Publicamos un extracto del nuevo libro de Catharine Titi y Katia Fach Gómez, Arte Secuestrado (Península, 2026) la historia de cómo el imperialismo y el colonialismo llenaron los museos occidentales


La azarosa historia del penacho de Moctezuma

Se cuenta que los conquistadores aceptaron los regalos de Moctezuma, incluido el espectacular penacho de plumas, pero que la generosidad mexica fue en vano. Encarcelaron a Moctezuma y lo utilizaron con fines políticos hasta que murió en 1520 en circunstancias poco claras. Entre tanto, Cortés y sus hombres saquearon Tenochtitlan y se apropiaron de todos los objetos que les parecieron valiosos. Algunas fuentes apuntan que tal vez el penacho no fue en realidad un regalo, sino que llegó a manos españolas tras el pillaje. La historia nos muestra que los españoles siguieron avanzando en su conquista del Nuevo Mundo y que en 1535 crearon oficialmente el virreinato de Nueva España. Esta organización territorial del Imperio español, que englobaba territorios de Estados Unidos y Canadá, el actual México, Centroamérica y algunos enclaves de Asia y Oceanía, subsistió hasta 1821, año en que México consiguió la independencia.

Entre tanto, Cortés y sus hombres saquearon Tenochtitlan y se apropiaron de todos los objetos que les parecieron valiosos

Durante los trescientos años de vigencia del virreinato de Nueva España el penacho de Moctezuma vivió un periplo por tierras europeas muy azaroso y, con frecuencia, muy impreciso. No existe siquiera certeza sobre cómo cruzó el Atlántico esta pieza, pero la versión más difundida es que Cortés la hizo enviar a la corte española para honrar a su monarca. Circulan, no obstante, otras teorías sobre el destino del penacho, protagonizadas por piratas, comerciantes, nobles y ladrones. Incluso hay quienes cuestionan que el auténtico penacho de Moctezuma realmente llegase a Europa.

La primera referencia europea a un objeto que, aunque incorrectamente descrito, podría ser el penacho data del año 1596. Un inventario del castillo de Ambras, en Innsbruck, entonces propiedad de Fernando II del Tirol, archiduque de Austria, alude a un «sombrero morisco de bellas y brillantes plumas largas de color oro y verdoso, que asciende hacia su parte superior con plumas blancas, rojas y azules, adornado con laminillas y rosetones dorados, que tiene en su frente un pico todo de oro». El archiduque, familiar del rey Carlos I de España y notable coleccionista, era poseedor del penacho y de «otras curiosidades mexicanas». Se cree que el penacho y las demás piezas llegaron a él o bien como un obsequio directo de Carlos I o bien porque Carlos I se las había regalado a su hermano Fernando I, quien a su vez las entregó a su hijo, Fernando II.

No existe siquiera certeza sobre cómo cruzó el Atlántico esta pieza, pero la versión más difundida es que Cortés la hizo enviar a la corte española para honrar a su monarca

En aquella época los denominados «cuartos de maravillas» (Wunderkammern) estaban de moda en Europa. La nobleza, la burguesía y el clero se afanaban por coleccionar objetos insólitos y curiosos procedentes de lugares remotos. Había gabinetes de curiosidades que aseguraban poseer incluso elementos mitológicos como cuernos de unicornio. Una parte de estas piezas exóticas se ha perdido con el devenir de los tiempos, mientras que otras que han subsistido han tenido que ser reclasificadas correctamente. En ocasiones los marfiles tallados de África se habían catalogado como indios o un escudo de plumas mexicano se podía identificar erróneamente como un parasol chino. Pese a imprecisiones de este tipo, los cuartos de maravillas desempeñaron un papel muy relevante en su época. Aparte de ayudar a difundir avances científicos, se los considera precursores de los museos modernos. Un buen ejemplo de ello es la citada colección del archiduque Fernando II en el castillo de Ambras. Morada durante más de doscientos años del penacho de Moctezuma, los fondos de este muestrario nutrieron posteriormente la creación del Museo del Mundo de Viena.

Durante las Guerras Napoleónicas (1803-1815) las piezas del castillo de Ambras, penacho incluido, cambiaron de ubicación varias veces. En 1806, tras la cesión del Tirol al recién creado Reino de Baviera, este conjunto de objetos se trasladó a Viena y más tarde se expuso en el Belvedere Inferior. En 1821 la colección de Ambras se unió a una parte del conjunto etnográfico que el emperador Francisco I de Austria había establecido en 1806 dentro de los Gabinetes Imperiales de Historia Natural. Hacia 1880 el penacho pasó a formar parte de las colecciones del recién fundado Museo de Historia Natural, y se exhibió en la inauguración de este en 1889. Fuentes de la época indican que se tuvo que llevar a cabo entonces una restauración del penacho, porque estaba «tan deteriorado, comido por las polillas, que se temía se nos deshiciera al sacarlo». En 1904 volvió a ser necesaria otra restauración de la pieza.

En 1821 la colección de Ambras se unió a una parte del conjunto etnográfico que el emperador Francisco I de Austria había establecido en 1806 dentro de los Gabinetes Imperiales de Historia Natural

Desde el año 1929 el penacho se exhibe en el Museo de Etnología, que en 2013 pasó a llamarse Museo del Mundo (Weltmuseum). Su ubicación en el Hofburg vienés, un complejo palaciego fastuoso, coloca a la institución en el epicentro de la historia austriaca. Durante el siglo xx el penacho ha cambiado de ubicación en varias ocasiones. Aparte de autorizarse su traslado a exposiciones temporales, como la que tuvo lugar en Suiza en 1946-1947, también se trasladó al Banco Nacional de Austria en Viena, con el fin de protegerlo durante la Segunda Guerra Mundial.


Fragmento de Arte Secuestrado

(Península, 2026)

© Catharine Titi y Katia Fach Gómez, 2026, en colaboración con Agencia Literaria Antonia Kerrigan.


Imagen de cabecera, CC Richard Mortel