Magazine Altaïr

El blog de la redacción


El regreso a casa como género cinematográfico

Cuando tenía diez años, el artista canadiense Mike Simons hizo su primer viaje solo, sin sus padres. Con su equipo de hockey, cogió una avioneta hasta Pine Point, una pequeña población de los Territorios del Noroeste canadienses construida al abrigo de la mina que sostenía la economía del lugar. En 2010, Mike recordó aquel primer viaje de su infancia y buscó, en un arrebato nostálgico, Pine Point en Internet, para ver qué había sido de aquella población. Pero Pine Point ya no existía: en su lugar sólo había desierto y arbustos, no quedaban casas, o la escuela, o los bares. Ni siquiera figuraba ya en los mapas.

Ver el documental interactivo Welcome to Pine Point, de Mike Simons y Paul Shoebridge.

¿No es ese acaso el miedo atávico de todo aquel que abandona el sitio de su infancia y tarda una vida en volver? ¿Regresar allí y descubrir que todo ha cambiado o, aún peor, que ya no queda ningún lugar al que regresar?

En 1982, el escritor uruguayo Mario Benedetti publicó la novela Primavera con una esquina rota. En ella aparecía por primera vez el concepto «desexilio», una palabra que el autor utiliza para designar a ese proceso por el cual un exiliado, al regresar a su patria, no la reconoce como propia, de manera que está condenado a ser exiliado para siempre, pese a poder volver al lugar donde nació.

Esta semana Mario Trigo nos hablaba en su Voz «Retorno al país natal» de la película Images d’un retour au pays natal, en la que su director, Gilbert Ndunga-Nsangata filma, cámara en mano (literalmente), su regreso ilegal a su República del Congo natal, que abandonó quince años atrás para refugiarse en Barcelona. Gilbert va a cumplir con su obligación de primogénito, a visitar a su madre, que afronta los últimos días de su vida. En el viaje, la inquietud por burlar a las autoridades y poder entrar en su país se mezcla con el temor de no reconocer la tierra que lo vio nacer, o quizás de no reconocerse a sí mismo en ella.

Lee la Voz «Retorno al país natal. Memoria, familia y Guerra en el Congo», por Mario Trigo.

Un viaje parecido al que hizo en 2010 Alphonse Zannou, padre del cineasta español Santiago Zannou, quien a instancias de su hijo regresa a su Benín natal cuarenta años después de haberlo abandonado en busca de fortuna en Europa. La puerta de no retorno es un documental amargo desde su concepción, porque no solo muestra el miedo del exiliado al regreso sino que sobre todo habla del pago que conlleva ese retorno: la obligación de revisar la propia vida desde el momento en el que se abandona el hogar hasta el momento en el que se vuelve. Y a veces lo que se contempla, como en el caso de Alphonse, es la crónica de un fracaso vital.

Lo dice Jonas Mekas en su imprescindible Reminiscencias de un viaje a Lituania, de 1972, crónica en tres partes de un exilio que empieza enseñando la llegada del exiliado al nuevo hogar (Nueva York, en este caso) y continúa mostrando el regreso al punto de partida:

«Nada más partir, empezamos a volver a casa, y todavía estamos volviendo. Aún estoy en mi viaje rumbo al hogar. Te queríamos, mundo, pero nos hiciste cosas terribles.»

Porque volver siempre es, en cierto modo, un ajuste de cuentas. A veces una búsqueda de perdón, como le ocurre a Alphonse. Otras veces es quien vuelve el que tiene necesidad de perdonar a la tierra que le vio nacer, como le ocurre a Terence Davies con Liverpool, y la sociedad ultracatólica y opresiva que le hizo vivir su infancia con terror al infierno por sus pecados y su orientación sexual. Of time and the city es su particular modo de decirle a la cara a su ciudad todo lo que tenía que decirle, para después, inevitablemente, perdonarle y confesar que jamás ha podido desprenderse de ella.

Al fin y al cabo, como Mike en Pine Point, como Gilbert en el Congo o Alphonse en Benín, como cualquiera que haya vuelto a sus orígenes después de muchos años ausente, lo que deseamos de todo corazón es que todo esté allí tal y como lo dejamos, inmóvil, esperando por nosotros. Cuando Manoel de Oliveira, ya nonagenario, vuelve a su Oporto natal en Porto da minha infância lo hace para intentar recrear una ciudad que ya no existe, fantasmal, porque lo que busca es tener un lugar donde poder ver el sitio del que viene, y no el sitio en el que se ha convertido.

El resumen perfecto lo da el propio Terence Davies al comienzo de Of time and the city. Volver a casa va mucho más allá de un acto físico: es un acto mental, sentimental y profundamente visceral.

We love the place we hate,
then hate the place we love.
We leave the place we love,
then spend a lifetime trying to regain it.

(Terence Davies, Of time and the city)

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Martín Caparrós: mirar hacia el Otro

MARTÍN CAPARRÓS_HAMBRE2«Uno de los primeros trucos de manual es hablar —si acaso, cuando no queda más remedio— de un hambre impersonal, casi abstracta, un sujeto en sí mismo: el hambre. Luchas contra el hambre. Reducir el hambre. El flagelo del hambre. Pero el hambre no existe fuera de las personas que la sufren. El tema no es el hambre; son esas personas.»

El problema con Martín Caparrós es que la conversación siempre se te queda corta, siempre quieres escucharlo un poco más. Echamos dos horas en la entrevista que le hicimos para nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE y sudamos tinta y píxeles para dejarla en trece minutos. Casi un cuarto de hora de vídeo en la Internet de 2015, pura transgresión.

El catarro y la tos con la que venía no le impidieron hablar de todo lo que le apasiona: de su amistad con Juan Villoro y el viaje común que hicieron a Corea del Sur, de su faceta como fotógrafo, de El tercer hombre, de su pasado como director de una revista de gastronomía y de esas nuevas estrellas de rock que son los cocineros, de Boca Juniors —cómo no hablar de Boca— y del periodismo deportivo; de Bután, ese país tan pequeño y desconocido del que casi nadie habla y al que quiere ir para hablar de él.

También hablamos de nuestro proyecto en ALTAÏR MAGAZINE, de escribir contra las demandas del lector y complicándole la vida, de la crónica periodística que buscamos hacer y que tanto se opone a esa «crónica caniche» de la que le hablaba a Jorge Carrión en una entrevista hace no tanto:

«Esta crónica manierista que se regodea en la búsqueda de los personajes más extravagantes, que en lugar de contar nuestras sociedades quiere contar sus rarezas. No sé dónde empezó, pero me parece que la cuestión se agravó mucho últimamente, con esta eclosión cool de la crónica, con este acceso de la crónica a los salones elegantes de la literatura en castellano. Y te tomo la palabra “domesticación”: me gusta, me preocupa. Una domesticación formal, temática, política. Contra esa crónica que se reivindica marginal e intenta molestar, oponer, criticar, activar, una crónica caniche, bien peinada, ladrando agudito, tan a gusto en su cojín morado.»

Y, por supuesto, hablamos de El hambre. Del libro y del concepto, del hambre en general y del particular, del hambre en abstracto para el Primer Mundo y del hambre en concreto para los que no están en él:

«El hambre mata más personas cada año —cada día— que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos, y no existe. El hambre no participa del misterio, las sombras insondables, lo inmanejable de la enfermedad: la impotencia frente a lo incomprensible. El hambre se entiende demasiado, aunque no exista: es un invento del hombre, nuestro invento.»

Los hambrientos son una incomodidad para la sociedad occidental, es un lugar donde no se quiere mirar y se finge que no está. Señala Caparrós que vivimos en una falacia estadística que dice que el hambre está repartida en uno de cada nueve habitantes del planeta, cuando en realidad no se reparte sino que se concentra en «el Otro Mundo», los Otros, la molestia, el peso muerto.

Termina la entrevista, aunque queramos más, y Martín Caparrós deja caer como por accidente una frase que lo resume todo: «Al final uno nunca será el otro».

Puedes ver la entrevista completa a Martín Caparrós en nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE

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Ztory y Altaïr Magazine: nuevas formas de leer

Altaïr-+-Ztory

Llevamos unos días diciéndolo por todas nuestras redes sociales: desde este mes, ALTAÏR MAGAZINE entra a formar parte del elenco de revistas de Ztory, una aplicación para móviles y tabletas que ofrece una «tarifa plana» de revistas para leer sin límites más de 90 cabeceras diferentes. Revistas de literatura, deporte, juegos, ciencia, arte… Y, por supuesto, ALTAÏR MAGAZINE.

¿Qué ofrece ALTAÏR MAGAZINE en Ztory? Pues nuestros monográficos 360° en su versión LITE (sin audio y vídeo, que se pueden seguir disfrutando en www.altairmagazine.com). En el caso de nuestro número sobre México esto significa 244 páginas de texto e imágenes en un formato de gran calidad. Pero además de los 360˚, cada dos meses subiremos digitalizado alguno de nuestros números clásicos de la revista en papel. Para empezar ya hemos subido a Ztory nuestro mítico número 65 sobre Japón. Todo ello con la posibilidad de leer los contenidos en el ordenador (online) o en móviles y tabletas (online u offline, como prefieras, donde quieras), y con un sistema de navegación francamente intuitivo. Casi como tener las revistas físicamente, en una estantería bien a la vista.

¿Esto es, entonces, como «un Spotify de revistas»? Es la pregunta que más nos han hecho en los últimos días. En efecto, así es: se trata de poner en juego un nuevo modo de consumo cultural, tal y como hacen otras plataformas como la propia Spotify en el mundo de la música o, por ejemplo, Filmin en el del cine. Una tarifa única mensual que permite el acceso a una gran variedad de contenidos y que da la posibilidad de cambiar el paradigma habitual de lectura de revistas: ya no se trata de adquirir mensualmente la publicación que nos interesa, sino que el lector ahora tiene acceso inmediato a cabeceras y contenidos que no conocía. Se abre un nuevo mapa de posibilidades y nuevas formas de leer.

O dejamos con algunas preguntas frecuentes sobre Altaïr en Ztory y una estupenda oferta: 1 año de ALTAÏR MAGAZINE + ZTORY por 90 € (66 —¡66!— euros de ahorro).

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«Travelogues»: los conferenciantes de viajes

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El diccionario Merriam-Webster de inglés recoge el término «Travelogue» con la siguiente definición: «Una charla, película o texto sobre las experiencias de viaje de alguien».

Sin embargo, para los viajeros más románticos, los que se ensueñan pensando en finales del siglo XIX y principios del XX, cuando aún había zonas oscuras en los mapas europeos y se podían señalar territorios inexplorados pensando «Hic sunt dracones»… Para esos viajeros, «Travelogue» significa un señor sobre un atril, describiendo con una prosa cuidadísima su viaje por algún lugar inaudito de oriente o de África.

Lo explicaba Jorge Carrión en su nueva entrega de «La tradición inquieta» en ALTAÏR MAGAZINE, dedicada a Burton Holmes:

Durante el último cuarto del siglo XIX, un nutrido grupo de travel lecturers alimentaba el circuito de los teatros de los Estados Unidos. Acompañados por las imágenes que proyectaba la linterna mágica, narraban los paisajes y las costumbres de culturas lejanas, topografías que ellos habían recorrido para poder después contarlas. En la conferencia de viaje se confunden los motivos: el viajero se convierte en conferencista porque así puede sufragar sus periplos; pero con el tiempo los propios desplazamientos van siendo modificados por la necesidad del relato futuro.

El «travel lecturer» no es más que una prolongación natural del narrador que ha existido siempre en la Historia de la humanidad, un híbrido entre el cuentacuentos y viajero. Uno de sus pioneros fue Edward L. Wilson, editor del Philadelphia Photographer desde 1864. Wilson se recorrió el mundo y fotografió lo que veía para luego contarlo desde las páginas de su magazine y también desde la cátedra de auditorios y universidades. Sus escritos se recopilaron con este nombre tan significativo: Wilson’s Lantern Journeys, y se subtitulaba: «Una serie de descripciones de viajes en casa y en el extranjero». Y añadía estas instrucciones en la portada: «Para ser usado con vistas fotográficas en “touroscope”, “graphoscope”, “stereoscope” o “La Linterna Mágica”». Todo un sentido del espectáculo. En el listado de lugares de los que habla encontramos sitios tan dispares como Cádiz, Heliópolis, Samaria o Nubia.

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Ilustración de Wilson

Sin embargo el gran «travel lecturer» del cambio de siglo fue John L. Stoddard, tal y como señala Carrión:

A finales del siglo XIX, el gran mago de las conferencias de viaje era John L. Stoddard, quien —gracias al mérito de haber creado un público masivo— recorría incansablemente América del Norte con sus monólogos ilustrados por instantáneas de los cinco continentes.

Era una auténtica estrella y la gente se agolpaba en escaleras, pasillos y ventanas para escuchar todo lo que tenía que contar sobre Noruega o Atenas a los ciudadanos norteamericanos. Su obra se recopiló en diez volúmenes editados por la Balch Brothers Co. de Boston. La titularon John L. Stoddard Lectures y su subtítulo aclaraba: «Ilustrada y embellecida con las vistas de lugares famosos del mundo y de sus gentes». Sin embargo, dice Carrión, la fuerza de Stoddard se diluye leyéndolo: «El valor no estaba en la letra escrita, sino en la hablada. En la actuación.»

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Fotografía de Stoddard

Nueve años tenía Burton Holmes cuando asistió a una conferencia de Stoddard que cambió su vida y la historia de los «travelogues». Holmes se convirtió en el mayor «travel lecturer» de la historia y sus viajes, sus narraciones y su manera de contarlas e ilustrarlas con fotos y pequeñas películas aún resuena en los periodistas y cronistas de viajes actuales. Incluidos nosotros.

Desde sus primeras actuaciones, Holmes contó con la colaboración de Oscar Bennett Depue, quien fue su técnico durante muchos años. Gracias a su habilidad, en 1897, con una cámara llamada cronofotógrafo, la pareja se convirtió en pionera del séptimo arte. Como ha escrito Genoa Caldwell en el prólogo de Travelogues. Crónicas del mayor viajero de su tiempo (1892-1952), «en el caso de países como Corea, Japón, China y Filipinas, fue el responsable del primer metraje filmado en esos territorios». Mientras los hermanos Lumière filmaban las calles de París, Holmes y Depue documentaban lugares remotos del globo.

Así pues, se puede decir que Holmes inventó el documental de viajes, hace ya casi ciento veinte años. Y gracias a Internet podemos seguir leyendo sus palabras, viendo sus imágenes y contemplando, con el mismo asombro que vivieron sus coetáneos, las sorprendentes filmaciones que aquel viajero recogió en todo el mundo y enseñó a los demás. ¡Larga vida a los «travelogues»!

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La ilustración del viaje y los lugares

Tlatelolco-seismo baja

Las imágenes que van con los textos de ALTAÏR MAGAZINE nunca son superfluas, nunca son redundantes, nunca son meras píldoras gráficas para ayudar a descansar al cerebro de tanta lectura. En las Voces, en los Pasos, en cada artículo de los 360º, las fotografías y la ilustración tiene entidad por sí misma, tanta como para poder hacer un ALTAÏR MAGAZINE completamente gráfico.

La ilustración acompaña los textos con estrategias muy diferentes: en el caso de la Voz que Pedro Strukelj dedicó a la presencia del escritor sardo Marcello Fois en la librería Altaïr, es narrativa. Palabras e imágenes se funden en un todo orgánico, igual que el público y el autor en la conversación. En el de Tyto Alba, que dibujó para nosotros la cabecera de los Pasos publicados por Gabi Martínez, supone una marca de familiaridad con el lector: un nuevo artículo de Gabi nos remite a los temas de la mirada, el paisaje y el viaje resumidos por las acuarelas de Alba.

Mario Linhares, en los Pasos, nos dió un ejemplo clásico de cuaderno de viaje con sus apreciaciones del paisaje y el paisanaje portugués, mientras que en el 360º de México, Esteban Azuela traducía los conceptos de la marca criminal y la necropolítica que azota México con su combinación de armas y logotipos y el gigantesco Ak-47 en el que los carniceros desarrollan su trabajo. El dibujo nos acompaña al delirio de una violencia difícil de asumir con palabras.

Mario Trigo ha ilustrado el Paso de Arturo Páramo que publicamos la semana pasada, sobre el quincuagésimo aniversario del barrio de Tlatelolco, en México DF. Para él, hacer estas ilustraciones no pasan por un mero «eh, sácate un dibujo del barrio de Tlatelolco». Él lee el texto y trata de comprender antes de dibujar:

«Una de las claves de Tlatelolco, en la realidad y en el artículo de Arturo, es la superposición de tiempos arquitectónicos: en el espacio de la unidad habitacional se unen y mezclan los edificios prehispánicos, coloniales y contemporáneos… Muchas emociones y ecos acumulados: el esplendor del mercado tlatelolca, la violencia de la conquista, la proyección moderna de los grandes edificios y sobre todo los traumas de la matanza del 68 y el terremoto del 85. Son todos fantasmas contra el decorado de las grandes construcciones. El perfil de la ciudad es tanto el de sus edificios como el de sus protagonistas trágicos o heroícos».

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Panorama de Tlatelolco.

Una vez que se tiene una visión global y completa del tema que se está tratando, hay que hacer un trabajo similar al que hizo Arturo para componer el texto, que no es otro que tratar de transmitir una realidad a traves de la imagen, como Arturo hizo con palabras:

«El tema y el tono siempre conllevan decisiones en la ejecución. En la composición, en este caso: igualar personas y rascacielos, mezclar las perspectivas y plantar donde no se debería. Es otro modo de hacer paisaje, intentando teñir literalmente los edificios con la memoria pública del lugar. Y así una voluntaria puede ser tan alta como un edificio, una planta de elote puede crecer del pavimento y el logotipo de las olimpiadas del 68 es un faro siniestro. Habría miles de combinaciones posibles, también porque en Tlatelolco hay ya una reserva fotográfica en la que bucear como inspiración. En las instantáneas de la noche del 2 de octubre del 68, por ejemplo, podemos descubrir un gesto definitorio: la desnudez de los detenidos, manos contra la pared, contra los muros. Un gesto que resume un evento y los sentimientos que le acompañan en la memoria política».

Una ilustración en ALTAÏR MAGAZINE es también una toma de posición sobre el contenido del artículo que ilustra. Las ilustraciones son otro modo de hacer periodismo de largo aliento, de defender una manera muy concreta de contar el mundo.

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Tlatelolco: el ave fénix del DF

Tlatelolco maíz baja

Para quienes habitan aquí desde hace 50 años, cuando fue inaugurado el conjunto habitacional, es fácil entender la repulsa que da a los capitalinos la simple idea de vivir en un sitio donde se asesinó a jóvenes a quemarropa, donde un edificio con 288 apartamentos se vino abajo, o donde, se dice, hay asaltos en cada jardín o pasillo.

Es difícil sobrevivir a la propia historia negra. El barrio de Tlatelolco, en México DF, lleva más de cuarenta años intentándolo. En noviembre se cumplieron cincuenta años de la creación del barrio, sueño del mejor lugar posible para vivir en la capital mexicana. En octubre se cumplieron cuarenta y seis años de una efeméride mucho más recordada, mucho más dolorosa: la de la matanza de entre doscientos y trescientos manifestantes por disparos del ejército en la Plaza de las Tres Culturas, hoy monumento silencioso que no deja olvidar.

Yo no recuerdo la primera ocasión en que pisé Tlatelolco. Lo conocía, o creí conocerlo, por los libros de la escuela primaria. Ahí se hablaba de su enorme tianguis (mercado) a donde llegaban productos de toda la cuenca de México. Era una especie de ensoñación de un pasado idílico entre lagos, adoratorios y el aire que Humboldt calificó como el más transparente del mundo.

Habla Arturo Páramo, periodista. Las celebraciones han pasado, los fastos han terminado y los recordatorios del dolor vuelven a ser los normales, y no los del aniversario. En ALTAÏR MAGAZINE dejamos que el polvo de las efemérides se aposente y Arturo va a Tlatelolco para ver que es lo que queda después de lo del 68. Y también después de lo que pasó en 1985.

El siguiente golpe duro, asestado por un mano diferente, sucedió el 19 de septiembre de 1985 a las 07:19 de la mañana. Un sismo de 8,1 grados en la escala de Richter cimbró los cimientos del edificio Nuevo León, crujió la estructura, reventó su alma de acero y lo derrumbó como un animal prehistórico herido de muerte.

¿Cómo se sobrevive a la propia historia trágica? El paseo del periodista por el barrio descubre nuevos florecimientos, nuevos recovecos que brillan, nuevas posibilidades. El barrio como ave fénix que, más que resistirse a morir, se empeña en resucitar.

«50 años de Tlatelolco, el faro del DF». Escribe Arturo Páramo y dibuja Mario Trigo. Un nuevo Paso en ALTAÏR MAGAZINE.

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¡Las fotos de #NavidadAltair!

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De Jaén a Australia… nuestros seguidores en Twitter se han sacado fotos navideñas literalmente desde cada punto del globo. Las fotos del concurso #NavidadAltair han sido divertidas, lejanas, exóticas, cercanas, familiares y hasta con algún toque vintage. ¡Vamos a verlas!

1. Hanoi, Vietnam, por @cristina__jorda: disfraces de Santa Claus a porrillo, como si fueran trajes de flamenca la semana antes de la Feria de Abril de Sevilla.

cristina__jorda

2. Montviso, Italia, por @BabiloniasT: si Heidi no vive en esa casa nos comemos el sombrero.

babiloniast

3. ¡El océano!, por @jdecelisr: No nos ha dicho dónde están, pero esos dos Papá Noeles surferos son el sueño navideño de generaciones de californianos y de amantes de los Beach Boys.

jdecelisr

4. Jaén, España, por @lettera451: la abuela de nuestra follower y sus colegas cantando mononas, villancico típico de la zona, y dándolo todo.

lettera451

5. El Castillo, Rio San Juan de Nicaragua, por @ahoratocaviajar: no se puede esperar NADA con más ganas de las que tienen los protagonistas de la foto.

ahoratocaviajar

6. Bergen, Noruega, por @MabrilMartn: la clásica navidad apacible en los países escandinavos, llena de sol y de cielos azules.

MabrilMartn

7. Tavira, Portugal, por @conectadasblog: íbamos a hacer un chiste sobre esta foto también, pero es que ese atardecer navideño quita el hipo.

conectadasblog

8. Desierto de Australia, por @dosdeviatge: navidades al estilo clásico: en camiseta y con cuarenta grados centígrados.

dosdeviatge

¡Eso ha sido todo por este año en nuestro concurso! ¡Enhorabuena a los premiados y no paremos de viajar!

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Cerrando el año entre viajes y crónicas

Ya llevábamos algunas semanas apareciendo en las redes, haciendo Voces, creando Pasos, avisando de que llegábamos. Anunciando que empezaríamos por irnos a México pero que eso solo era el principio. Entonces, un 3 de julio, nos presentamos en sociedad, en la librería de siempre —nobleza obliga— para no olvidarnos de donde venimos, pero con el propósito firme de salir de sus muros y trasladarnos al resto de lugares de habla hispana. Nacía ALTAÏR MAGAZINE y nuestra nueva casa era la Red.

Lo dijimos desde el principio, como base inamovible: el nuestro es periodismo de largo aliento y de gran recorrido, «cada historia es repasada, leída, editada, y puesta en duda varias veces antes de ver la luz. Lo mismo con cada fotografía, con el orden en el que van colocadas para fortalecer la narración; con el audiovisual ocurre del mismo modo. No precipitarnos es una decisión tomada a conciencia: si no trabajamos duro para entregaros las mejores historias, ¿por qué habríais de acompañarnos?».

Y a pesar de ello, en apenas medio año hemos producido tres monográficos completos y complejos sobre tres puntos muy diferentes del globo (México, Cerdeña y Dakar); numerosos Pasos reinventando los géneros, donde mezclamos crónica y reseña, ficción y ensayo, ilustración y prosa; y decenas de Voces de todo el mundo contando sus realidades, publicadas en abierto y gratuitas para todos los lectores. Esto es un pequeño resumen de todo ello, de lo que ALTAÏR MAGAZINE quiere ser y ha ofrecido a sus lectores:

-       En nuestros monográficos hemos ensayado nuevas formas de contar los lugares, usando nuevos formatos, como el mapa interactivo de contenidos sobre Dakar que presentamos en su 360º. También hemos dado la relevancia que se merece a la fotografía, buscando que no sea una simple ilustración sino un modo más de narrar, como la sorprendente historia de los Luchadores del polvo de Lizeth Arauz en nuestro especial sobre México. Y por supuesto no olvidamos a nuestros autores, que cuentan la realidad desde dentro y no como meros visitantes: desde Ana Claudia Rodríguez haciendo una crónica tanto personal como histórica de la emigración sarda en Argentina, hasta Simona Manna, ilustrando todo un territorio a partir de una conversación íntima y familiar. Por no hablar de nuestra apuesta por la producción local en nuestro 360º sobre Dakar, donde por una vez África no está contada desde Europa, sino desde dentro, con las voces de intelectuales como Boubacar Boris Diop, Oumar Ndao, Ken Bugul y muchos otros.

-       En nuestros Pasos hemos tenido el privilegio de contar, entre muchos otros, con dos de las mejores plumas en español a la hora de hablar y reflexionar sobre la literatura de viajes. Jorge Carrión y su serie de «La tradición inquieta», con grandes escritores y viajeros como Juan Goytisolo o Jan Morris; y Gabi Martínez y sus artículos a medio camino entre la narración y la crónica, como aquel texto espectacular sobre el zoólogo Vicente Uríos y la «resurrección» de algunas especies extintas. Eso son los Pasos en ALTAÏR, una revisión de los modos de contar, que tan bien ejemplifica el reportaje que dedicó Ralph Zapata Ruiz a la pobreza en el valle peruano de Lares: directo, preciso y sin melodrama.

-       Y nuestras Voces, nuestra cara más visible, textos en abierto y gratuitos para todos los lectores donde caben desde reseñas, como la de Belén Herrera sobre Un dragón latente de Norman Lewis, hasta crónicas de eventos relacionados con Altaïr, como la que dibujó —sí, dibujóPedro Strukelj cuando nos visitó el escritor Marcello Fois. Un espacio para voces del periodismo viajero latinoamericano, como Carolina Reymúndez y su «fin de la veranada» en Chile. Un espacio también para la producción propia de ALTAÏR MAGAZINE, como ese viaje mágico, literario y árido que hicieron nuestras redactoras por la soledad de Sobrepuerto, en el Pirineo aragonés.

Medio año. Seis meses que nos han parecido una vida, la primera de la que vamos a vivir con nuestros lectores y nuestros autores. Porque ALTAÏR MAGAZINE no es solo «una revista de viajes»: es una manera de entender el viaje, el periodismo y la vida.

¡Feliz 2015 a todas y todos!

 

 

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«Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?»

boubacar sepiaAunque no podemos vernos las caras —la cámara de su ordenador no funciona— la conversación empieza a fluir: comentamos su autoexilio voluntario en la tranquila cuidad de Saint Louis, donde se dedica a la docencia y en la que «aún se puede ver el mar»; detalles casi inconfesables relacionados con nuestra pasión común por el fútbol; la admiración compartida por la ironía de Borges; y, entre risas, de una antigua portada del número 16 de la ya desaparecida revista francesa Sépia que tengo en mis manos y dónde hace 20 años se le veía «muy joven» bajo un titular que sirve de inicio a esta larga conversación y preguntaba: «Qui êtes-vous, Boubacar Boris Diop?» 

Esa portada la tenía guardada Pere Ortín, nuestro director, y es la que ilustra esta entrada del blog. ¡La tenía guardada! Sí que se ve joven a Boubacar, quien con el tiempo se ha convertido en uno de los intelectuales de referencia de nuestro tiempo, no sólo africano, sino en todo el mundo. Novelista, ensayista, filósofo, periodista… ¿Quién eres, Boubacar Boris Diop?

—Soy la suma de los libros que he escrito, de las vidas que he vivido, de toda gente que he conocido y de las muchas experiencias que he tenido y que me cambiaron. Soy ese itinerario vital. Soy también un niño de la Medina de Dakar y eso es una forma de rebelión. Ser un niño de la Medina es, de algún modo, estar en disidencia perpetua.

A lo largo de la larga conversación que tienen ambos —bendito Skype, bendito Internet— van surgiendo paulatinamente los temas recurrentes de Boubacar Boris Diop: su nostalgia de la Dakar de su infancia, el gusto por la lectura aprendido de su padre; la convivencia de la revolución, la esperanza, el desencanto y el fracaso en sus libros; la influencia de las obras de Cheikh Hamidou Kane y otros autores senegaleses; y sobre todo el hartazgo del pesimismo occidental hacia África, de la condena previa que se hace del africano, señalado como sin futuro y fracasado antes de empezar siquiera a vivir.

En todos estos años reprocho al afropesimismo el querer juzgar y condenar a África tras sólo unos decenios de falsa independencia (después de siglos de relación destructiva con Europa). Es, al menos, prematuro.

Es imposible resumir aquí la profundidad y la complejidad de los temas tratados en la conversación entre Pere Ortín y Boubacar Boris Diop (¿Cuándo una entrevista deja de serlo para pasar a ser una conversación?). Queda aún en el tintero la relación con Europa, con Francia, el horror de la muerte en el océano buscando un futuro en el viejo continente. O la lengua, el abandono progresivo del francés en beneficio del wólof, en busca de poder expresar quién es en la lengua original de su tierra. Porque, como él mismo dice, «decidí cambiar al wólof para poder merecerme también el respeto de los demás. Se trata de incluir en el ámbito del saber y de la creación literaria a la inmensa mayoría de nuestro pueblo

Lee, mira y escucha la entrevista completa de Pere Ortín a Boubacar Boris Diop en nuestro 360º dedicado a Dakar en ALTAÏR MAGAZINE.

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Concurso #NavidadAltair

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Ver los ritos de Sumatra, pasear por México DF, bañarse en el mar de Johannesburgo o comer bacalhau en Oporto… No hay dos navidades iguales; basta con alejarse unos cuantos kilómetros (o unos cuantos miles).

¡Queremos ver tus navidades más viajeras! En ALTAÏR MAGAZINE hemos lanzado un concurso para que nos enseñes una foto de las navidades más exóticas (o no) que hayas pasado. ¿Bañándote en el mar al cambiar de año? ¿Al lado de un volcán? ¿Comiendo lentejas en el sur de Italia? ¿En una cabaña en los bosques de Maine? ¿Corriendo la San Silvestre-Vallecana en Madrid? ¡Todo nos vale!

REGALAMOS 3 SUSCRIPCIONES ANUALES A ALTAÏR MAGAZINE ENTRE LOS PARTICIPANTES

Participar es así de fácil:

  1. Síguenos en nuestra cuenta de Twitter: @altairmagazine
  2. Publica una foto de tus navidades más viajeras en tu cuenta de twitter con el hashtag #NavidadAltair

 

¡Tienes hasta el 6 de enero para publicar tu foto! ¡Participa y gana una suscripción a Altaïr Magazine valorada en 60€!

 

BASES DEL CONCURSO #NAVIDADALTAIR

Premios: se establecen tres premios consistentes en una suscripción anual a la revista digital ALTAÏR MAGAZINE para cada uno de los premiados, efectiva desde el día 12 de enero de 2015. Dicha suscripción tiene un pvp habitual de 60 euros.

Selección de los premiados: las tres personas premiadas se seleccionarán por sorteo entre todos aquellos participantes en el concurso que cumplan con las condiciones establecidas en estas bases en tiempo y forma. El sorteo se celebrará en las oficinas de ALTAÏR MAGAZINE al día siguiente del final del plazo del concurso y en presencia del equipo de la revista.

Reglas de participación:

-       El concurso se desarrollará en la red social Twitter.

-       Para poder participar es necesario publicar una foto personal (tomada por el/la participante o en la que él o ella aparezcan) en la propia cuenta de Twitter acompañada del hashtag «NavidadAltair».

-       Los participantes tendrán que ser seguidores de la cuenta @AltairMagazine de Twitter cuando se celebre el sorteo para que su participación sea válida.

-       El tema de la fotografía será «Navidades viajeras» y deberá ser una imagen tomada durante las fiestas navideñas o de año nuevo en algún lugar del mundo curioso, exótico o divertido.

-       Solo se puede participar con UNA foto y UNA sola vez.

-       ALTAÏR MAGAZINE se reserva el derecho a descalificar a cualquier persona participante si incumple de algún modo alguna de estas reglas.

Plazos: el concurso #NavidadAltair comenzará el jueves 18 de diciembre y terminará el martes 6 de enero, ambas fechas inclusive. Todas las fotos subidas a Twitter que cumplan las condiciones establecidas en estas bases entrarán en el sorteo, que se celebrará los días 7 u 8 de enero de 2015. Los ganadores serán contactados vía Twitter y anunciados públicamente en las redes sociales de ALTAÏR MAGAZINE

Derechos: ALTAÏR MAGAZINE se reserva el derecho a utilizar las fotos participantes en el concurso para elaborar una o más entradas en el blog de la revista (www.altairmagazine.com/blog) con una selección de los participantes, a modo de resumen y comentario del concurso. Altaïr podrá hacer otros usos de las fotografías sólo previa comunicación y acuerdo con sus autores.

La participación en este concurso implica la aceptación de estas normas por parte de sus participantes.

 

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