Un aula de primaria con niñas y niños dibujando, juegos, algún gritito, una maestra alta, joven y atenta. Hasta que suena una alarma y toda el aula mira hacia arriba, hacia la persona adulta, que sonríe y les da la señal de que esto ya lo habían hablado. Enseguida recuerdan y obedecen, ya saben lo que hay que hacer. Mueven su silla hacia atrás y se agachan bajo la mesa de pupitre durante 1 minuto hasta que suena una segunda alarma. Entonces, se ponen de pie, se colocan en fila, toman su mochila tal cual la dejaron (no pueden poner nada dentro, no hay tiempo) o una carpeta o cuaderno (cualquier cosa que proteja) se la colocan sobre la cabeza y salen en orden, uno detrás del otro, atravesando el pasillo de la escuela y encontrándose con alumnas y alumnos de las otras divisiones. La alarma sigue sonando y recién se detiene cuando ha sido desalojada toda la escuela. Más tarde la maestra les dirá que lo hicieron muy bien, que el simulacro de evacuación por terremoto ha sido un éxito.
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