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El medio y el mensaje

Los desiertos eléctricos de la música takamba del Sahel
Christopher Kirkley

En 2012, alrededor del momento en que Gao caía en el conflicto en el Norte de Malí, conocí a un vendedor de casetes en el gran mercado de Niamey. Durante años se ha sentado en un banco de un transitado pasillo con torres de cintas y varios equipos de grabación copiando casetes simultáneamente. Al ser uno de los pocos vendedores que quedan en una actividad que desaparece, su clientela fija se conforma de ancianos que mantienen el renqueante negocio. Fruto de rudimentarias grabaciones en vivo, copiadas y vueltas a copiar, las casetes varían en calidad desde aquellas con un leve siseo de cinta hasta las que han degradado en una distorsión magnética. Los translúcidos casetes color aguamarina están empaquetados en cajas de plástico con tarjetas de papel reciclado. Llevan las descripciones escritas a mano, algunas con bonitas ilustraciones hechas con plantillas, aunque la mayoría simplemente están marcados con símbolos, como si fuesen un código secreto.

Casi todos los casetes son de takamba.

Durante los ochenta, y bien entrados los noventa, la música takamba alcanzó popularidad en el desierto. Fortalecidos por los nuevos instrumentos con amplificador, los griots (trovadores tradicionales de África occidental) daban giras por Malí y Níger y la música takamba, con su danza fantasmal, se convirtió en un sello del Sahel. Y entonces llegó la guitarra. 

Circulando por el comercio clandestino de casetes, los himnos revolucionarios y las baladas nostálgicas se difundieron entre la diáspora —primero como un discurso estrictamente político pero gradualmente convirtiéndose en una expresión de cultura popular. A final de los noventa, la música de guitarra se volvió respetable, se escuchaba en bodas, en campañas políticas, o incluso en veladas patrocinadas por el estado. El takamba dejó de estar de moda, retirándose a su hogar en Gao y a los somnolientos pueblos songhai a la orilla del perezoso río.

 
 

El takamba, con la estridencia cruda de su guitarra y el repiqueteo de su percusión, sigue tocándose hoy en día. Sin embargo, la mayoría de las veces, la experiencia actual es a través del formato del casete y los cientos de sesiones grabadas hace años y duplicadas en copias que están desintegrándose. El sonido ligeramente turbio y el persistente susurro del ruido blanco modulan el repiqueteo, el estruendo y el zumbido, definiendo un nuevo sonido de autor: el casete de takamba. Los antiguos fantasmas bailan bajo las estrellas, escapando ruidosos del estéreo portátil del tendero, sacudiendo las brasas moribundas del tercer y último té, mientras la ciudad se deja llevar hacia el sueño.

Super Onze de Gao grabados por Yehia Le Marabout

Los Super Onze de Gao eran y son un súpergrupo de takamba. Una de las bandas más prolíficas del estilo, entre cuyas filas se han incluido estrellas como Douma Maiga y Yehia Samaké. Suya es una de las joyas que aún se pueden encontrar en el mercado, una casete grabada en algún momento a principios de los noventa, que ha sido recientemente transferida a vinilo, respetando el estilo visual de las portadas clásicas de tambaka (la cabecera de este artículo es una variación de la ilustración de Charlotte Louise Wilson-Kolp usada en ese vinilo) —y también el ligero susurro de fondo de la casete. Para escuchar y saber más al respecto, se puede visitar el perfil de Bandcamp de Sahel Sounds. 

Christopher Kirkley
Christopher Kirkley
Coleccionista de música centrado en la región del Sahel de África Occidental. Su trabajo examina las músicas populares contemporáneas en un paisaje en evolución tecnológica y la interacción de las tradiciones localizadas con las influencias globales y las nuevas formas de transmisión cultural. Las grabaciones fruto de su trabajo aparecen bajo el sello de Sahel Sounds y tiene un blog dedicado a explorar las artes y músicas de la región.