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EL ARMARIO DE ACERO

Amores clandestinos en la Rusia actual
Ana Belén Herrera

Cuando Vladimir Putin aprobó en junio de 2013 la ley contra la propaganda homosexual, el mundo occidental se llevó las manos a la cabeza. No así el colectivo LGTBI (lesbianas, gays, personas transgénero, bisexuales e intersexuales) ruso, que con esta ley pasaba a estar sólo un poco peor de lo que ya estaba. Mientras los diarios internacionales sacaban grandes titulares a propósito de la última fechoría de Putin, los gobiernos locales de algunas regiones rusas derogaban sus propias leyes «anti-homosexualidad» porque la nueva ley cubría a toda la federación y ya no eran necesarias.

La revolución bolchevique había legalizado el «amor» homosexual en 1917. Stalin lo prohibió en 1933. Boris Yeltsin volvió a legalizarlo exactamente 60 años después. Y Putin oficializó su marginalidad de nuevo, en 2013. Ni en las épocas en las que la homosexualidad era tolerada por el gobierno ruso los gays y lesbianas se libraban del acoso y la persecución pública por parte de algunos grupos radicales. La ley de 2013, que prohíbe informar a los menores en términos positivos sobre «relaciones sexuales no tradicionales», fue aprobada casi por unanimidad  (436 votos a favor, 1 en contra y 1 abstención), lo que dice mucho sobre la educación rusa en temas de homosexualidad.

El armario de acero (Editorial Dos Bigotes, 2014), antología de nuevos autores rusos comprometidos con el colectivo LGTBI, sería un libro prohibido en Rusia por considerarse propaganda positiva hacia gays y lesbianas. Ya sólo la portada, con el tuneo floral de las vestiduras del zar Nicolás II y el Gran Duque Nicolás Nikoláyevich, pondría en evidencia que el libro no es Anna Karénina (aunque los personajes de El armario de acero amen y sufran como Anna y se enfrenten, como ella, a la hipocresía social) y que el pensamiento que encierra puede ser «problemático».

A lo largo de las piezas de poesía y narrativa que forman la obra se contrapone el sentir firme y combativo de un grupo de autores de la literatura rusa más actual contra el entorno opresivo y de intolerancia que los envuelve, que tanto estimula su creatividad como la tiñe de pesimismo. Dmitry Kuzmin, poeta, crítico literario y editor moscovita, es el encargado de reunir a los 17 escritores que firman la antología. Kuzmin, uno de los máximos impulsores de la cultura independiente rusa, fue el creador en los noventa del sello de poesía ARGO-RISK y la web Vavilon.ru, donde han publicado la mayor parte de los escritores de este trabajo.

El primer relato de El armario de acero se titula «La polla» y juega a opinar sobre ella como si fuera cualquier otro elemento sensible de discusión pública:

 

ALEKSANDER ANASEVICH

(Soñaban las vírgenes) Ay si las pollas volasen como los pájaros.

LYUBOCHKA. No me gustan las pollas grandes, me hacen daño.

SVETA. Nunca chupo pollas y si las chupo, vomito.

LENA. Nunca he visto una polla, en la vida real, me refiero. Sólo en el cine y en las revistas.

IRA. Las pollas huelen muy mal.

NASTIA. Me gustaría tener polla para mear de pie.

MARINA. La primera persona que me habló de una polla fue mi madre, para que supiese lo que era y no me asustase.

TANYA. Mi amigo tiene la polla torcida, eso me gusta. No me imagino una polla recta, la polla tiene que estar torcida.

LIDA. Comedme la polla, la polla

                                           la polla

                                           la polla.

 

Pero el relato no se queda en un provocativo muestrario de pollas, sino que, en acotaciones entre los diálogos teatrales, el autor —el poeta y dramaturgo Aleksander Anasevich— nos cuela la dura historia de un enfermo de SIDA. Y esto nos lleva pronto a una de las dos características que destacan en todas las piezas de esta antología: el uso de una banalidad aparente para explicar frustraciones y dramas personales. Esta falsa frivolidad sirve tanto para aligerar la tensión de historias tremendas, por un lado, como para asentar estas historias en la realidad a través de la narración de experiencias cotidianas, por el otro.

La segunda característica que destaca en la antología es la desmitificación de la susodicha: la polla. El sistema falocentrista establecido se disuelve aquí al liberarse el sexo masculino de la cualidad de «dominar». No existe posición de poder del sexo masculino sobre el femenino, ya que el amor que se muestra no es entre diferentes, asimétrico por imperativos sociales, sino entre iguales, «amor a aquel que es tal como tú eres, pero no eres tú», como ya había expresado hace años el escritor gay ruso Yevgeni Jaritónov (1941-1981). A este respecto, sorprende el trato igualitario entre los amantes en las escenas de sexo de la obra, en el contexto de un sistema cultural en el que el modelo dominante-sumisa estilo 50 sombras de Grey se está transformando en un ideal romántico.

A pesar de su modernidad, esta colección de poemas y relatos se engloba en la mejor tradición literaria rusa, ya que comparte con las grandes obras del siglo XIX y XX una exploración y exaltación irónica del carácter nacional ruso, tan llena de autocrítica como de un cierto orgullo. Los autores reunidos en El armario de acero se identifican con «una forma rusa de ser», en el sentido de que coinciden al retratar a personajes extravagantes que llevan sus acciones al límite y aman y odian desde las entrañas, cual personajes trágicos de Dostoiesvski.

Las historias que nos presenta esta antología son variopintas, como son los autores, y vamos saltando de recuerdos de amor adolescente («Los chicos del verano» de Vasili Chepelev o «Slava. Cuentos y contextos», de Ilya Ilyin) a parodias del comentado carácter ruso («Excéntricos», de Vasili Shukshín) y poemas de amor frustrado («A Slava» o «D.K.» de Dimitry Kuzmin), pasando por escenas de glamour decadente protagonizadas por personajes exiliados en Estados Unidos («La muerte de Misha Beautiful», de Slava Mogutin —una de mis piezas favoritas—, o «La Bella», de Margarita Meklina), para acabar con los sueños de libertad del autor más joven de la colección, Sergei Finogin (1990), que expresa en sus poemas la búsqueda de la felicidad a pesar del entorno adverso.

 

SERGEI FINOGIN

«No permitas que te quiten aquello que es justo,

el alma debe esforzarse, trabajar.»

***

Estas golondrinas aman la vida

aunque sus padres a ellas no las amaban,

por afeminadas y libertinas,

por sus caprichosas lágrimas

y sus lunas mecánicas, nunca elevadas.

 

El armario de acero fue el primer libro editado por la editorial Dos Bigotes. Se publicó en abril de 2014, poco antes de que se cumpliera un año de la promulgación de la ley contra la «propaganda homosexual» de Putin. Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez, responsables de la editorial, especializada en autores y temas LGTBI, tuvieron claro desde el principio que querían que éste fuera su primer libro, y empezaron a gestarlo en septiembre de 2013. Para ello contactaron con Dmitry Kuzmin, que sirvió de nexo de unión con el grupo de escritores y escritoras que se incluyen en la antología. Su objetivo (conseguido) fue, según ellos mismos:

«Reflejar en un libro polifónico cómo se aborda la temática LGTBI en la literatura rusa actual a través de la narrativa breve y la poesía. Creemos firmemente que la literatura es una forma de activismo muy válida, una manera de conocer de primera mano realidades complejas poniendo nombre y apellido a sus protagonistas».

No parece que la situación del colectivo LGTBI en Rusia vaya a mejorar en un futuro cercano. Pero ese «activismo muy válido que es la literatura», del que hablan los editores de Dos Bigotes, está más vivo que nunca en un contexto cultural que, no por ser minoritario, deja de luchar por el reconocimiento de la individualidad del sujeto y el derecho a la diferencia, gritando los nombres y apellidos de sus protagonistas, y sus circunstancias personales, para que no se pierdan en la masa social uniforme que se obceca en callarlos. Sin conseguirlo, porque hasta aquí han llegado esos gritos libres y orgullosos. 

 
 
 
 

EL ARMARIO DE ACERO, VARIOS AUTORES. EDITADO POR DOS BIGOTES

 
 
 
Ana Belén Herrera
Ana Belén Herrera

Licenciada en ADE y con un máster en Edición de libros, lleva en el mundo editorial desde 2007. Gran lectora siempre, a veces es escribidora de pequeñas cosas. Aprecia la concreción y la claridad en el mensaje por encima de todo, tanto en el discurso como en la literatura.

 
 
Twitter: @lettera451