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POR CARRETERAS

Secundarias
María Angulo Egea

«Si un viaje no te sorprende y no te cambia, no vale la pena emprenderlo (...) la verdadera naturaleza del viaje es la de dejarse arrastrar por lo imprevisto». Y eso hacen el periodista Alfonso Armada y la fotógrafa Corina Arranz, dejarse sorprender y arrastrar por lo imprevisto por tierras del interior de España montados en un Seat Ibiza. Eso sí, siempre por carreteras secundarias, huyendo de las autopistas y las carreteras nacionales. Porque buscan la lentitud que propician estas vías que «te llevan no tanto adonde quieres ir como adonde tal vez puedas llegar a ser. Aunque al final todo se quede en ilusiones de la voluntad». Porque la carretera secundaria «es mucho más humana, mucho más hermosa, mucho más solitaria que la autopista y la autovía. ¿Por eso no la quiere casi nadie, más que los que la usan porque la necesitan, porque siguen viviendo su vida en pueblos al margen de la velocidad?». Presentan la autovía como una «camisa de fuerza» que somete, o como «boa constrictor» que te adormece: «La miras a los ojos y ya estás perdido». 

Y estas crónicas de viaje Por carreteras secundarias que retoma el título de la novela del escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón —quien prologa este volumen editado por Malpaso—no es un viaje, sino dos. Uno parte de Madrid (del kilómetro cero) y se realiza en el verano de 2011 en un par de Mercedes. Termina en un pueblo de Lugo. Se lleva adelante por pueblos del interior; siempre se evita la costa en uno y otro viaje. Aquí nos encontramos con crónicas breves: ajustadas, precisas, punzantes. Crónicas viajeras que reflejan una mirada antropológica. Crónicas bonsái como las denomina el escritor mexicano Juan Villoro: con la delicadeza y perfección de una joya de larga tradición en España. Y un segundo viaje realizado en el verano de 2012, este sí en un Seat Ibiza, que parte de Tui, en Galicia, y que baja y recorre el sur hasta que termina en Tomelloso, aunque se cierre de nuevo en Madrid. Un segundo viaje de crónicas y perfiles mucho más extensos y de cariz más sociológico en el que emerge lo metonímico del periodismo en crónicas como la del antiguo sanatorio de tuberculosos de Las Poyatas, el dolmen de Barcarrota, la mina de wolframio del valle de la Serena, el resort de San Juan de Terreros... 

Hay un deseo viajero y un deseo periodístico por contar estos territorios del interior y otorgarle a estas vidas, lugares y gentes la posibilidad de un espacio. Un espacio para reproducir un relato digno más allá del «suceso», del crimen o del desastre natural, únicas razones por las que pueden aparecer los nombres de estas poblaciones en un medio de comunicación. 

Alfonso Armada hace hablar a los pueblos por los que transitan. Son sus gentes las que hablan y nos aportan la textura de esos espacios que habitan. Voces que se mezclan con las de escritores y escrituras a lo largo de todo el volumen. Escritores como Rafael Sánchez Ferlosio, como Walter Benjamin, como Cees Nooteboom, como Murakami, como Richard Ford, como Goethe (con sus nubes), Delibes, Max Aub, Faulkner, Machado, Dionisio Cañas… hasta Juan Rulfo aparece y dos Comalas: una imaginaria en Campilllo, Guadalajara, pero otra real: el pueblo de Comala en Murcia, antes de llegar al Monovar, de un no-reconocido Azorín. Puede hablarse de dos especies de homenaje a dos escritores: uno logrado, el de Moguer; una extensa crónica poblada de poesías y de poetas que apelados por Armada hablan de la crisis que está viviendo España y del momento tan complicado. Poetas que envían sus poemas mientras nuestros viajeros descubren al autor de Platero y yo y el seguimiento que le tienen en su pueblo Moguer. Y otro homenaje fallido a Azorín, porque en su pueblo Monovar no le quieren ni le leen demasiado. 

Si hay diversidad narrativa en estas crónicas, que se apoyan en reflexiones del narrador, exhaustivas descripciones y semblanzas, también la hay de discursos. Relato y discurso se entremezclan en estos textos. Armada no deja palillo por tocar, así refleja, comparta o no, los diversos discursos que como ríos subterráneos atraviesan épocas y emergen en diversas etapas.

 

1. El anhelo del sueño reformista y educador ilustrado. Que registra, tasa y regula de Jovellanos, en sus cartas, en sus memorias, de Campomanes, del Marqués de la Ensenada, del propio Feijóo que también aparece.

2. El discurso desencantado y de derrota de los noventayochistas y su intento unificador español de suma identitaria que representaría Ortega y ese proyecto de vida en común.  Con esos vestigios del «fatalismo español» que nos acompaña.

3. El discurso de la crisis, de la crítica al despilfarro del boom inmobiliario de finales de los noventa del siglo XX hasta el 2007. Con ese territorio poblado por las nuevas ruinas que han dejado los resorts y megahoteles a medio construir o los aeropuertos abandonados en mitad de la nada. 

4. El discurso de la despoblación, recientemente bautizado como el de la España vacía por el ensayo de Sergio del Molino, que recoge la estela de aquella novela emblemática de Llamazares, La lluvia amarilla y que también hemos leído en las hermosas crónicas de Virginia Mendoza en Quién te cerrará los ojos. 

5. El discurso «arcádico» del paraíso perdido. Motivo literario por excelencia que se materializa aquí de una manera particular por la alabanza de los «oficios perdidos o en vías de extinción» que representan los pastores, los artesanos: «de un pasado en que las manos servían para hacer y cada uno cumplía su oficio que mal que bien le permitía vivir» (…) «Tal vez el paraíso nunca fue lo que pensamos que era».

 

Y entre estos discursos uno esencial que nos preocupa también: el del periodismo actual y su deriva. Los periódicos de papel que desaparecen y ya ni se compran ni se leen. El de otro tipo de periodismo, ese que «respetaba a rajatabla el pacto con los lectores», «y no solo empañábamos nuestra dignidad y nuestro honor en la búsqueda de la verdad, en facilitar un relato del mundo que nos ayudara a darle sentido a nuestras vidas, sino que el reflejo de la realidad fuera complejo, fidedigno, respetuoso con los hechos o lo que hemos llegado a saber de ellos», «¿Qué dibujo arbitrario estamos haciendo acerca de este condado llamado históricamente España por nuestras carreteras secundarias?».

Armada rescata el buen hacer de diversos periodistas como Mónica Fernández Aceytuno, de quien se acuerda por la naturaleza en Bembibre; de Ander Izagirre, Pedro Simón, Jaime G. Mora y de manera muy especial de González Calvo, redactor jefe durante 28 años de Mundo Negro a quien retrata y visita en Pajares de la Lampreana y, sobre todo, a Bosco Esteruelas, a quien perfila en Alcuéscar en su crónica titulada «El exiliado de El País». Perfil que sirve para hablar de este periódico, de su deriva y de paso para criticar a Cebrián.

Este volumen está plagado de poesía y de poemas y el segundo viaje tiene su banda sonora: Leonard Cohen, Lula Pena, John Hiatt, Johnny Cash, Rokia Traoré…

Si bien el viaje se presta a contar sensaciones y emociones de los viajeros —y aparecen—, pocas cuestiones nos revela Armada de su pasado. Algunos apuntillos autobiográficos: que trabajó de camarero en Borjas Blancas, que se escapó de casa al menos en dos ocasiones y que hacía autoestop «cuando era feliz», subraya.

Rescato solo dos adjetivaciones que emocionan: mirar con «ojos niño» y salir atisbando el cielo «azul culpable». Pero hay tal virtuosismo lingüístico en estas crónicas... Y un posible cierre sacado de una de tantas reflexiones de Armada: «Pese a los mapas, en realidad viajamos a ciegas. Estamos perdidos. Nunca sospechas qué va a depararte la vida». Y por último ¿A dónde huimos todos sin cesar?

 

Imagen de cabecera, detalle de la portada Por carreteras secundarias (Malpaso, 2018)

 
 

POR CARRETERAS SECUNDARIAS

ALFONSO ARMADA

MALPASO, 2018

María Angulo Egea
María Angulo Egea
Profesora de Periodismo en la Universidad de Zaragoza, especialista en Periodismo literario e Historia del periodismo. Ha coordinado varios libros, entre los cuales Crónica y mirada, para Libros del KO, en 2014. Ha colaborado en Fronterad y Jot Down y escribe sobre Periodismo literario en El Periódico de Aragón.
 
 
Revista cultural del Grado de Periodismo Zero Grados: www.zerogrados.wordpress.com.