Magazine Altaïr

El blog de la redacción


Hacer crónica periodística bajando al barro

Eso decía en un tuit la cuenta de la revista Zero Grados, organizadora de la I Jornada Periodístico-Literaria de ZeroGrados en Zaragoza, y que se dedicó a contar por Twitter cada cosa que ocurrió durante toda la jornada. Allí ALTAÏR MAGAZINE estuvo presente junto con medios amigos como Pikara Magazine, FronteraD o El Estado Mental. Cuando le tocó hablar a nuestro director, Pere Ortín, a los treinta segundos ya no podía estar sentado y agarró el micro para bajar junto al público. Porque es rigurosamente cierto, a Pere le va mucho más el barro que la oficina.

¿Pero cómo explicar a un auditorio lo que hace Altaïr Magazine?

Cultura viajera y crónica periodística en un sentido amplio, les dice Pere. Lo que entendemos por «crónica periodística» es, como dice Juan Villoro en sus textos para uno de nuestros especiales 360º, el dedicado a México: «el arte de entender y hacérselo saber a los lectores». Y como añade Villoro, tratamos de «contar historias singulares» y «meternos donde no debemos» para «hablar de lo que otros no hablan».

«No queremos tus clics, queremos tu tiempo. Queremos tu respeto», dice Pere, y para ello el trabajo de la revista ha de ser lento, artesano y cuidado. Y respetuoso con los autores, y curioso y deseoso de saber, y con todas las perspectivas posibles, cuanto más diversas y más lejanas a nuestro «ombligocentrismo», mejor.

Queremos marcar la diferencia, dice Pere, pero no por la mera voluntad de ser «diferentes», sino intentando construir una aproximación novedosa al periodismo, buscando un nuevo tipo de lector que se sienta identificado con nosotros. Ya no es sólo texto, ni sólo foto, no hay una jerarquía o un orden de importancia. Nuestros artículos son un conjunto de texto, vídeo, fotos, sonidos, edición, diseño, dirección de arte… Un conjunto humanista y atractivo, propio del momento en el que nos encontramos.

Claro que se puede, pero es fundamental quererlo, sobre todas las cosas. Y con un mantra en la cabeza, algo que repetir en voz alta una y otra vez: «Well done is not enough». No basta con hacerlo bien; tiene que ser mejor.

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Martín Caparrós y los viajes del hambre

Hambre-Biraul-baja---Martín-Caparrós

«Conocemos el hambre, estamos acostumbrados al hambre: sentimos hambre dos, tres veces al día. No hay nada más frecuente, más constante, más presente en nuestras vidas que el hambre —y, al mismo tiempo, para muchos de nosotros, nada más lejano que el hambre verdadera—.»

Si algo señala constantemente Martín Caparrós en su ensayo El hambre (Ed. Anagrama) es el hecho de que la palabra «hambre» ha perdido su significado. Es un conjunto vacío, dos sílabas sin contenido, un vocablo que no provoca reacción alguna cuando se pronuncia o se escucha. Y sin embargo el hambre es la mayor lacra de la humanidad, la que más enfermedades provoca, la que más muertos se cobra. El de Caparrós es un libro profundamente incómodo porque nos dice a todos, sin excepción, que aunque no queramos saberlo, el hambre está junto a nosotros y destruyendo todo lo que encuentra a su paso.

Los viajes del hambre es la serie de artículos que Martín Caparrós ha escrito para nuestas Voces en ALTAÏR MAGAZINE. Es una especie de cuaderno breve de notas donde el autor ha apuntado algunas de las cosas que se ha encontrado mientras viajaba por todo el mundo para documentarse para su ensayo, acompañado de las fotografías que él mismo tomó con su cámara personal. Esta semana hemos llegado al sexto y último capítulo de la serie y queríamos recordar, con apenas una o dos frases por capítulo, lo que Martín nos ha contado a lo largo de este último mes y medio.

1. Níger: «Para decirlo más o menos claro: comer la bola de mijo todos los días es vivir a pan y agua. Pasar hambre.»

2. Calcuta: «En un puesto escondido un hombre vende pescaditos rojos: en una pecera con adornos de plástico, los pescaditos rojos. Hambre es comerse los pescaditos rojos.»

3. Biraul: «Los humanos sobrevivieron, conquistaron la tierra porque saben adaptarse a tantas cosas: aquí se adaptaron a casi no comer y, por eso, millones son bajos, flacos, módicos, cuerpos que saben subsistir con poco.»

4. Chicago: «Ahora en la Bolsa de Chicago se negocia cada año una cantidad de trigo igual a cincuenta veces la producción mundial de trigo. Dicho de otro modo: la especulación con el trigo mueve cincuenta veces más dinero que la producción de trigo.»

5. Daca: «En Daca, como en tantas ciudades, el agua que los pobres deben comprarle al aguatero que pasa con un carro cuesta mucho más —cuatro, cinco veces más— que el agua corriente de los que tienen agua corriente.»

6. Bentiu: «Hay quienes dicen que el Plumpy es un típico producto de la época del sucedáneo: dulzura sin azúcar, café sin cafeína, manteca sin colesterol, bicicletas sin desplazamiento, cigarrillos sin humo, sexo sin contacto, alimentación sin comida: un modo de simular que esos chicos que no comen comen, que esos millones de paupérrimos van a seguir viviendo.»

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Una mapa de voces

Mapa-blog-Voces

«¿Habremos recorrido ya todo el mundo?»

La pregunta se formula en la redacción de ALTAÏR MAGAZINE casi por casualidad, pero es pertinente: llevamos diez meses en marcha en esta nueva andadura digital del magazine y tenemos la sensación de haber estado en casi todas partes. Vamos al ordenador y abrimos nuestra sección de Voces y un mapa del mundo al lado y nos ponemos, como se hacía antes, a clavar chinchetas en él.

«Lo que más ha sido Sudamérica, ¿no?»

Esa sensación da, aunque hemos prestado especial atención a México, que después de todo fue el material de nuestro primer 360º monográfico. Pero también hemos recorrido lugares como El Salvador, a veces para hablar de feminismo, a veces para hablar de cementerios habitados; o Colombia, asistiendo a la ceremonia de los espíritus, o Bolivia, aprendiendo medicina indígena. «¿Y Norteamérica?» La hemos visto menos, pero nos ha dado tiempo de recorrer las llanuras de Utah o de buscar oro en Klondike, por ejemplo.

«¿Estás apuntando los países africanos?»

Siempre nos ha importado mucho conocer el continente más desconocido, dejar de acercarnos a él con paternalismo o desde un punto de vista pesimista, o colonial, y tratar de conocer a sus gentes y sus ciudades tal y como son, no como las dibujamos desde los prejuicios. Y para ello hemos buscado los temas de los que nunca se habla cuando se mira hacia el sur desde Europa. De la literatura de las mujeres del norte de África hasta la situación de la comunidad LGTB en el continente; desde la comida y la cocina en Senegal hasta los sonidos y las músicas que vienen de Mali.

«Lo más difícil ha sido siempre llegar a Asia.»

Todos decimos que sí con la cabeza, porque Asia está lejos geográfica y culturalmente, porque no tenemos el agarre del idioma ni los pasados comunes. Y a lo mejor por eso nos resultan fascinantes de un modo particular Japón o Indonesia, o Birmania. Para llegar a ellas tenemos las extensiones infinitas de Siberia —y hay quien hace escala viviendo tres días en la URSS—. Y aún más lejos nos queda Oceanía, donde nos hemos acercado a conocer la lengua de signos de los aborígenes de Australia.

«El problema de Europa es que todos creemos ya conocerla.»

Uno de nosotros dice que de eso nada, que aún nos queda muchísimo por conocer. ¿O es que acaso todo el mundo cree conocer los volcanes de Islandia y cada barrio de París? Si ni siquiera en España podemos decir eso, donde nos hemos recorrido la meseta con los pastores trashumantes, la marina gallega más salvaje o los pirineos en mulas, como se hacía antes.

Y sí. Echando un vistazo al mapa lleno de chinchetas nos damos cuenta de que hemos estado incluso en el profundo océano. Entonces, ¿habremos recorrido ya todo el mundo?

Nos reímos. No. Apenas acabamos de empezar.

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El mediterráneo que hace aguas

Algarrobico---Juanlu-Sánchez

Hotel ilegal en la playa española de El Algarrobico, en pleno parque natural almeriense, paralizada a la espera de que se ordene su demolición (Fotografía de Juan Luis Sánchez – CC BY-SA 2.0)

 

Al acercarse por la autopista a la costera ciudad de Benidorm, el periodista vasco Íñigo Domínguez —que nunca había visitado la ciudad— esperaba encontrar primero un desvío, una indicación de la propia autopista, después un urbanismo gradual, progresivo. En cambio, al culminar una subida, se encontró de repente frente a un bosque de rascacielos que se alzaban sobre la nada, gigantescos, invasivos y futuristas.

Domínguez describe la escena, que forma parte de su libro Mediterráneo descapotable. Viaje ridículo por aquel país tan feliz, como reviviendo la incredulidad —«no todo lo que nos provoca fascinación es admirable», recordaba— que le generó aquella llegada a la capital del exceso veraniego e inmobiliario del Levante español. Tuvimos la suerte de escucharle en persona en la presentación de libro (editado por Libros del K.O.) que se realizó el pasado día 28 en la librería Altaïr de Barcelona, acompañados por el veterano periodista Enric González.

Como bien decía el propio González, el efecto de la hilarante obra de Domínguez es similar al que no podemos evitar repasando la realidad de la burbuja económica, que en 2008 estalló dejándolo todo perdido de ladrillo muerto y bancos malos: «Provoca una carcajada, pero después, inevitablemente, llega el escalofrío».

La realidad de la crisis en el Mediterráneo, su pre y su post, ha sido tocada desde el periodismo narrativo y sus aledaños por varios libros que se emparentan con Mediterráneo descapotable. En su reseña para Altaïr Magazine, Pere Ortín ya mencionaba el periodismo punk de Robert Juan-Cantavella en la novela El Dorado, y su visita alucinada al complejo vacacional de Marina d’Or (del que Domínguez recordaba en la presentación «el plan anunciado para construir pistas de esquí al pie de las playas»).

De fondo, están también las enseñanzas de Hunter S. Thompson y David Foster Wallace, maestros de la inmersión en el absurdo del ocio moderno. Pero no hay que olvidar que la crisis (económica y moral) ha recorrido todas las costas del Mediterráneo, no sólo las occidentales. Por ejemplo, desde una clave económica, ¡Vended vuestras islas, griegos arruinados!, obra de Stephan Kauffman e Ingo Stutzle publicada por Hoja de Lata, analiza el cariz xenófobo que adquiere en Alemania la crisis económica griega a partir de un titular del tabloide Bild.

Hablando con Domínguez, corresponsal de El Correo en Roma desde hace 14 años, es imposible que no salte también la cuestión de si España se italianiza o no: actitudes mafiosas, desconfianza del Estado, despilfarros… Él remarca las distancias, sobre todo temporales: que el boom italiano llegó en los años 50 y 60, que los italianos afirman que arruinaron sus paisajes costeros en momentos más inocentes, «cuando no se era consciente del valor de esas cosas». Mientras tanto, en España, en Almería, el hotel de El Algarrobico, cuya imagen encabeza estas palabras, aún sigue en pié, recordándonos los años de falso vino y falsas rosas.

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Los libros que lee la redacción

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Fotografía de Jorge Mejía Peralta (CC-BY 2.0)

Es una pregunta común, miles de personas la hacen cada día en todo el mundo. «¿Qué estás leyendo ahora mismo?» Y en seguida te cuentan lo que leen pero también lo que rodea a lo que leen. «Yo no leo ficción, me aburre», dice uno; «Yo al contrario, sólo me engancho a novelas, los ensayos no son para mí», contesta otra. «Apenas tengo tiempo para leer, sobrevivo con lo que leo en el metro y cinco minutos antes de dormir.» «Yo me levanto a las seis y media para poder leer un rato antes de empezar la jornada.» «Yo soy de noches en vela sin poder parar de leer y luego, claro, al día siguiente voy a trabajar dando tumbos.» Porque leer es a veces mucho más un «cómo» que un «qué».

Así que hemos cogido a parte de la redacción de ALTAÏR MAGAZINE y les hemos preguntado qué están leyendo. Y con sus respuestas hemos elaborado un catálogo de lecturas recomendadas para el día del libro. ¡Que las disfrutéis!

Mario: El espíritu viajero impregna sus lecturas, y navega desde el recorrido sentimental y emocional que hace John Berger por Europa en Aquí nos vemos (Alfaguara, 2005) hasta el crudo ensayo gráfico sobre la turbia Rusia actual que hace Igort en Cuadernos rusos (Salamandra, 2011. Aquí sus primeras páginas), pasando por la Nigeria inmersa en la guerra civil en los años sesenta en Medio sol amarillo (Random House, 2014) de la gran Chimamanda Ngozi Adichie. Aunque dice que el próximo que le apetece leer es la autobiografía de Lemmy, fundador y alma de Motörhead, que acaba de sacar Es Pop (aquí su primer capítulo).

Bárbara: Historia y antropología, esos son los dos temas por los que navega en sus lecturas, sean del género que sean: en ensayo, con La sociedad de castas (Kairos, 2014) de Agustín Pániker, sobre la india; o Las mujeres en el antiguo Egipto (AKAL, 1996), de Gay Robins. En novela histórica, con El cátaro imperfecto (Ediciones B, 2013) de Víctor Amela. E incluso en poesía, con los muy fálicos poemas dedicados al dios Príamo, Poemes priapeus (Adresiara, 205, edición catalana).

Pere: El periodismo entrelazado con el viaje, esa es la obsesión de Pere, que no puede dejar de ser las dos cosas todo el tiempo: periodista y viajero. Por eso sus libros de estos últimos meses giran en torno a esas dos facetas, y de ahí que sus recomendaciones pasen por Martín Caparrós y la dupla El interior (Malpaso, 2014) y El hambre (Anagrama, 2015), por la crónica asombrada del Levante español de Íñigo Domínguez en su Mediterráneo descapotable (Libros del KO, 2015), o las reflexiones sobre el oficio de escribir que hace Leila Guerreiro en Zona de obras (Círculo de Tiza, 2014), entre otras muchas cosas.

Belén: Como lectora, Belén «come de todo», y mezcla ensayo con ficción y con cómic sin ningún problema. Acaba de terminar de leer Sin ti no hay nosotros (Blackie Books, 2015), el testimonio sobrecogedor de la profesora Suki Kim en su afán por enseñar valores prohibidos a un grupo de estudiantes norcoreanos; pero recomienda encarecidamente El quinto en discordia (Libros del Asteroide, 2006), una muestra magnífica de la espléndida prosa del canadiense Robertson Davies. Su próximo objetivo es el último cómic de la serie «Love & Rockets» de Jaime Hernández, Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015).

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El documental o la realidad personalizada

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Hoy comienza la Mostra de Documentals de Sagunt «.DOC», en la que ALTAÏR MAGAZINE participa como Medio Oficial y cuyo programa puedes consultar aquí.

«Los documentales son una herramienta formidable para intentar comprender el complejo mundo que nos rodea. Ofrecen respuestas y alimentan incógnitas que nos permiten reflexiones necesarias. Son testimonios que reflejan realidades, quizá la característica fundamental de casi todos ellos.»

Nuestro colaborador Fran García empieza su Voz de hoy en ALTAÏR MAGAZINE con estas palabras, una declaración clara y sin fisuras: los documentales son un medio de comprensión del mundo y verlos es un modo de observar y analizar la realidad que nos rodea desde un prisma más completo.

Hace poco más de una década, el cineasta Michael Moore ganó el Oscar a la mejor película documental por un largo llamado Bowling for Columbine, que fue un éxito de taquilla inesperado en todo el mundo, precisamente por su condición de documental, ese hermano pobre y sin ribetes dorados del cine de ficción. La película partía de la terrible matanza cometida por dos estudiantes del Instituto Columbine, en Colorado, quienes asesinaron a quince personas en abril de 1999, para intentar comprender las razones últimas de la violencia existente en la sociedad norteamericana. Pero lo cierto es que la película no «es» la realidad. El documental narra el propio viaje del director por esa realidad, su descubrimiento de lo que ocurrió, sus conclusiones. Porque el documental, el buen documental, es mucho más un ensayo o una tesis que un libro de historia.

Uno de los grandes éxitos sorpresa de la temporada pasada en el cine fue Searching for Sugar Man. La película, dirigida por el malogrado Malik Bendjelloul, cuenta la historia de Sixto Rodríguez, «Sugar Man», un músico que grabó un único disco en los años sesenta y que luego desapareció, y cuya música se convirtió en un fenómeno de masas en Sudáfrica en los años ochenta. Pero en realidad la película no es sobre Rodríguez, sino sobre los dos fans sudafricanos que a principios de los noventa decidieron investigar qué había sucedido con aquel cantante, y el documental refleja el viaje de esos dos hombres, sus descubrimientos, su sorpresa. No cuenta la realidad que sucedió, sino la realidad que vivieron ellos.

¿Es La sal de la tierra un documental sobre la vida del fotógrafo Sebastião Salgado o en realidad está hablando de un hijo hablando de su padre? ¿Es The Act of Killing un documental sobre las atrocidades de la dictadura indonesia o un ensayo sobre el horror que siente su director, Joshua Oppenheimer, al escuchar los relatos de aquellos verdugos? ¿Es Seré asesinado un retrato de la corrupción y la mafia en Guatemala o es una expresión del puzzle policíaco que tuvo que resolver el realizador Justin Webster para poder filmarlo? ¿Es El impostor un documental sobre un suceso de la Norteamérica más profunda o es en realidad el modo que tiene su director, Bart Layton, de hablar de su propio escalofrío ante el miedo al doppelgänger, al otro yo que usurpa tu lugar en el mundo? ¿Es, en fin, The story of film una serie sobre la historia del cine o es la historia del cine que Mark Cousins cree que merece la pena ser contada?

(La plataforma de VOD Filmin cuenta con una selección de casi seiscientos documentales a disposición de sus usuarios)

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LAS INFILTRADAS

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Conservé mi identidad, mi nombre y mis documentos, pero me escribí en el paro con un título de bachillerato por todo bagaje. Aseguré que me acababa de separar de un hombre con el que había convivido durante veinte años que satisfacía todas mis necesidades, lo que explicaba que no pudiera acreditar ninguna actividad profesional durante todo ese tiempo.

Me teñí de rubio. Ya no me quité las gafas. No cobré ningún subsidio.

Estas palabras de Florence Aubernas explican el modus operandi con el que afronta un trabajo periodístico —camuflándose— que la llevará a conocer la precariedad del mercado laboral no cualificado en la Francia de comienzos del siglo XXI. Aubernas no es la primera ni la última en utilizar esta ¿técnica?, que más bien es una apuesta radical por la inmersión, a medio camino entre la denuncia y la performance. Tampoco ha sido exclusiva de las mujeres periodistas, pero ellas han conseguido visibilizar realidades femeninas de la economía y la sociedad que permanecían escondidas de un modo particular. Hablamos de las enfermas mentales de Nellie Bly, de las presas de Magda Donato, de las limpiadoras de hotel de Barbara Ehrenreich.

Sí, todo esto empieza el día que te despiden, chau, usted, ya no puede estar aquí, ni siquiera gratis, ni siquiera para fingir que trabaja. Primero te despiden. A la puta calle UNO. Luego te comes el paro. Luego te meriendas los ahorros. Luego te cortan los suministros y te desahucian. Nam, ñam, ñam. A la puta calle DOS.

La que escribe estas palabras es la periodista española Cristina Fallarás, que da un paso más aún y en su libro A la puta calle describe el proceso que la lleva a su propio desahucio, fruto de las crisis conjuntas del periodismo y la economía del boom inmobiliario. Desaparece el fingimiento y queda la narradora, la periodista, exponiendo la realidad desde su propia piel y esperando que la crónica de ese viaje al infierno resuene en el resto de la sociedad.

CRÓNICA DE UN VIAJE AL INFIERNO, de María Angulo: un nuevo Paso de Altaïr Magazine.

 

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JON LEE ANDERSON, EL GRINGO MÁS RARO DEL MUNDO

Durante el festival de literatura amplificada Kosmópolis 2015, que se celebró en Barcelona en fechas recientes, Pere Ortín y Paty Godoy tuvieron la ocasión de encontrarse con Jon Lee Anderson para realizar una entrevista que podrá verse próximamente en Altaïr Magazine. Aquí ofrecemos una crónica de backstage realizada por Berta Jiménez, de la revista Zero Grados.

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«Negociemos… ¿Cuál es el precio de mi ausencia?»

Cuando se entera de que vamos a entrevistar a Jon Lee Anderson sin él y mientras intenta conseguir su habitual café americano, Martín Caparrós bromea con Pere Ortín, director de Altaïr Magazine, sobre el encuentro que esa tarde y en el festival de literatura Kosmópolis, ambos tendrán para charlar sobre el hambre y la guerra.

Entre risas y referencias boxísticas sobre la velada que nos espera con dos pesos pesados de la literatura periodística, dejamos al cronista del hambre de camino a una hackaton de «periodismo de datos» (sic) y nos encaminamos a nuestro encuentro con el cronista de la guerra.

La entrevista con Jon Lee Anderson está programada para las once y media, pero el reportero de The New Yorker se retrasa casi una hora, y eso que su reloj de muñeca, de tira de cuero roja bien desgastada, está en hora. Él, consciente de nuestra cita, nos esperaba en su hotel, no en el CCCB de Barcelona. Malentendidos inevitables.

Al fin llega, con su cara de yankee de Long Beach, su acento de colombiano de Barranquilla y su camisa africana comprada en Liberia. Una mezcla de miradas, culturas y pensamientos, que bien describe lo que ha sido su vida.

«Eres un gringo bien raro», ríe Pere Ortín mientras discuten por un café con una de esas máquina suizas infernales que han encapsulado el sabor de una infusión. Hijo de una «multitalentosa» escritora de novelas juveniles y de un «nómada»; hermano de dos norteamericanos, una china y una costarricense, Jon Lee Anderson vivió en ocho países hasta los 18 años y no olvida cómo a los doce años, cuando vivía en Estados Unidos, lo llamaban «el chino blanco» (white chink) por haber interiorizado tanto la cultura asiática. Eso sí, tiene claro que con su aspecto nunca deja de ser «gringo en todas partes» a las que viaja.

Una vez preparado el equipo y sentados los conversadores —Ortín y Anderson— la entrevista todavía se demora. Ambos charlan de amigos cronistas comunes, de la crudeza de un país al que adoran, México, y que pasa por momentos muy difíciles: «Monterrey es una ciudad Zeta» concluye Jon Lee Anderson. Entre disquisiciones varias, Ortín le hace entrega de un regalo especial: Cinco Viajes al infierno, el libro de Martha Gellhorn, una de las periodistas más admiradas por Anderson y en una edición en español —de la colección Heterodoxos de Altaïr— que Anderson no conocía.

A pesar de que el tiempo no corría a nuestro favor, la conversación sigue siendo tranquila y distendida —porque si algo es Jon Lee Anderson es tranquilo—; el tono y la atmósfera del encuentro son los propios de una charla entre amigos.

Bucean en la actualidad política, de Siria a Ucrania, de Guinea Ecuatorial a México, hablan del «poder transformador de la empatía», de las diferencias entre «mirar»y «ver» y de los ojos con los que hay que observar el mundo para ser un buen cronista —que en el caso de Jon Lee Anderson, según afirma, son los de «un niño», con esa capacidad de sorprenderse y esa dificultad de atarse a una sola realidad—.

Durante la entrevista, Anderson confiesa que el hecho de que su nombre aparezca entre el de grandes figuras del nuevo periodismo literario como Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote o Gay Talese es una «errata» que le hace muy feliz, aunque añade que es muy joven para pertenecer esa lista.

Anderson y Ortín discuten, mucho más allá del tiempo previsto, sobre cosmopolitismo, los peligros de la vuelta de los nacionalismos identitarios, el gran peso de la historia y lo difícil que resulta reconocerla. Comparten su oposición frontal a todo dogmatismo. «Somos más patológicos de lo que creemos», afirma Anderson, que, tras expresar opiniones contundentes y nada políticamente correctas sobre lo que sucede en el mundo musulmán, opina que el mal cercano siempre resulta el más incómodo: «Los judíos en Europa son molestos porque recuerdan el Holocausto. Hablar de eso sería uncool en una redacción».

Jon Lee Anderson se mueve mucho y gesticula cuando habla. Los focos con los que se ilumina la grabación de vídeo hacen que en la pared y detrás de su cabeza se cree un juego de sombras chinescas que provocan que tengamos ante nosotros a un Jon Lee Anderson completo y natural, desde sus orígenes nómadas a la actualidad de gran reportero de The New Yorker. Una entrevista larga y profunda, tan larga y profunda como una conversación entre amigos a la que, por desgracia, no pudo asistir Martín Caparrós.

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Paraguay: un índice para una isla rodeada de tierra (y II)

Preparando-las-antorchas-para-la-procesión---(c)-Nathalia-Aguilar

Ulises estuvo fuera de Ítaca veinte años. Yo me fui de Paraguay cuando tenía veinte años. Seis años después vuelvo a verlo, vuelvo a sentir su aire tropical, los recuerdos de mi infancia se vuelven a activar en mi memoria como por arte de magia.

Mi ciudad no ha cambiado nada. Parece ser que me ha esperado tal como yo la dejé, para que no la confundiera con otra. Las mismas calles con baches, siempre el mismo caño roto por donde sale agua a borbotones, el mismo mango que en pleno agosto florece en una esquina. Eso sí, las calles están menos sucias que antes.

La noche se llena de ladridos. Me retiro a mi habitación, apago la luz. En la oscuridad abro los ojos, y soy feliz. Mañana volveré a nacer, pienso.

El poeta y novelista Cristian David López regresa a Asunción seis años después de haberse marchado y hace uno de esos viajes tan extraños a la propia casa, donde miras con ojos de turista asombrado todo aquello que conoces de sobra. Nos lo cuenta en MOSAICO PARAGUAYO, su texto para este 360º monográfico sobre Paraguay de ALTAÏR MAGAZINE cuyos contenidos empezamos a presentar en este blog hace un par de días. Pero aún nos queda mucho más por contar sobre este monográfico lleno de textos, de vídeos, de fotografías, de mapas interactivos, de viaje:

FUERA DE CAMPO. CAMPESINOS QUE RECUERDAN CÓMO NO OLVIDARPere Ortín reseña un documental sobre la terrible matanza que el viernes 15 de junio de 2012 acabó con la vida de 17 personas en Curuguaty y entrevista a Hugo Giménez, su director.

CHAIDI. EL PENÚLTIMO REFUGIO AYOREO – Una producción propia de ALTAÏR MAGAZINE sobre Chaidi, la comunidad que visitamos en esta historia acompañados de Tagüide Picanerai, el primer ayoreo universitario.

MONDO EUSEBIO. UNA AVENIDA LATINA, NEORREALISTA Y DECADENTE – Un fotolibro de Martín Crespo sobre la interminable avenida Eusebio Ayala de Asunción, arteria de la ciudad y la cara más descarnada y hostil de la misma.

MAPAS, TIERRAS Y TERRITORIOS – Una conversación entre Pere Ortín y el jurista español Mikel Berraondo, especialista en Derechos Humanos indígenas.

LOS CARTONEROS (SILUETEARON CON CUTTER ASUNCIÓN)Cristino Bogado nos lleva al mundo de los editores cartoneros paraguayos, maestros del libro-objeto en el que se unen artista y poeta.

UN MURAL VIVIENTE. LA HERENCIA JESUÍTICA Y LA TRADICIÓN INDÍGENA – La fotógrafa y abogada Nathalia Aguilar nos conduce por la historia e influencia de la Compañía de Jesús en el Paraguay de ayer y hoy.

LOS ACHÉ. GENTES CON NOMBRE DE AVES - Un paraguayo aché, Rubén Chachugi, y un español, Alberto Madroño, hablando de la comunidad aché y de su asombroso conocimiento ornitológico.

LA SOPA QUE NO ES SOPA - Chris Jacquier y Mariluz Martín se adentran en el popular Mercado 4 de Asunción en busca de la sopa paraguaya, esa sopa que es sólida y se toma junto con tereré helado.

 

Y aún así, quince artículos, un editorial y un mapa interactivo después, nos quedamos con la impresión de que sobre Paraguay uno nunca terminaría de contar, intentando siempre comprender la esencia de esa nación marcada por la melancolía, esa «isla rodeada de tierra» que una vez definió Augusto Roa Bastos…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Paraguay.

 

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Paraguay: un índice para una isla rodeada de tierra (I)

Los invisibles - Humedales de Ñeembucú (c) Marcelo Sandoval

Dice nuestro editorial, con el que se abre el monográfico 360º sobre Paraguay de ALTAÏR MAGAZINE: «Encerrado y construido entre vecinos poderosos, Paraguay exhibe una historia particular que a la vez recuerda las esperanzas y tropiezos de toda Latinoamérica. La riqueza de su patrimonio natural y cultural sólo es equiparable a la precariedad que lo amenaza en un futuro que a veces llega con el rugido de las excavadoras».

Hemos intentado contar Paraguay, esa isla rodeada de tierra de la que hablaba Augusto Roa Bastos, yendo hacia allí a conocer esa tierra desértica y húmeda en función de dónde se mire, preguntando a los autores locales, a los fotógrafos, a los intelectuales, a los activistas, a los artistas, a los cineastas. Buscando en las raíces indígenas y en la cultura contemporánea, en sus pobladores originarios y en los que llegaron oliendo el negocio, en el español y en todas y cada una de sus lenguas. Diecisiete capítulos llenos de texto, videoreportajes, entrevistas y fotos exclusivas. Un mapa interactivo del país y de la capital. Un nuevo 360º donde «junto a vosotros, lectores, intentamos como siempre ir un poco más allá por esta carretera que se adentra en la selva».

Estos son algunos de sus contenidos:

EL MAPA DEL 360º – Un nuevo mapa interactivo de los contenidos de este especial monográfico donde poder situar cada texto y cada artículo sobre la geografía paraguaya.

PAZ ENCINA. PARAGUAY DESDE UNA HAMACAPere Ortín entrevista a Paz Encina, la directora de la muy premiada La hamaca paraguaya, y presentamos dos cortometrajes de su trabajo Tristezas de una lucha, hecho a partir de interrogatorios reales de la época de la dictadura y de otros materiales de archivo.

LA CHINA DE AMÉRICA. HITOS Y CORRIENTES DE LA HISTORIA PARAGUAYA – Por un lado ofrecemos un timeline de la historia paraguaya, tan desconocida fuera de sus fronteras y aún más lejos de Sudamérica; por otro el historiador Ignacio Telesca nos ayuda a interpretar esos datos y fechas para comprender el Paraguay de hoy.

LOS INVISIBLES. UN EXTRAÑO DOCUMENTAL EN LOS HUMEDALES – El fotógrafo Marcelo David Sandoval reflexiona sobre su propio (y «extraño») fotodocumental sobre la población de Villa Oliva, en pleno humedal de Ñeembucú.

A PROPÓSITO DE ASUNCIÓN. CON LA CÁMARA EN EL BOLSILLOMartín Crespo, argentino habitante de Paraguay, recorre Asunción con una cámara compacta en el bolsillo para retratar a los vecinos y a la ciudad que lo ha acogido por más de catorce años.

EL MUSEO DEL BARRO. UN LABERINTO PARA PERDERSELia Colombino, directora del Museo de Arte Indígena del CAV/Museo del Barro, nos lleva por la historia de un lugar que ha elegido superar la idea de ser un museo etnográfico para hablar directamente de arte indígena, entre paredes que niegan un recorrido preestablecido e invitan a perderse entre las obras.

EL GRAN CHACO. LA ENORME LLANURA SUDAMERICANA – El Gran Chaco «es sequía y es inundación, escenario de batallas antiguas y de luchas nuevas». El equipo de ALTAÏR MAGAZINE se interna cámara en mano por el segundo mayor ecosistema sudamericano tras el Amazonas.

Todo esto no es más que una parte de lo mucho que ofrecemos en nuestro monográfico 360º sobre Paraguay. Y aún nos queda tanto por conocer…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Paraguay.

 

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