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CASUARIOS Y COCODRILOS

Paisajes vivos I: Australia tropical
Andoni Canela

PAISAJES VIVOS es una serie de Andoni Canela que nos transporta a visitar espacios singulares de todo el Planeta donde descubrir animales salvajes. En este primer episodio, Andoni viaja hacia el trópico australiano.

 

Paseo entre helechos gigantes como árboles. Rodeado de todos los verdes imaginables, avanzo bajo palmeras de formas extravagantes. Las hay de todos los tamaños y llegan hasta la misma orilla de la costa rocosa. No tengo dudas de que es aquí donde vinieron los localizadores de exteriores de Jurassic Park a inspirarse para recrear esas selvas que aparecen en las películas. Estoy a menos de medio kilómetro del océano Pacífico. Escucho el choque de las olas contra la orilla rocosa. Allí la selva continúa, se mete dentro del mar y cambia de forma y de nombre: el manglar. Es un bosque extraño en el que sus raíces se meten en el fondo marino y toleran el agua salada. Ramas y raíces hacen nudos y crean un laberinto impenetrable.

Pero esta vez no llego hasta el mar. Sigo caminando despacio. Se oye la voz de las cacatúas. Un sonido bello, lleno de exotismo y misterio con un eco extraño. No llego a distinguir la especie, pero sí que observo a unas cacatúas blancas que vuelan con rapidez sobre las copas de los árboles. Otras aves se unen y parece convertirse en un teatro estereofónico, como si hubiera altavoces colgados en todos los árboles.

Me encuentro en las selvas de Queensland, en el noreste de Australia. Para no perder la costumbre me he levantado muy temprano. Antes de que salga el sol. La magia de esta hora, por la luz y por la actividad animal es inigualable. Tan solo pediría que no hubiera tantos mosquitos, pero la biodiversidad tiene estas cosas. En estas junglas húmedas se encuentran plantas de la época de los dinosaurios. De hecho, este oasis exuberante tiene sus orígenes hace más de 100 millones de años, cuando los dinosaurios habitaban la Tierra. Fue entonces cuando la Tierra pasó de Pangea a Gondwana, y de Gondwana (el último megacontinente), se desprendió Australia, a principios de Cretácico. Hay especies que viven aquí y solamente aquí, y en ningún otro lugar del planeta. Estas selvas de Daintree, cerca de Cape Tribulation, son algunas de las más antiguas que existen.

 
 

Sigo caminando y veo algo moverse entre la espesura. Es algo grande. Muy grande. Los pensamientos se bloquean cuando veo deseo hecho realidad. Me quedo un instante con la boca abierta. ¡Es un casuario! Conocida como el 'ave dinosaurio', el casuario es extraordinario, fascinante y muy esquivo. Mi primer Casuarius casuariu me deja un poco atontado. Es mucho más grande de lo que creía. Después descubro que es un individuo joven; tiene un casco más pequeño de los ejemplares más maduros. Es muy difícil observar un casuario en libertad.

El causario está muy amenazado. Quedan menos de mil ejemplares en su hábitat natural. Mide casi dos metros de altura y puede llegar a pesar noventa kilos. Con esas dimensiones se acerca a los pivots de un equipo de baloncesto. Tienen vistosos colores azules en el cuello, una cresta de queratina y una especie de barba roja colgante. Las hembras son mayores que los machos y, a veces, tienen enormes cascos o crestas. Lo que más me llama la atención son sus patas escamadas, que acaban en garras afiladas. Observadas en detalle, nadie diría que son de un ave. Pero… los reptiles evolucionaron en aves, así que el casuario se ha quedado a medio camino. Sus patas son similares a las de los antiguos dinosaurios. Estas aves tienen mucha fuerza y han llegado incluso a matar a personas cuando han sido molestados en su medio natural.

 
 

Mi viaje continúa más hacia el norte y llego a Cooktown (fue aquí, en 1870, donde el capitán Cook embarrancó su navío en un arrecife). Observo desde la playa la Gran Barrera de Coral con sus islas de arena que surgen como fantasmas en marea baja. Navego en lancha por los meandros del Jack River National Park hasta llegar a la costa. Junto al manglar, oculto entre un laberinto de raíces, aparece el primer cocodrilo. Es enorme, supera los cinco metros. Estos cocodrilos de agua salada son también llamados cocodrilos porosos o de estuario y son los mayores reptiles del planeta. El reptil está esperando a que algún zorro volador (grandes murciélagos comedores de fruta) se ponga a tiro de sus fauces. Un descuido y quedará atrapado entre sus dientes. Los cocodrilos patrullan bajo los árboles donde duermen los murciélagos durante el día y suelen tener su recompensa.

Los cocodrilos son inteligentes, o al menos poseen sin ninguna duda una inteligencia instintiva. Son audaces, astutos y nadie les gana en paciencia. Su estrategia de caza favorita es la emboscada. La practican ya sea junto al manglar, la selva o en cerca de las playas. Si quieren pasar desapercibidos se sumergen y se pasan una hora bajo el agua. Australia es un paraíso para el cocodrilo marino. Antes se le perseguía y mataba sin descanso. Ahora están protegidos y ha aumentado de número. Sin embargo, en el resto de su área de distribución es cada vez más escaso y está desapareciendo de muchas zonas del sudeste asiático e India, donde es perseguido por su agresividad hacia el hombre.

 
 
 
 

Pasan los días. Llueve. Bajo la tormenta aparecen unas aletas puntiagudas que se mueven como una serpiente. Es la cola de un cocodrilo. Este es todavía más grande que el del otro día y vive unos cincuenta kilómetros más al norte. Se acerca a los 6 metros de longitud (un 4x4 de los grandes no llega a los 5 metros) y es más largo que la lancha en la que navegamos. Es difícil hacerse la idea de lo enormes que pueden ser estos animales sin tener una referencia. Y, en cuanto al peso, pueden llegar a las dos toneladas. Su cola es gruesa y poderosa. La utilizan para propulsarse al salir del agua y también para nadar, bucear y en ocasiones para atacar a sus presas. Los cocodrilos son extraordinariamente rápidos en el sprint, tanto en tierra como en el agua. Pueden nadar a más de 30 km por hora, unas tres o cuatro veces más rápido que los humanos. Es sorprendente verles nadar y remontar un río contra corriente a gran velocidad y casi sin hacer esfuerzo. De su fisonomía destacan los dientes, que los tienen muy bien formados. En total son entre 64 y 68, y tienen una forma de púa o de flecha. Los más grandes llegan a los 10 cm. A pesar de estar dotados de esa magnífica dentadura, los cocodrilos no mastican y se tragan a sus presas igual que hacen las serpientes. Enteros, de una sola pieza. Lo que sí suelen hacer es golpearlas una y otra vez para darles muerte o sumergirlas en las profundidades hasta ahogarlas, según el estado de ánimo de ese día o del tipo de presa que sea.

Según los viejos del lugar, este cocodrilo en concreto lleva viviendo allí desde que ellos recuerdan. Calculan que debe tener más de cien años. Es el más grande, fuerte y viejo, y todavía controla este territorio. Como buenos reptiles, los cocodrilos tienen una vida larga. Éste, por el aspecto que tiene, parece que viniera de la era de los dinosaurios. Lo miro a los ojos (desde la barca) y la vista se desvía sin querer hacia unos de sus dientes gigantescos que asoma en el centro de su boca. Unos instantes después, el cocodrilo inmóvil me devuelve la mirada. Inquietante. Me gustaría saber en qué está pensando.

 
 

Días más tarde me dirijo más al norte y me adentro en la Península de Cape York. Camino de Mungkan Kandju National Park hago una parada en el Valle del río Laura, y me encuentro un tesoro en la roca con forma de cocodrilo. Cuevas y abrigos del valle se encuentran unas pinturas rupestres sorprendentes, que se calcula tienen más de 50.000 años. A pesar del tiempo, todavía destacan sus colores y un estilo muy propio del arte aborigen.

Vuelvo a la costa. Desde la transparencia de la tienda de campaña, la visión se transforma y parece más una pintura que una realidad. La tienda está montada sobre un pequeño talud de arena, un lugar alejado del acceso de los cocodrilos marinos. De momento no se ha documentado ningún cocodrilos-escalador, aunque estos reptiles, propulsados en el agua por su cola pueden saltar más de un metro en salto vertical. Miro al horizonte hacia el Este, sobre el Pacífico. La isla de Papúa Nueva Guinea está tan solo a unos centenares de millas de distancia.

 

Localiza en este mapa interactivo el recorrido de Andoni

Andoni Canela
Andoni Canela

Soy fotógrafo especializado en naturaleza desde hace 20 años (National Geographic, BBC Wildlife, La Vanguardia, El País, The Times). He publicado una docena de libros sobre osos, águilas imperiales, lobos, linces y fauna salvaje en todo el mundo. Durante 2014, estoy En busca de lo Salvaje y Durmiendo con Lobos.