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REPÚBLICA DOMINICANA

Editorial del nuevo número
Altaïr Magazine

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En la isla Hispaniola se encuentra un tesoro de país escondido entre los tópicos del turismo, que baila, ríe y llora cerca de ríos verticales, entre rutas literarias de pasados esclavos; por playas imposibles, dentro de coquetos salones de belleza y en los siempre sorprendentes colmados. Hay un país en el mundo…

 

...que es claro, frutal, fluvial, material: tórrido y pateado; matinal y desterrado. En una isla de campesinos sin tierra herida por una frontera negra entre montañas y lagos. Un país que alrededor y debajo de todas las huellas representa la compleja mezcla de civilizaciones, tonalidades y tradiciones proyectadas en la piel y el pelo de unas gentes que van al salón de belleza como epifanía del buen gusto, según cuenta Deidamia Galán.

Hay un país en el mundo que es un sancocho, tiene de todo y es suculento, atractivo, variado: difícil de entender, más difícil de explicar. Un país en el que una olla puede ser clandestina y se cocina como la vida: con tiempo y fuego. Un país espeso y de sonrisa profunda como nos explican Virginia Mendoza y Paty Godoy sentadas en silencio y mirando la vida pasar desde un colmado en una calle de Pedernales. Ellas dos hicieron el «esfuerzo» de recorrer la isla por encargo de Altaïr Magazine, y, al estilo del Ismael del final de Moby Dick, «sobreviven» para contarlo en unos textos, imágenes, vídeos y entrevistas concebidos como un delicado ejercicio de diálogo con Miguel Piccini, Xiomara Fortuna, Polibio Díaz, Dario Solano, Gabriela Read, Bolívar Troncoso y Martín Omar, entre otras fascinantes personas y personajes de una tierra fascinante.

Hay un país en el mundo que baila ritmos caribe y que, según nos plantea Alex Matás, suenan a África reflejada en la música de Wilfrido Vargas, Rebel Layonn, Isaac Hernández o Carolina Camacho. Un país que vive un reto casi tan difícil como convertir el hierro en oro: busca un turismo responsable, compatible con el respeto al medio ambiente y el desarrollo de la mayoría de la población. Nos lo descubren, desde perspectivas diferentes, esas dos historias casi complementarias que firman Cristian Segura y Santiago Tejedor cerca de unas playas que no se borran de la memoria de Jordi de Miguel.

Hay un país en el mundo que tiene una caja de sorpresas escondida en cada esquina. Se llaman colmado y Frank Báez nos los descubre en su crónica personal sobre esos lugares de (casi) todos los posibles. Un país repleto de ríos verticales y con una exuberante biodiversidad que sigue amenazada. Un país que se come su bandera, que tiene peloteros que triunfan en las Grandes Ligas de la vida, y que, además de Santo Domingo, tiene otra capital: Nueva Yol.

Hay un país en el mundo que está triste y oprimido, aunque no lo parezca. Un país en el que siguen sin cuadrar los números de muchas familias, y en el que la emigración aún parece una solución. Un país en el que se vive al día entre lujos y miserias cotidianas como nos relata Rita Indiana —talento global de la literatura y la música dominicana— en su cuento Arsenio, un relato original de una artista que (re)define su país a partir de sus contradicciones.

Hay un país en el mundo que fue el primer enclave europeo de América, una isla de ballenas y piratas, en el que hay rutas de esclavos e ingenios azucareros que narran una historia tan compleja como interesante, según nos cuenta Darío Solano. Un país lleno de pueblitos sin turistas cerca de grandes resorts «todo incluido». Tierra de peleas de gallos y aquagym que sigue atrapada por los estereotipos made in Caribe que sepultan también los restos de la cultura taína, el referente ancestral del imaginario colectivo dominicano según el análisis de Glenis Tavárez

Hay un país en el mundo que es agreste y despoblado y que, según el artista dominicano Polibio Díaz, es el «más mestizo del mundo». Bello y agredido. Pero también triste y acre como la cara de una muñeca rubia de ojos azules colgada en los interiores de una humilde casa de madera.

Hay un país en el mundo que recorremos con hambre de conocer lo mucho que esconde tras esos clichés en forma de unicornios que nadan en aguas azul turquesa. Lo hacemos, como siempre en Altaïr Magazine, a partir y desde las historias de sus gentes que conjugan dignidad y orgullo, pasado africano y nuevas identidades globales. Un país liviano y apoyado en la brisa del Caribe que baila para dar rienda suelta a una rabia triste y del que nadie vuelve como fue porque, como nos dice el escritor Rey Andújar, «la naturaleza es justa, pero el recuerdo no».

Hay un país en el mundo… 

se llama República Dominicana.

 

Pere Ortín

Director de Altaïr Magazine

 
 
 
 

*Editorial inspirado en la lectura del poeama «Hay un país en el mundo» (1949) del escritor dominicano Pedro J. Mir. 

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En Altaïr Magazine somos también productores de nuestro contenido. Escribimos, dibujamos, editamos, grabamos vídeo, ilustramos y fotografiamos, entre otras tareas a desarrollar en el viaje del día a día.