Siempre me han atraído las montañas; allí donde coinciden todas las cumbres y las fronteras desaparecen. Allí donde se reúnen valles y ríos. Y también allí donde bosques frondosos cubren la tierra y albergan una gran biodiversidad animal y vegetal. En el caso de la Cordillera Cantábrica, estas montañas son además el hábitat del oso pardo, el lobo y otras joyas de la fauna ibérica como el urogallo, hoy en peligro crítico de extinción.

Escalera al cielo

Un oso pardo asciende por una ladera abrupta entre montañas. Las nubes se forman y desaparecen en pocos minutos. Es una tarde de verano fresca en la Cordillera Cantábrica y el oso parece caminar hacia el cielo.

En las dos últimas décadas, el número de osos ha ido aumentando poco a poco. Después de estar al borde de la desaparición (a finales del siglo XX apenas se contabilizaban menos de cien ejemplares), el oso pardo recupera sus antiguos territorios. Gracias al trabajo de mucha gente y del respeto de los habitantes de los pueblos cercanos al hábitat del oso, ahora se calcula que hay cerca de 250 osos cantábricos, unas tres veces más que a mediados de los años noventa.

Bosques mágicos

Los hayedos y robledales muestran toda la magia del bosque atlántico. En las zonas más altas de estos bosques, también son frecuentes los avellanos, serbales, abedules y acebos.

Las nieblas acarician los árboles viejos, creando una atmósfera de cuento de hadas. Existen tesoros naturales como la reserva integral de Muniellos y otros bosques en zonas de Somiedo y Cangas de Narcea (Asturias), Laciana y Riaño (León) o en los valles de Liébana (Cantabria).

Lobo fugaz

En una tarde de comienzos de otoño observo a unos rebecos con el telescopio. Están a 300 metros en la ladera de enfrente. Confío que, en esa misma ladera, puedan aparecer los lobos, pero no es así. No los veo. La tarde pasa rápidamente y la luz va desapareciendo.

Entonces, escucho algo a mi espalda. No está lejos y pienso que puede ser un corzo o un ciervo. Pero… ¡sorpresa! Es un joven lobo que ha salido de paseo. Apenas me da tiempo de hacer un par de fotos. Me quedan movidas, pero en ese movimiento veo al fantasma del monte.

El lobo encarna el espíritu más salvaje de las montañas y los bosques del continente europeo. A final del verano, los lobatos ya crecidos empiezan a hacer sus primeras salidas en solitario, aunque todavía dependen de sus progenitores para alimentarse.

El mirlo

Identifico al mirlo acuático con un duende de los arroyos de montaña. En estos ríos vigorosos de aguas rápidas, puede encontrase esta ave con facilidad. Sus movimientos rápidos son hipnóticos.

Bucea en busca de insectos acuáticos y se pasa el día río arriba y río abajo. Los cursos fluviales de la Cordillera son estrechos y de poco caudal. Debido a las fuertes pendientes de estos paisajes, presentan mucho saltos y cascadas. En los ríos de la vertiente cantábrica, destaca una especie fundamental, que lo está pasando muy mal desde hace tiempo a causa de la presión humana: el salmón atlántico.

Osa con crías

Una osa camina junto a sus crías a finales de verano. La familia va en busca de arándanos, uno de sus alimentos favoritos. Los osos utilizan todos los recursos a su alcance para lograr alimentarse y poder llegar en buena forma al otoño.

Para ver osos, lo más recomendable es utilizar un telescopio. Observar a los animales de una ladera a otra. No importa que estén a un kilómetro de distancia. Con la ayuda del telescopio se puede disfrutar viendo cómo se mueven con total libertad y sin que sea una molestia para ellos. Eso es vital para los osos y lo mismo para otras especies amenazadas, pero todavía lo es más cuando se trata de una osa con crías. Entonces, el cuidado para no interferir en la vida cotidiana del animal debe ser extremo.

La noche

La noche en el monte siempre es especial. Cuando la luz va desapareciendo, la vista pierde importancia y los otros sentidos se activan. Los sonidos y los olores son más intensos: el crujido de una rama en la distancia, el chasquido de unas hojas secas, el aleteo de un pájaro… Detienen el tiempo y dejan un interrogante: ¿qué será eso? ¿qué animal habrá allí?

En la montaña cantábrica, el mejor momento de la jornada puede darse durante la noche: escuchar el ulular de un cárabo o el aullido de un lobo, percibir las nieblas que bailan entre los roquedos… En esta ocasión, no veo a los lobos. Pero ya no hace falta. Aprovecho para descansar el resto de la noche; el alba llega en silencio.

La liebre de piornal

No es extraño que en la Cordillera Cantábrica nieve en junio o en octubre. En las cumbres, las estaciones son cambiantes. Aunque los animales estén más inactivos durante el invierno que el resto del año, también se mueven. Paseo por un paisaje de ensueño mientras sigue nevando en un rincón perdido del entorno de Picos de Europa. En las últimas veinticuatro horas ha caído medio metro de nieve y es en ese momento cuando aparece una de las especies más singulares de los montes cantábricos: la liebre de piornal. Es uno de los animales de la fauna ibérica más difíciles de observar y fotografiar. Es endémica, una especie única que solo vive en la Cordillera Cantábrica.

Es un visto y no visto: la liebre se hace más pequeña y desaparece en el paisaje nevado dando brincos. 

Dos jóvenes osos

Dos jóvenes osos juegan a pelearse en un valle perdido de la Cordillera Cantábrica. Los osos están en su segundo año de vida, en plena etapa de aprendizaje. Después de su segunda primavera, los jóvenes osos dejan a la madre y comienzan la vida por su cuenta.

Antes, los oseznos han descubierto el territorio junto a su madre: conocen los lugares donde podrán encontrar la hierba más sabrosa durante cada estación y los robles cuyo fruto madura primero. También, a su corta edad, ya saben localizar todos los otros alimentos que componen su variada dieta: hayucos, arándanos, moras, fresas, manzanas, cerezas, etc.

Las altas cumbres

Las zonas altas de Picos de Europa son montaña pura. Visitarlos en primavera o verano es lo habitual. Pero, es en invierno (o finales de otoño) cuando muestran toda su fuerza.

Se estima que los Picos de Europa surgieron entre 24 y 37 millones de años atrás, durante la orogenia alpina, que generó primero el Himalaya y después los Alpes y los Pirineos, haciendo aflorar la roca caliza que dormía bajo el mar desde hacía 300 millones de años. Aunque los expertos explican que las características siluetas de los Picos se esculpieron a partir de las glaciaciones que empezaron a producirse hace dos millones de años.

El Gato montés

Un gato montés de gran tamaño se detiene unos instantes en la zona sur de Picos de Europa. Durante el amanecer y el atardecer, los gatos monteses salen a las zonas abiertas en busca de roedores. Son hábiles cazadores y en pocos minutos suelen hacerse con una presa.

Los gatos monteses son corpulentos, con una cabeza muy voluminosa (especialmente los machos) y con bigotes largos. Su cola, larga y muy gruesa, es uno de los signos de identidad más claro que lo diferencia de los gatos domésticos.  La cola es anillada y suelen tener cuatro o cinco anillos negros que terminan en una punta negra y redondeada.

La chova piquigualda

Una chova piquigualda sobrevuela las cumbres nevadas de Picos de Europa. Es un córvido común, fácil de observar, pero igualmente fascinante. Esta ave alpina destaca por su pico curvado de un color amarillo que se ve desde lejos. Las chovas son muy hábiles volando con quiebros rápidos y cambios de dirección.

Su característico canto estridente es uno de los sonidos que más asocio a la montaña, especialmente cuando se producen ecos en las paredes de los barrancos y laderas rocosas. Frecuenta mucho los prados alpinos y come de todo tipo de insectos y otros invertebrados.


¿Qué se siente al ver aparecer un oso pardo detrás de la ladera?
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