Existen rituales, escenas, culturas, mundos enteros que desaparecen sin remedio con el paso del tiempo. La sociedad no pone suficiente interés en ellos, ni en los ancianos que intentan salvar su existencia. La modernidad engulle tradiciones a un ritmo endiablado, incluso en los rincones más inhóspitos de nuestro planeta.

La cultura también se trata de eso: de poner un altavoz para aquellas personas que defienden causas que pocos (o nadie) conocen. Jordi Esteva es escritor y fotógrafo, y se lo toma al pie de la letra: cuando se le presenta delante suyo uno de esos «viejos», «brujos» o «charlatanes», él no le da la espalda. Al contrario: le ofrece su atención y sus ganas de explicar su situación. Y su atención y sus ganas son algo muy valioso.

«Me interesan los mundos que se van, que están desapareciendo. Lo que cuentan los ancianos que nadie quiere escuchar»

Esteva es un observador camaleónico que ha demostrado saber adaptarse a las exigencias de los diferentes medios de comunicación. Comenzó su carrera utilizando el lenguaje fotográfico, pero más adelante pasó al escrito. Finalmente optó por combinar ambas armas (imagen y palabras), convirtiéndose en cineasta.

La última historia en la que se ha embarcado Esteva es, de hecho, la adaptación cinematográfica de un libro que él mismo escribió en 2011: Socotra, La isla de los Genios (Atalanta, 2014). En ella, cómo no, cuenta la situación de un mundo en extinción, en este caso el de los camelleros que recorren el interior de la isla donde habita el Ave Fénix: Socotra, situada en el Índico y bajo la tutela de Yemen. Su trabajo fue reconocido por el prestigioso festival de cine de lo real Visions du Réel, que incluyó el largometraje en su sección oficial. Ahora, su película sobre Socotra también visitará las programaciones del Documenta de Madrid y otros festivales como el de Viena o el de Málaga.

«No me gusta coleccionar países. Iré a aquellos lugares dónde haya un tema que realmente me interese y quiera investigar»

Amante de la cultura africana, Esteva se ha movido casi siempre por zonas geográficas relativamente reducidas, todas relacionadas con ese continente. Vivió cinco años en El Cairo, y también ha trabajado en Marruecos, en Costa de Marfil, en Ghana y en Yemen, en la ya citada isla de Socotra.

Su proyecto que aborda más kilómetros fue el viaje por las rutas que le habían despertado un enorme interés como lector cuando era pequeño. Apasionado por las aventuras de Simbad, de mayor decidió ir en búsqueda de aquellos árabes que navegaban impulsados por los monzones por el océano Índico. Su periplo quedó plasmado en Los árabes del mar (Península/Altaïr, 2006), un libro de viajes donde se mezclan la aventura y la nostalgia.

«Los viajes tienen que ser iniciáticos para ser viajes»

Jordi Esteva se ha esforzado a lo largo de todos estos años para evitar que ciertas tradiciones desaparecieran. Paradójicamente, su perfil como creador también parece estar en peligro de extinción. ¿Quién da voz a los que dan voz a los viejos que ya nadie escucha? Es en esa tesitura donde trabajos como el de Esteva cobran el valor que merecen. Y que, probablemente, no apreciamos lo suficiente.