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TORREDEMBARRA

Un viaje interactivo al pasado
Jordi Brescó

Para saber hacia donde vamos es necesario no olvidar de donde venimos. Por eso, de vez en cuando es preciso mirar hacia el pasado. Especialmente en esas zonas que han sufrido una transformación radical durante las últimas décadas, como es el caso de la Costa Daurada. Torredembarra también sucumbió a la ola que expandió territorial y demográficamente la gran mayoría de las poblaciones con salida al mar de toda la provincia de Tarragona, aunque en su caso supo mantener viva su historia, e incluso, en algunos casos, revivirla.

Viajamos al pasado a través de las fotografías que guardan en el Arxiu Municipal, para volver al lugar de los hechos —en algunos casos más de cien años después— y comprobar qué queda de aquella Torredembarra de antaño.

 

Encuentra en el mapa los puntos desde los que se tomaron las fotografías

 

El castillo

 

Aunque parezca increíble, el edifico más emblemático de Torredembarra estuvo en un estado de semiabandono durante más de 150 años. Fue construido entre 1565 y 1581, en el punto más alto de la población, como mandan los cánones de esas edificaciones que pretenden mostrar una posición dominante sobre un terreno. El barón de Torredembarra, Lluís d’Icart, conseguía así una residencia a la altura de la imagen que deseaba transmitir. Pero con el constante cambio de manos de su propiedad, su creciente inutilización y el paso de los siglos, el Castillo de Torredembarra cayó sumido en una condición de dejadez. En 1998, el ayuntamiento de la población tomó cartas en el asunto con una medida que mató dos pájaros de un tiro: rehabilitar el castillo y convertirlo en su propia sede.

El edificio mantiene su puerta de entrada de estilo barroco, flanqueada por columnas con motivos florales. También su fachada, dividida en dos bloques, con el inferior construido con sillares de piedra. Se identifican también sus ventanas simétricas y uno de los dos baluartes que todavía protegen el castillo —en su origen eran cuatro, uno por cada esquina de su planta cuadrada—. En su interior destaca el patio, elemento central del castillo que todavía incluye su pozo antiguo. En esa planta baja se puede visitar la capilla y el archivo municipal, clave en la confección de este reportaje. Debajo del nivel de la calle, el castillo escondía las dependencias de los servicios, además de una prisión, y en la actualidad acoje una sala de exposiciones. La alcaldía y la sala de plenos se encuentran en el piso superior, al cual accedemos por una escalera parcialmente renovada que todavía conserva cuatro escalones originales.

 

Fecha: Segunda década del s. XX     Autor: Desconocido

 

La iglesia parroquial de Sant Pere Apòstol

 

Si el Castillo de Torredembarra sufrió una degradación progresiva, el otro edificio de mayor valor histórico de la población vivió un proceso inverso. La iglesia parroquial de Sant Pere Apòstol es el resultado de diversas transformaciones, prácticamente una por siglo, desde que se empezara a sustituir el templo original, documentado en el s. XIII. La modificación más importante —y por tanto la que se acepta como fecha final de construcción de la iglesia— tuvo lugar entre los años 1676 y 1680. Más adelante se dotó al edificio de un carácter único, gracias a su órgano barroco, de 1705, y a su campanario remodelado, desde el cual se observa como la población desciende hasta encontrarse con el mar.

Los coches antiguos y los rebaños de ovejas han dado paso a una zona peatonal por donde circulan bicicletas. En la calle Joan Güell se plantaron unos árboles que ofrecen una agradable sombra, especialmente en los días más calurosos del año. La entrada lateral a la iglesia desde esta misma calle mantiene intacta su estructura, aunque requirió una rehabilitación, igual que el resto del conjunto histórico, que se completó en 2014.

 

Fecha: Años 50     Autor: Cuyàs Fotografia

 

El Portal de padrines

 

La muralla urbana que rodeaba el centro histórico de Torredembarra, y que data del siglo XVII, sigue visible en una de las puertas por las que se accedía a la plaza del castillo. Se cree que su nombre procede del apellido Pardines, aunque con el cambio de letras sigue teniendo sentido: la padrina es la mujer que acompaña a alguien en el recibimiento de algún honor, ya sea religioso o no. Como buena madrina, esa puerta nos da cobijo y seguridad, a la vez que nos muestra su experiencia y su vejez, pero también su capacidad de resistencia al paso de los años.

Hay una diferencia aproximada de un siglo entre ambas fotografías, y quizás el mayor cambio lo representan los niños que aparecen en las dos instantáneas. Especialmente, aquello que sujetan con su mano: los de hace cien años cogen la mano de su amigo; la de la actualidad sostiene un smartphone, como si fuese una extensión de su cuerpo.

La calle en la que se encuentra el Portal de Padrines es la que Torredembarra dedica a su escritor y periodista más célebre, Joan Mañé i Flaquer.

 

Fecha: Años 10     Autora: Àngels Tolrà Viazo

 

Portal de la Bassa

 

La otra puerta de la antigua muralla que todavía luce en Torredembarra se encuentra en el límite sur del centro histórico, justo donde la calle Ample se convierte en el camino dels Munts. El Portal de la Bassa tiene la forma de un arco redondo de medio punto y sigue bajo el cobijo del saliente de la misma casa que hace un siglo. La circulación de motocicletas por la puerta es, quizás, la diferencia más aparente en este rincón donde el tiempo parece haberse parado por completo. 

 

Fecha: Años 10     Autora: Àngel Tolrà Viazo

 

Plaza de la Font

 

Dos niños se acercan curiosos, preguntando por mi trípode y mi cámara de fotos. Les cuento el proyecto que estoy realizando y les enseño la fotografía de la plaza sacada en la década de los 50, cuando ni siquiera sus padres habían nacido. Se quedan absolutamente alucinados con los numerosos cambios de este punto neurálgico de la vida social de Torredembarra. El bar Santoro es en la actualidad el bar Kult, que con su enorme terraza ocupa buena parte de esta plaza por donde antes circulaban los automóviles.

La fuente es testigo imperturbable de todas las historias vividas en esta plaza. Sigue intacta, capaz de aguantar los cuerpos de mis dos nuevos colegas, que insisten en querer salir en este reportaje.

 

Fecha: Años 50     Autor: Foto Raymond

 

Estación de Ferrocarril

 

A cinco minutos de la playa, la estación de Torredembarra da la bienvenida a muchos de los visitantes que optan por el tren como la mejor vía de acceso a la población. Entró en funcionamiento en el año 1865 tras construirse el tramo que unía las ciudades de Barcelona y Tarragona. Desde entonces, sus vías han visto evolucionar todos los modelos de tren, pasando del de vapor de los años 20 a los actuales. Desapareció, en cambio, el pequeño edificio anexo en el que se encontraban los aseos públicos.

La estación conllevó un crecimiento económico y demográfico clave en el devenir de Torredembarra. Su importancia dentro de la población también provocó la urbanización de la zona en la que se encuentra, a medio camino entre el mar y el centro histórico.

 
 

Fecha: Años 20     Autor: L. Roisin

 

Plaza Josep Valls Ibern

 

Torredembarra nació cerca del mar, aunque suficientemente alejada de su furia y sus peligros. A partir del siglo XVII se instalaron, cerca del agua, los primeros almacenes de pescadores, y un siglo más tarde, se construyeron diversas viviendas a su alrededor. El barrio creció poco a poco, entre calles estrechas y casas blancas, hasta constituirse como Baix a Mar. La distancia entre el centro histórico de Torredembarra y Baix a Mar fue desapareciendo a medida que creció la población y, sobre todo, aumentó el turismo. En la actualidad, el barrio pescador ha sido abducido por el resto de la población.

La plaza Josep Valls Ibern es quizás el mejor punto para comprobar la evolución de Baix a Mar. En la instantánea antigua —con un pequeña inundación que es del todo anecdótica— destacan tres edificios que explican la historia de su barrio. El de la izquierda, el Salvamento, fue derribado; el del medio, la iglesia parroquial neogótica de 1896, fue sustituida en 1974 por otra de una estética más moderna; el de la derecha, la lonja (conocida popularmente como «el peso»), es el único que se mantiene de pie, aunque no en activo.

Los tiempos han cambiado en Baix a Mar: antes se entraba al mar para pescar y sobrevivir; ahora se sale de él con un unicornio hinchable bajo el brazo.

 

Fecha: Años 50     Autor: Josep Font

 

La playa de la Paella

 

El litoral de Torredembarra se ha transformado de una forma tan radical que la foto que en su día se tomó desde un pequeño espigón la consigo ahora plantando el trípode en pleno paseo marítimo. La construcción del puerto cambió por completo la playa de La Paella, que ganó tanto terreno al mar que ahora incluso puede acoger un pequeño estadio de fútbol playa. El campo se instala durante el verano para acoger un campeonato. Torredembarra hace gala de su idilio con el fútbol playa: de esta población han salido dos de los mejores jugadores del planeta.

Solo un edificio es testigo de esa época en que las olas rompían cerca y las vistas se extendían hasta el horizonte. La actual sede del Patronato de Turismo de Torredembarra ha visto como, a sus costados y a su espalda, se han construido un sinfín de bloques de apartamentos. Detrás de todos ellos queda la estación de ferrocarril que, como se observa en la instantánea de los años 30, tenía vistas al mar.

 

Fecha: Años 30    Autor: Desconocido (propiedad de Josep Maria Figuerola)

 

Tras realizar este experimento periodístico compruebo que, en cada una de los escenarios seleccionados, siempre he conseguido encontrar un elemento en común entre el pasado y la actualidad: una conexión, un nexo de unión entre aquello que fue la población durante el siglo pasado, lo que es en la actualidad y, muy probablemente, también lo que será en un futuro. 

Torredembarra se transforma, pero mientras mantenga en vida a sus testigos históricos, nunca perderá su esencia.

 

Fotografías antiguas cedidas por el Arxiu Municipal de Torredembarra

En la cabecera: Superposición de fotografías de la estación de ferrocarril

Jordi Brescó
Jordi Brescó

Periodista ante todo y pese a todo. Vivir en el extranjero le despertó un gran interés por aquellas historias lejanas y le hizo masterizarse en periodismo político internacional. Multiusos en Altaïr Magazine, con especial foco en los ámbitos audiovisual e interactivo. Como buen exdelantero, cree que lo más importante es estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Ganador del Premio de Periodismo Mañé i Flaquer en 2018.