Para este historiador nacido en 1994, que además es alcalde del municipio de Sant Julià de Ramis y Medinyà (provincia de Girona), la selección y traducción al catalán de los discursos del “comandante” fue un triple viaje. El primero, uno personal y familiar porque su padre, a lo largo de los años, había recopilado textos del líder cubano que, ya erigido como símbolo de resistencia en la lucha antiimperialista en Latinoamérica, había llamado la atención de muchos que militaban en el catalanismo de izquierdas durante la Transición. Otro viaje fue el de sus convicciones, las que anhelan un mundo más justo socialmente. Y finalmente hay otro viaje, el que con un billete de avión emprende el vuelo para ver la situación de la isla caribeña y pisar sobre el terreno los escenarios donde la Revolución cubana tuvo sus momentos culminantes. Sayols ha plasmado este proyecto vital en Fidel Castro. Trinxera d’idees (editorial Tigre de Paper), un libro en el que ha seleccionado los discursos más significativos del líder cubano, conocido por sus largos parlamentos, que además sirven de hilo conductor para que el lector vea cómo evolucionó su trayectoria y la situación política del Caribe y el resto de Latinoamérica. Sayols está graduado en Historia y estudió un máster en filosofía política. Se ha especializado en historia y pensamiento del siglo XX y profesionalmente está vinculado al ámbito cultural.
Usted fue a la isla años antes de la publicación del libro, pero ya tenía muchas referencias. ¿Se encontró lo que esperaba?
Fui en agosto de 2023, y fue uno de esos viajes que sabes que harás alguna vez en la vida. Desde 1959, a raíz de la revolución, quien va a Cuba no solo lo hace para desconectar o disfrutar de los paisajes, sino que también está el interés intelectual por ver cómo funciona el país y responder preguntas.
¿Usted respondió las preguntas que se había planteado?
Intentaba observar cuál era el modelo social preguntando a taxistas, a la gente de bares y restaurantes o de casas donde me alojaba sobre qué pensaban del Gobierno y de la figura de Fidel. Hacía muy poco que habíamos salido de la pandemia y Cuba, como otros países, sufrió mucho las consecuencias de la covid porque uno de los pilares de la economía desde los años 90 es el turismo, y el número de visitantes había bajado mucho. Por eso, la gente con la que hablé cuestionaba las decisiones del Gobierno, pero no criticaba la figura histórica de Fidel, y por lo tanto vi que era una personalidad respetada.
¿Podríamos decir, pues, que Fidel Castro ha configurado la identidad cubana?
Seguramente, porque cuando alguien piensa en Cuba, también piensa en la revolución y en Fidel. Uno de los impactos que puede tener el viajero que va allí es ver los carteles que hay alrededor de la revolución y en los que se pueden leer frases y proclamas, y es una constante del paisaje. Hay estudios que tratan cómo la revolución los utiliza para hacer pedagogía y propaganda del modelo social.
Quien no ha ido a Cuba tiene una imagen de la isla a través de películas o, incluso, la música. Cuando usted pisa la isla, ¿qué cosas son ciertas o falsas de este imaginario?
Si alguien piensa en la música tradicional cubana o en [el movimiento] la Nueva Trova, está ahí y se puede ver. También encontramos la influencia del reguetón, sobre todo entre los más jóvenes, como en muchos otros puntos de América Latina. Al fin y al cabo, la música es una forma de propagar ideas y, en este sentido, algunos de los temas de las canciones de reguetón son la ostentación y la riqueza, y por eso puede llegar a generar discordancias con el Gobierno de Cuba a nivel ideológico.
La guerra cultural. ¿Captó en el viaje qué discurso está ganando esta batalla de las ideas?
Ya hace más de tres años que hice el viaje y, tal vez, el contexto ha cambiado. La crisis de la postpandemia se ha acentuado porque desde la nueva victoria de Trump y la política exterior de Marco Rubio [el secretario de Estado de los EE.UU.], que se basa en el control del resto del continente americano, la población se encuentra en una situación crítica en su día a día. También hay gente que es consciente de las ventajas de la revolución, pero la crisis por toda esta situación y por el bloqueo dificulta mucho que pueda haber un debate que no esté viciado por la delicada situación económica actual.
El libro es una selección de discursos, pero también da un contexto de la historia cubana y específicamente de la vida de Fidel Castro. En el viaje, ¿visitó algún lugar con un peso histórico importante que para usted tuviera un significado especial?
Emocionalmente me conmovió el hecho de ir a la ciudad de Santa Clara, donde tuvo lugar una de las victorias más importantes de la revolución contra Batista. Allí se produce un famoso episodio en el que hicieron volar un tren que transportaba armamento y soldados de la dictadura, y supuso una victoria determinante para el futuro de la revolución. A la hora de visitar este lugar y ver, por ejemplo, el tren, noté que estaba respirando historia. Además, hay un mausoleo dedicado al Che, uno de los iconos de la revolución y de las izquierdas a nivel mundial.

En el libro se ve claramente que una de las principales luchas de Castro es el antiimperialismo. ¿Hasta qué punto la lucha de las izquierdas en Latinoamérica hoy en día recoge su legado?
El antiimperialismo fue una de las luchas de las que más hizo bandera y, sin duda, uno de los objetivos era extenderla a los países del Tercer Mundo y del Sur Global y, por lo tanto, a América Latina. Esto se ve claramente en las victorias electorales en los años 2000; con Evo Morales, Rafael Correa, Chávez, los primeros mandatos de Lula… Hay una herencia importante del antiimperialismo, que exige un respeto a la soberanía de los países sin que los Estados Unidos la limite o coaccione. La influencia de Fidel es constante.
En el mismo libro usted reconoce que Castro es una figura muy controvertida, pero no pretende posicionarse, sino dar herramientas para la reflexión. ¿Qué elementos de análisis se pueden encontrar los detractores, que denuncian que la revolución aplastó a la oposición, con la lectura de su libro?
El libro es simplemente una antología de los discursos de Fidel. Sus detractores podrán captar sus ideas y ver el contexto en el que toma sus decisiones y se configuran sus ideas, ya que se hace un repaso desde los inicios de la revolución hasta el final de sus días. Y también se puede comprobar que algunas situaciones empujaron a que la revolución tomara ciertas derivas. Se ve claramente que el proceso revolucionario sale adelante por cuestiones de independencia, para que Cuba fuera soberana. Teniendo en cuenta que hacía décadas se habían liberado del Imperio español, estaba en ese momento la dictadura de Batista, que era un títere del Gobierno de los Estados Unidos. No hacen la revolución planteándose la construcción del comunismo como tal, como podía ser el caso de la Revolución rusa, pero fruto de los acontecimientos históricos lo acaban impulsando y se tienen que acercar a la Unión Soviética y, por lo tanto, toma un rumbo claramente socialista. Además, si nos quedamos siempre en un bando u otro, con las mismas ideas, no avanzaremos. Como sociedad acabamos avanzando si escuchamos, entendemos y nos comprendemos los unos a los otros.
Los Estados Unidos amenazan claramente con que, después del conflicto de Irán, será el turno de Cuba. ¿Usted sabe cómo se está viviendo esta situación en la isla?
Sí, con Pepe, que es una de las personas con las que hicimos un tour excelente, nos intercambiamos a veces mensajes. Saben perfectamente que puede haber una intervención, aunque no es una novedad porque llevan décadas viviendo con esta realidad; aunque ahora el contexto ha cambiado y esta incertidumbre presenta otras características. Una intervención militar sería muy grave, pero ya hay actualmente una intervención con el bloqueo, que ahora se ha acentuado. Por lo tanto, están muy pendientes y preparados ante cualquier eventualidad.
El padre de usted hizo, de joven, una selección de los discursos de Castro en los años de la Transición española, momento en el que en Cataluña, donde también había quienes reivindicaban la soberanía del país, se buscaban varios referentes, como es la lucha en América Latina, que a lo largo del siglo XIX consigue la independencia del territorio respecto al Imperio español. Cuente este contexto personal que culmina en el libro.
Con el movimiento de la Nova Cançó, a finales del Franquismo y el inicio de la democracia, se dan a conocer Raimon, Lluís Llach y Pi de la Serra, entre otros, que se convirtieron en referentes para las generaciones de aquellos años porque cantaban sobre la libertad y defendían el catalán. Mi padre lo siguió mucho, y a partir de ahí se fijó en cantautores latinoamericanos, como Víctor Jara, Pablo Milanés o Silvio Rodríguez. Estos dos últimos, que son cubanos, ya hablaban del triunfo de la revolución y las ideas que defendía. A partir de ahí descubrió figuras como la de Fidel. Por eso tenía discursos seleccionados. Yo, como historiador, le acabé de dar forma. Por eso a veces digo que esta antología responde a esta historia más concreta.
Usted es alcalde de Sant Julià de Ramis y Medinyà por ERC, ¿a la izquierda catalana qué le queda de revolucionaria?
Pienso que al final siempre quedan las ideas y la historia, y tenemos que aprenderla para entender de dónde venimos, para entender el presente y saber hacia dónde vamos. Si hablamos de ser revolucionarios en referencia a la Revolución cubana, queda sobre todo la dignidad en el sentido de lucha, cuando está todo en contra, por aquellas ideas que, según nuestra opinión, son mejores para el pueblo y corresponden a unas cotas de justicia muy elevadas. Por lo tanto, yo me quedo con eso, con la dignidad y el coraje.