El cerro asiste al vuelo rasante y algo torpe de algunos pájaros que parecen pequeños. No lo saben aún, pero en poco tiempo alcanzarán una envergadura de 3 metros. Mucho menos se imaginan que podrán vivir cerca de 70 años. Y tampoco tienen muy claro que su destino alimenticio será unívoco: los animales muertos que vayan encontrando. Mientras tanto, aprenden a volar, guiados por sus padres, que se esconden y los protegen detrás de alguna cueva. A la altura de Salta, este tramo de la Cordillera de los Andes adquiere el nombre de Valles Calchaquíes y los cóndores que habitan aquí lo utilizan principalmente para entrenar a sus pichones, para que aprendan a volar, a planear a poca altura y, después, mejor preparados, puedan subir más metros sobre el nivel del mar. Las aves que vemos sobrevolar, entonces, son pichones que, cuando sean adultos, tendrán la forma de ese ícono tan presente en calcomanías, carteles, camisetas y cualquier objeto estampable junto con la bandera argentina y el logo...
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