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LAS DOS COREAS

Tras una grieta abismal
José Ramón Galán Velasco

Tras regresar de dar la vuelta al mundo durante un año, recuerdo la visita a Corea del Sur y su hermana mayor, la República Popular Democrática de Corea, como uno de los momentos más especiales de todo el viaje. Siempre me ha llamado la atención el contraste tan abismal que existe entre el sur ultramoderno, capitalista y amigo de Occidente y su hermano del norte, tan hermético como atrasado y atrapado en una pesadilla maquinada por la dinastía de los Kim. Dos países que fueron uno sólo y que la Guerra Fría desgarró hasta el punto de que aún no han firmado un acuerdo de paz.

 

En 2013, Corea del Sur registró un PIB per capita estimado de 34.200 $ (Fuente: The World Factbook - CIA). 

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En el mismo período, el PIB per capita estimado de Corea del Norte fue de 1.800 $ (Fuente: The World Factbook - CIA). 

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Corea del Sur disfruta en la actualidad de una economía muy desarrollada y competitiva, basada en la tecnología y con primeras marcas de reconocido prestigio internacional que le disputan la supremacía a Japón. Seúl, con sus neones y rascacielos, con sus vastos centros comerciales y millones de consumidores, es un fiel reflejo del ideal capitalista. Trabajar para comprar. Vivir para comprar. De ahí que los niños se encuentren sometidos desde muy temprana edad a una terrible presión para conseguir las notas más altas. Esa presión, lejos de finalizar en la adolescencia, continúa durante la vida adulta a la hora de buscar un trabajo. Es tal que la tasa de suicidios de Corea del Sur es de las más altas del mundo. 

 

Gigantes en sectores estratégicos de la economía como el tecnológico (Samsung y LG) y el automotriz (Hyundai) provienen de Corea del Sur.

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A pesar de esto, los jóvenes coreanos son considerados como los «latinos» de Asia por sus carácter extrovertido. Sin embargo, cuando se visita el país, uno se encuentra con la barrera lingüística incluso en la capital, y es que son muy pocos los que se manejan en la lengua de Shakespeare. En cuanto a su vecino del Norte, cada vez hay más gente que, lejos de querer la reunificación, prefiere la separación por temor a perder sus empleos y su calidad de vida ante las posibles consecuencias económicas de que, al igual que ocurrió en Alemania, la parte capitalista absorba a la comunista

 

La primera presidente en la historia de Corea del Sur, Parke Geun Hye, ha impulsado medidas sobre igualdad de género en el país, continuando las reformas iniciadas desde 1988.

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Desde inicios del 2015, el servicio militar es obligatorio para las mujeres de Corea del Norte.

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Sin lugar a dudas, la DMZ, o zona desmilitarizada, es de obligada visita. Esta frontera artificial entre los dos países, irónicamente una de las más militarizadas del mundo, es un rescoldo de la Guerra Fría en el que la tensión es permanente y en el que ambas partes compiten, no sólo militarmente, sino también desde un punto de vista propagandístico. Ejemplos los hay a raudales; desde ver quién pone la bandera más alta hasta mandar globos con panfletos a través de la frontera.

 

La Zona Desmilitarizada que separa a las dos Coreas es un lugar de tensión permanente. Cuando el año pasado Corea del Sur reactivó unos parlantes con mensajes propagandísticos, Corea del Norte respondió con ataques armados.   

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Además, se da la peculiaridad de que uno no puede viajar desde Seúl hasta Pyongyang a pesar de que les une una vía férrea de poco más de doscientos kilómetros. Muy al contrario: uno debe ir primero a China, y desde Beijing, viajar en tren o avión hasta la capital norcoreana. En mi caso decidí volar con la compañía nacional Koryo hasta Pyongyang, en cuyo modesto aeropuerto me esperaban dos guías asignados de manera obligatoria por las autoridades.

Poder visitar Corea del Norte, ese país con el aura de país hermético y raro, con el más extravagante (y tétrico) de los líderes mundiales, es una experiencia fascinante a pesar de las mil y una restricciones impuestas por las autoridades. Se trata de un país atrasado, anclado en la «época dorada» del comunismo soviético y que cuenta con los decorados más ostentosos de la historia. Uno puede alojarse en un «lujoso» hotel con suelo de mármol y amplísimos salones llenos de lámparas y columnas, y al mismo tiempo querer abrir un simple grifo y descubrir los serios problemas con el abastecimiento de agua. La luz también es un bien escaso y los cortes en el suministro eléctrico son constantes en todos los rincones del país, a excepción de aquellos en los que haya un retrato de sus líderes.

 

A diferencia del carácter «occidental» de su vecino del sur, Corea del Norte es una sociedad conservadora.

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A uno le queda la sensación de que la vida de los norcoreanos está igual de controlada que los movimientos de los visitantes y nada se deja a la improvisación. Este control es tan férreo que hasta los guías tienen decidido el paso de peatones por el que uno ha de cruzar alguna de sus amplías pero vacías avenidas. Por este motivo, es muy difícil constatar cómo viven los ciudadanos, qué les preocupa o a qué dedican sus quehaceres cotidianos. Uno no puede acercarse a alguien y preguntar libremente a la gente sin el consentimiento de los guías, al cual muy pocas veces acceden. De hecho, salir solo del hotel puede acarrear un serio castigo por parte de las autoridades.

Otra de las cosas más intrigantes es la «devoción» del pueblo norcoreano hacia sus líderes. Oficialmente, en Corea del Norte está prohibida cualquier tipo de religión. Sin embargo, el culto a los padres de la patria es similar al que sienten cristianos o musulmanes por Dios o Alá. Son numerosos los actos pseudoreligiosos que uno puede presenciar, como por ejemplo las miles de flores que se depositan diariamente a los pies de las colosales esculturas de los Kim, o el pin con sus rostros que, como si de una cruz se tratara, todos deben llevar en el lado del corazón. El delirio colectivo es tal que hasta han creado un calendario propio en el que el año cero comienza con el nacimiento de su líder fundador.

 

El culto a los líderes es algo cotidiano en Corea del Norte. 

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Cual si se tratara de un asunto religioso, los norcoreanos portan imágenes de sus líderes en pines.

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Estatuas del fundador de la dinastía gobernante de Kim Il-sung (izquierda) y de su hijo-sucesor, Kim Jong-il (padre del actual mandatario, Kim Jong-un) en Mansu Hill, afueras de Pyongyang

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Todo lo descrito anteriormente evidencia las diferencias entre dos países separados en el espacio por unos pocos metros, pero con una brecha temporal que lejos de cerrarse, sigue ensanchando día a día

 

EN LA IMAGEN DE CABECERA, MINIATURA DE SOLDADOS DE LOS EJERCITOS DE COREA DEL NORTE (IZQUIERDA) Y COREA DEL SUR (DERECHA) 

José Ramón Galán Velasco
José Ramón Galán Velasco

Aunque siempre le ha interesado la imagen como medio para contar historias, su afición por la fotografía comienza en el año 2000 tras una estancia en Londres. Es la multiculturalidad de la capital británica el mejor escenario en el que aprender a usar su primera y última réflex no digital. Tras mostrar las fotografías de sus viajes en diversas exposiciones, en la actualidad intenta combinar su labor docente con la colaboración en revistas digitales dedicadas a la fotografía.