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LAS VOCES DEL AGUA

Pozos en el Sahel
Pepe Navarro

Aigua per al Sahel, ONG que inició su trabajo en 1992 diseña principalmente proyectos para llevar agua potable a los poblados de Burkina Faso. El acceso al agua potable es imprescindible para evitar las enfermedades y muertes y también la fatiga que supone a mujeres ir a buscarla. 750 millones de personas en el mundo hoy en día no disponen de agua potable cerca, muchas en África Subsahariana. Aigua per al Sahel ha construido 150 pozos de agua potable, doscientas mil personas tienen un punto de agua cerca de casa.

 
 

Mi primer viaje lo hice en el año 2000. El segundo en el 2014. En ambos traté de «entender» el «problema del agua» tan a fondo como fui capaz de acercarme a entenderlo. Descubrí la verdadera importancia de disponer de un cubo de agua en medio del calor abrasador del Sahel. Llegué a comprender que, privados de agua, los habitantes de las aldeas remotas no pueden solucionar sus problemas básicos de higiene. No pueden permitirse emplear el resto de agua, que les quedó después de cocinar, para limpiar las heridas de los niños que, por caminar muchas veces con los pies desnudos, regresan al poblado con heridas. Que luego se infectan. Y empeoran. Y pueden llegar a matar. Sin que nada ni nadie logre evitarlo.

 
 

Ellos, los pobladores del país sin agua, aceptan la realidad de su mala suerte. Y, con total normalidad, se entregan al simple cometido de vivir su vida lo mejor que saben y pueden. Sin demasiadas esperanzas. Sin demasiadas quejas. Ajenos a todo aquello que les mantiene lejos de lo mejor. Felices, pese a todo, de estar vivos y de poder crear a su vez vida.

 
 

Una vez les pregunté: ¿y cómo pasan ustedes sus días sin agua y sus noches sin luz? Me respondieron esto: nos juntamos todos en el centro del poblado y cantamos y bailamos y, cuando hay luna llena, cantamos y bailamos el doble. Así. Como quien le está agradecido a la vida por su inmensa capacidad de regalar belleza. Pese a todo. Me impresionó su respuesta. Tanto que no soy capaz de olvidarla. Y que la repito a quien me pregunta qué pienso. Eso es lo que pienso —respondo— que es necesario aceptar que debemos aprender de ellos a bailar y a reír. Y a enamorarnos de la luna llena. Y a caminar por los caminos tan estrechos que, a veces, la vida pone bajo nuestros pies.

 
 

Siguen. Y seguimos. Poniendo piedra sobre piedra en el puente que se eleva sobre los mares y cruza los mundos. Y llega, sin dudarlo, hasta el corazón profundo de la vida. Y la eleva. Y la obsequia. Y la comparte. Y la quiere ver repetida en todos y cada uno de los rostros de los hombres y mujeres que son planeta. Alma. Sueño. Juego. Amor.

Un puente de sonrisas, de entrega, de voluntades firmes. Un puente de agua.

En el que yo quiero poder beber, sumergirme y nadar. Junto a todos. Ellos y yo. Nosotros. Todos.

Pepe Navarro
Pepe Navarro

(Barcelona, 1954). Fotógrafo y autor de numerosos libros, entre ellos: La Voz del Caimán (1998), Barcelona Reina Mestiza (2003), Medellín que estás en el cielo (2014). En palabras del autor: «Tengo, a pesar de todo, una fe ciega en el hombre que, una y otra vez, arranca desde abajo, desde el límite de sus sueños, porque su único deseo es mantenerse firme en medio del caos».