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MÁS ALLÁ DEL ANNAPURNA

Los catorce de Iñaki
David Torres Bosque

...En nuestra visión de túnel, nada vemos más allá de las salvajes montañas del Himalaya, el lugar donde hace tiempo que residen los espíritus, y hacia donde nuestros pasos ahora se encaminan...

 
 

(Iñaki Ochoa de Olza, Campobase número 51)

 

A las cuatro y media de la madrugada del 19 de mayo de 2008, el navarro Iñaki Ochoa de Olza, acompañado del rumano Horia Colibasanu y el ruso Alexei Bolotov, salen de la tienda. Se encuentran en el Campo V, en la arista este del Annapurna, a 7.830 metros de altura en dirección a su cima de 8.091 metros. Horas después, y tras superar un muro de hielo que los obliga a descender más de 200 metros para poder continuar, Iñaki decide dar media vuelta; considera que la ascensión es demasiado arriesgada. Su amigo Horia debe escoger: o sigue hacia arriba junto a Alexei o acompaña a Iñaki en el descenso. Elige la segunda opción con la idea de que su compañero descanse y retomar la ruta más tarde. Vuelven a superar el muro de hielo y regresan al Campo V

Mientras, Alexei pisa el punto más alto del Annapurna. Sin radio, ni teléfono satélite, se toma diez minutos para sacar algunas fotos, y desciende al Campo V confiado en encontrar a los otros dos miembros. 

Iñaki tiene algunos dedos en proceso de congelación, así que dos horas después reanudan la marcha pero a la inversa, hacia el Campo IV. Iñaki desciende con dificultad y Horia percibe que algo no va bien. Cuando llegan, Horia deshiela agua para hidratar a su compañero, pero pronto empieza a convulsionar. Horia avisa a la familia, a un amigo médico, y a Simon Anthamatten y Ueli Steck —considerado uno de los alpinistas más rápidos en ascensiones—, que se encuentran en el campo base. En cuanto reciben la noticia parten en su ayuda. En Los catorce de Iñaki. Crónica del extraordinario intento de rescate del himalayista Ochoa de Olza en el Annapurna (Saga Editorial, 2011), Jorge Nagore describe cómo se desarrollaron estas fatídicas horas. 

Alexei aparece horas más tarde en la tienda del Campo IV y quiere bajar a Iñaki como sea, pero no puede hacerlo por falta de cuerdas. Horia le pide que vaya bajando: no disponen ni de agua, ni de comida, ni de gas. Cerca del Campo III Alexei le presta las botas a Ueli que va con un calzado ligero.

Han pasado 67 horas. Ueli y Horia acuerdan por radio encontrarse a un kilómetro y medio de Iñaki. Mientras, en el Campo II Alexei espera a Dennis Urubko y a Don Bowie para volver hacia arriba, y en el Campo III Simon Anthamatten espera a Horia para llevarlo hasta abajo.

Alrededor de unas 14 personas, entre alpinistas, médicos y sherpas se ponen en marcha para tratar de atender a Iñaki. Pero al medio día del 23 de mayo del 2008 llega la noticia que nadie quería oír: Iñaki Ochoa de Olza después de cuatro días luchando contra su propio cuerpo moría a causa de un edema cerebral y pulmonar.

Desde que el 3 de junio de 1950 el Annapurna fue escalado por primera vez, por Maurice Herzog y Louis Lachenal, son muchos los que han alcanzado la cima; pero también es muy numerosa la lista negra que arrastra esta montaña. El 40% de personas que lo intentan acaban dejándose la vida.

Aunque el riesgo es tan elevado la creencia que sostiene a los alpinistas como se observa en Bajo los cielos de Asia (Saga Editorial, 2011) escrito por Iñaki Ochoa de Olza tiene mucho más valor: «En esta sociedad no estamos preparados para la muerte, no estamos preparados. La muerte es lo que rompe radicalmente nuestro confort, nuestra seguridad. Es la vida. Y es que la vida sin la muerte no tiene sentido»

Iñaki moría en el 2008. Alexei Bolotov perdió la vida el 15 de mayo del 2013 mientras intentaba la ascender el Everest. Sufrió una caída cuando se hallaba un poco por encima de la Cascada de Hielo del Khumbu. Él mismo decía, «no vamos allá arriba en busca de éxito, vamos porque es lo que nos da vida».

El 30 de abril del 2017, murió Ueli Steck, por causas que todavía se desconocen, aunque parece que intentaba realizar la «Herradura del Khumbu», es decir, as cumbres del Nuptse (7.861 m), Lhotse (8.516 m) y Everest (8.848 m) en el menor tiempo posible.

Pero todos ellos compartían un sentir; un placer o sensación común que Iñaki Ochoa de Olza resumía así: «empecé a escalar ochomiles cuando aún era joven, 22 años, dirigiéndome en aquella ocasión al Kangchenjunga. Qué insensatez de juventud, y qué placer recordar aquellos tres meses, que han marcado mis pasos más que 19 años de estudios anteriores. Desde entonces, he estado ya en más de 20 expediciones. Algunas veces he estado trabajando como guía de montaña o como cámara de altura, otras veces he tenido patrocinadores y en otras ocasiones me lo he pagado con mis ahorros. Es una opción, un camino en la vida, y como toda elección, supone dejar otras cosas atrás. Pero nunca me he arrepentido, y siempre he vuelto a casa satisfecho, a reponer nuevas energías, y a marchar una vez más, como decía Doug Scott —"atado al mástil como Ulises, buscando aquellas islas que brillan en el cielo con luz propia"—. Pues ni más ni menos que esto son los ochomiles»

 
 

LOS CATORCE DE IÑAKI

JORGE NAGORE

SAGA EDITORIAL, 2010

BAJO LOS CIELOS DE ASIA

IÑAKI OCHOA DE OLZA

SAGA EDITORIAL, 2011

 
 
David Torres Bosque
David Torres Bosque

Apasionado del viaje, los cómics y la montaña, no necesariamente en este orden. Recorrer la ruta pirenaica Porta del cel fue el detonante de su interés por las diferentes travesías que recorren el Pirineo de refugio en refugio.