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897 DUERO / DOURO

Editorial
Altaïr Magazine

Un río moldea los paisajes del noroeste de la península ibérica. Gastronomía, arquitectura, vino, tradiciones y leyendas son solo la parte más visible de los pueblos que se asoman a su curso. Un viaje recorriendo el Duero, ese flujo serpenteante que une culturas y desdibuja fronteras. 

 

Ocho, nueve y siete. Tres números que suman los casi novecientos mil metros que recorre el río más importante del noroeste de la península ibérica. 

Unos lo llaman «Duero» durante los 572 km que transcurre por territorio español. 

Otros lo apodan «Douro» en esos 213 km navegables en los que recorre Portugal.  

Y durante esos 112 km en los que el río hace de frontera invisible —que une más que separa dos países— cada uno le dice como quiere: «Douro». «Duero».

Tiene este nombre sonoridad fuerte, una personalidad marcada, y se pronuncia con hablar profundo. El río nace donde nacen las hadas, en la falda sur del pico de Urbión, muy cerca de esa poética Laguna Negra y algo poco por encima de los 2 100 metros de altitud. Ya montaña abajo, se topa con Duruelo de la Sierra, la primera población que saluda al río en su recorrido, y en sus primeros 26 km, el río soporta un descenso con una caída de más de 800 metros de desnivel.

 
 

Este inicio soriano no tiene nada que ver con su posterior discurrir por la meseta castellana, donde el Duero fluye con lentitud poderosa por unas pendientes suaves en las que se muestra ancho, tranquilo, con ganas de acercar dos países. Lo hace en el parque natural de los Arribes del Duero, y justo antes de que el río se haga internacional y busque, navegando entre los viñedos del norte de Portugal, su salida al océano Atlántico en Oporto.

La horizontal que traza el Duero en la península ibérica marca, aún hoy y más allá de las fronteras geopolíticas, la personalidad y la vida de estas tierras. Esa es la idea central de estos apuntes y crónicas que hemos preparado para este nuevo monográfico de Altaïr Magazine que, como el río, es un universo que fluye desde el inicio, con esa atractiva portada que acaba usted de ver, y que ha creado para nosotros la ilustradora Eva Vázquez: una metafórica cuenca fluvial donde unas jarras vierten agua sobre un río sin fronteras que une pueblos, montañas, rebaños, campos y viñedos.

El Duero forma la cuenca hidrográfica de mayor extensión de la península ibérica, casi cien mil km2 de territorio de contrastes: con un calor seco e intenso en verano y un frío cortante en invierno. Durante siglos, ese clima ha marcado el ritmo de la vida de los rebaños trashumantes y sus pastores para los que, como describe en su texto la novelista Elvira Valgañón: «De día era el calor sin sombra cerca, refrescarse en las fuentes, la manta doblada y el cayado en la mano (…) De noche era la lumbre en las majadas, y resguardarse del frío, y colgar el puchero para las patatas».

 

Fermoselle es un lugar enroscado en sí mismo, subido en una colina, con unas vistas bellísimas desde las que se ve el Duero metiéndose en Portugal. (c) Jordi Brescó

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Naturaleza. Románico. Arquitectura. Buena comida y mejor vino. Es una combinación perfecta y nos obliga a recorrer el Duero, sin prisas, con la pausa debida que exige el disfrute. De entre todos los elementos culturales que nos atrapan en el viaje por el río, el vino es sin duda el de mayor impacto social y también económico. Tanto en Castilla como en Portugal, el vino del Duero crea, literalmente, un paisaje patrimonio de la humanidad en lugares como la Región Vitícola del Alto Duero (Alto Douro Vinhateiro, en portugués), y que tiene en la vendimia la fiesta más importante del año. Es lo que sucede en la población zamorana de Toro, donde se celebra una fiesta imperdible y que, como explica la periodista Marisol Cámara en su crónica, «rebosa todos los sentidos».

Una pausa para detenernos en Miranda do Douro, el primer núcleo portugués que se encuentra el río y la puerta de entrada a los Arribes. Allí, el geógrafo e investigador Carlos Ferreira nos enseña la particular forma de vivir en esta «frontera invisible», nos ayuda a disfrutar de la danza de los pauliterios y nos invita a escuchar la segunda lengua oficial de Portugal, ese particular idioma ibérico amenazado: el mirandés. En lugares como este se hace real, como nos describe Rodrigo Jarabo en su crónica sonora, que el río «se contagia y quiere imitar a sus vecinos, uniendo al canto que produce su propio discurrir el de los elementos que encuentra a su paso». 

El Duero atraviesa cinco provincias españolas (Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca) y seis distritos portugueses (Braganza, Guarda, Vila Real, Viseu, Oporto y Aveiro). Merece la pena perderse por esas carreteras secundarias cercanas al centenar de poblaciones lusas que descansan a sus orillas. Es lo que hizo el escritor leonés enamorado de Portugal Julio Llamazares a comienzos de los años 80. Sus escritos acabaron en dos libros, Cuaderno del Duero y Trás-os-Montes, con ideas y lugares que hoy, casi cuarenta años después, ha aceptado revisar y revisitar para nosotros. Hoy como ayer, las vidas de estas gentes siguen fluyendo entre esas conversaciones que pueden ser tan ásperas y directas como cercanas y cálidas y que nos cuenta la escritora Marta del Riego Anta.

El río se estrecha en el punto de los Arribes entre enormes paredes graníticas de 400 metros de desnivel, para luego tranquilizarse un poco después del Salto de Saucelle. Es este un «Duero de profundidades y alturas desmesuradas» que nos analiza el poeta y traductor portugués Joaquim M. Palma en su historia sobre los pueblos que se asoman a ese Duero llamado «internacional».

 

Salgan del coche, crean en Dios o no crean, porque lo que ponen de manifiesto esas iglesias —como la de Santo Domingo, en Soria capital— es que lo verdaderamente milagroso es el humano. (c) Jordi Brescó

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Desde aquí y hasta el Atlántico, el Douro desciende suave y permite a las embarcaciones remontar su cauce. Se dibujan en esta zona algunos de los atractivos paisajes que inspiraron la obra del gran cineasta portugués Manoel de Oliveira, que el periodista Sérgio C. Andrade analiza en una crónica que nos transmite una idea visual luminosa: «Se podría decir que la filmografía de Oliveira es una larga elipsis sobre el Duero».

Yolanda Santos nos cuenta ese Duero poético y mítico que nació en esa legendaria laguna de Antonio Machado a la que los hermanos Alvargonzález arrojaron a su padre. Muere o se diluye en el océano entre Oporto y Vila Nova da Gaia, las dos poblaciones que cierran el río y forman el mayor núcleo urbano de la cuenca. Nos las enseña Rómulo Pereira, un gran conocedor de los atractivos de esta zona para el viajero y que, con sus recomendaciones especiales, construye nuestro particular álbum de fotos.

Al final de todo gran viaje siempre quedan cansancios diversos, algunas dudas y muchas reflexiones. Bien lo saben nuestros reporteros Silvia Cruz Lapeña y Jordi Brescó, a los que enviamos a recorrer el gran río de principio a fin, pero de forma no lineal, aleatoria y no sistemática, en diferentes épocas del año y solo guiados por la vista, el oído, el olfato, el tacto y el (buen) gusto que todo reportaje debería tener. 

Duero y Douro. Un río como este no puede contarse solo contemplando un soleado atardecer de primavera sobre los viñedos de Baião y no muy lejos de la casa del escritor Eça de Queirós. Tampoco con una helada crónica desde las afueras de una Soria gris que se prepara para una nueva nevada invernal. Es lo que, en el fondo, nos demuestran Silvia y Jordi enfrentándose al fracaso que se esconde en lo imposible de contar 897 km de río. Como todos, universo que fluye, que pasa pero se queda, infinito, para siempre. 

Su trabajo es la muestra perfecta de esa cultura viajera y esa crónica periodística que defendemos en Altaïr Magazine: una forma de viajar y contar que trata de ir más lejos para explicar un poquito mejor la atractiva complejidad de ese mundo que inventamos cada día con unas memorias que por convención llamamos «realidad» aunque sabemos, como explican con ironía los franceses, que la realidad (en singular) n’existe pas.

 

En la cabecera: Ilustración de Eva Vázquez 

 
 
 

Pere Ortín

Director de Altaïr Magazine

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En Altaïr Magazine somos también productores de nuestro contenido. Escribimos, dibujamos, editamos, grabamos vídeo, ilustramos y fotografiamos, entre otras tareas a desarrollar en el viaje del día a día.