash.

 
 

Y finalizo el apartado musical con Gimme Danger, la historia audiovisual de The Stooges dirigida por Jim Jarmusch. Un electrizante documento que nos transporta al meollo sónico de Iggy Pop y los suyos, el sucio Detroit de finales de los sesenta, con el garaje-rock y el proto-punk como banda sonora.

Fran García
Fran García
Apasionado de las novelas gráficas y del medio radiofónico, ha trabajado en Onda Cero y en el Magazine del diario barcelonés La Vanguardia. Este agitador cultural con alopecia es director de NOVEMBRE NEGRE, festival de cine y novela negra, y coordinador de SPLASH, un festival de cómics. Además, coordina la programación de .DOC, una muestra de documentales de actualidad.