Magazine Altaïr

El blog de la redacción


Los libros que lee la redacción

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Fotografía de Jorge Mejía Peralta (CC-BY 2.0)

Es una pregunta común, miles de personas la hacen cada día en todo el mundo. «¿Qué estás leyendo ahora mismo?» Y en seguida te cuentan lo que leen pero también lo que rodea a lo que leen. «Yo no leo ficción, me aburre», dice uno; «Yo al contrario, sólo me engancho a novelas, los ensayos no son para mí», contesta otra. «Apenas tengo tiempo para leer, sobrevivo con lo que leo en el metro y cinco minutos antes de dormir.» «Yo me levanto a las seis y media para poder leer un rato antes de empezar la jornada.» «Yo soy de noches en vela sin poder parar de leer y luego, claro, al día siguiente voy a trabajar dando tumbos.» Porque leer es a veces mucho más un «cómo» que un «qué».

Así que hemos cogido a parte de la redacción de ALTAÏR MAGAZINE y les hemos preguntado qué están leyendo. Y con sus respuestas hemos elaborado un catálogo de lecturas recomendadas para el día del libro. ¡Que las disfrutéis!

Mario: El espíritu viajero impregna sus lecturas, y navega desde el recorrido sentimental y emocional que hace John Berger por Europa en Aquí nos vemos (Alfaguara, 2005) hasta el crudo ensayo gráfico sobre la turbia Rusia actual que hace Igort en Cuadernos rusos (Salamandra, 2011. Aquí sus primeras páginas), pasando por la Nigeria inmersa en la guerra civil en los años sesenta en Medio sol amarillo (Random House, 2014) de la gran Chimamanda Ngozi Adichie. Aunque dice que el próximo que le apetece leer es la autobiografía de Lemmy, fundador y alma de Motörhead, que acaba de sacar Es Pop (aquí su primer capítulo).

Bárbara: Historia y antropología, esos son los dos temas por los que navega en sus lecturas, sean del género que sean: en ensayo, con La sociedad de castas (Kairos, 2014) de Agustín Pániker, sobre la india; o Las mujeres en el antiguo Egipto (AKAL, 1996), de Gay Robins. En novela histórica, con El cátaro imperfecto (Ediciones B, 2013) de Víctor Amela. E incluso en poesía, con los muy fálicos poemas dedicados al dios Príamo, Poemes priapeus (Adresiara, 205, edición catalana).

Pere: El periodismo entrelazado con el viaje, esa es la obsesión de Pere, que no puede dejar de ser las dos cosas todo el tiempo: periodista y viajero. Por eso sus libros de estos últimos meses giran en torno a esas dos facetas, y de ahí que sus recomendaciones pasen por Martín Caparrós y la dupla El interior (Malpaso, 2014) y El hambre (Anagrama, 2015), por la crónica asombrada del Levante español de Íñigo Domínguez en su Mediterráneo descapotable (Libros del KO, 2015), o las reflexiones sobre el oficio de escribir que hace Leila Guerreiro en Zona de obras (Círculo de Tiza, 2014), entre otras muchas cosas.

Belén: Como lectora, Belén «come de todo», y mezcla ensayo con ficción y con cómic sin ningún problema. Acaba de terminar de leer Sin ti no hay nosotros (Blackie Books, 2015), el testimonio sobrecogedor de la profesora Suki Kim en su afán por enseñar valores prohibidos a un grupo de estudiantes norcoreanos; pero recomienda encarecidamente El quinto en discordia (Libros del Asteroide, 2006), una muestra magnífica de la espléndida prosa del canadiense Robertson Davies. Su próximo objetivo es el último cómic de la serie «Love & Rockets» de Jaime Hernández, Chapuzas de amor (La Cúpula, 2015).

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El documental o la realidad personalizada

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Hoy comienza la Mostra de Documentals de Sagunt «.DOC», en la que ALTAÏR MAGAZINE participa como Medio Oficial y cuyo programa puedes consultar aquí.

«Los documentales son una herramienta formidable para intentar comprender el complejo mundo que nos rodea. Ofrecen respuestas y alimentan incógnitas que nos permiten reflexiones necesarias. Son testimonios que reflejan realidades, quizá la característica fundamental de casi todos ellos.»

Nuestro colaborador Fran García empieza su Voz de hoy en ALTAÏR MAGAZINE con estas palabras, una declaración clara y sin fisuras: los documentales son un medio de comprensión del mundo y verlos es un modo de observar y analizar la realidad que nos rodea desde un prisma más completo.

Hace poco más de una década, el cineasta Michael Moore ganó el Oscar a la mejor película documental por un largo llamado Bowling for Columbine, que fue un éxito de taquilla inesperado en todo el mundo, precisamente por su condición de documental, ese hermano pobre y sin ribetes dorados del cine de ficción. La película partía de la terrible matanza cometida por dos estudiantes del Instituto Columbine, en Colorado, quienes asesinaron a quince personas en abril de 1999, para intentar comprender las razones últimas de la violencia existente en la sociedad norteamericana. Pero lo cierto es que la película no «es» la realidad. El documental narra el propio viaje del director por esa realidad, su descubrimiento de lo que ocurrió, sus conclusiones. Porque el documental, el buen documental, es mucho más un ensayo o una tesis que un libro de historia.

Uno de los grandes éxitos sorpresa de la temporada pasada en el cine fue Searching for Sugar Man. La película, dirigida por el malogrado Malik Bendjelloul, cuenta la historia de Sixto Rodríguez, «Sugar Man», un músico que grabó un único disco en los años sesenta y que luego desapareció, y cuya música se convirtió en un fenómeno de masas en Sudáfrica en los años ochenta. Pero en realidad la película no es sobre Rodríguez, sino sobre los dos fans sudafricanos que a principios de los noventa decidieron investigar qué había sucedido con aquel cantante, y el documental refleja el viaje de esos dos hombres, sus descubrimientos, su sorpresa. No cuenta la realidad que sucedió, sino la realidad que vivieron ellos.

¿Es La sal de la tierra un documental sobre la vida del fotógrafo Sebastião Salgado o en realidad está hablando de un hijo hablando de su padre? ¿Es The Act of Killing un documental sobre las atrocidades de la dictadura indonesia o un ensayo sobre el horror que siente su director, Joshua Oppenheimer, al escuchar los relatos de aquellos verdugos? ¿Es Seré asesinado un retrato de la corrupción y la mafia en Guatemala o es una expresión del puzzle policíaco que tuvo que resolver el realizador Justin Webster para poder filmarlo? ¿Es El impostor un documental sobre un suceso de la Norteamérica más profunda o es en realidad el modo que tiene su director, Bart Layton, de hablar de su propio escalofrío ante el miedo al doppelgänger, al otro yo que usurpa tu lugar en el mundo? ¿Es, en fin, The story of film una serie sobre la historia del cine o es la historia del cine que Mark Cousins cree que merece la pena ser contada?

(La plataforma de VOD Filmin cuenta con una selección de casi seiscientos documentales a disposición de sus usuarios)

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LAS INFILTRADAS

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Conservé mi identidad, mi nombre y mis documentos, pero me escribí en el paro con un título de bachillerato por todo bagaje. Aseguré que me acababa de separar de un hombre con el que había convivido durante veinte años que satisfacía todas mis necesidades, lo que explicaba que no pudiera acreditar ninguna actividad profesional durante todo ese tiempo.

Me teñí de rubio. Ya no me quité las gafas. No cobré ningún subsidio.

Estas palabras de Florence Aubernas explican el modus operandi con el que afronta un trabajo periodístico —camuflándose— que la llevará a conocer la precariedad del mercado laboral no cualificado en la Francia de comienzos del siglo XXI. Aubernas no es la primera ni la última en utilizar esta ¿técnica?, que más bien es una apuesta radical por la inmersión, a medio camino entre la denuncia y la performance. Tampoco ha sido exclusiva de las mujeres periodistas, pero ellas han conseguido visibilizar realidades femeninas de la economía y la sociedad que permanecían escondidas de un modo particular. Hablamos de las enfermas mentales de Nellie Bly, de las presas de Magda Donato, de las limpiadoras de hotel de Barbara Ehrenreich.

Sí, todo esto empieza el día que te despiden, chau, usted, ya no puede estar aquí, ni siquiera gratis, ni siquiera para fingir que trabaja. Primero te despiden. A la puta calle UNO. Luego te comes el paro. Luego te meriendas los ahorros. Luego te cortan los suministros y te desahucian. Nam, ñam, ñam. A la puta calle DOS.

La que escribe estas palabras es la periodista española Cristina Fallarás, que da un paso más aún y en su libro A la puta calle describe el proceso que la lleva a su propio desahucio, fruto de las crisis conjuntas del periodismo y la economía del boom inmobiliario. Desaparece el fingimiento y queda la narradora, la periodista, exponiendo la realidad desde su propia piel y esperando que la crónica de ese viaje al infierno resuene en el resto de la sociedad.

CRÓNICA DE UN VIAJE AL INFIERNO, de María Angulo: un nuevo Paso de Altaïr Magazine.

 

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JON LEE ANDERSON, EL GRINGO MÁS RARO DEL MUNDO

Durante el festival de literatura amplificada Kosmópolis 2015, que se celebró en Barcelona en fechas recientes, Pere Ortín y Paty Godoy tuvieron la ocasión de encontrarse con Jon Lee Anderson para realizar una entrevista que podrá verse próximamente en Altaïr Magazine. Aquí ofrecemos una crónica de backstage realizada por Berta Jiménez, de la revista Zero Grados.

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«Negociemos… ¿Cuál es el precio de mi ausencia?»

Cuando se entera de que vamos a entrevistar a Jon Lee Anderson sin él y mientras intenta conseguir su habitual café americano, Martín Caparrós bromea con Pere Ortín, director de Altaïr Magazine, sobre el encuentro que esa tarde y en el festival de literatura Kosmópolis, ambos tendrán para charlar sobre el hambre y la guerra.

Entre risas y referencias boxísticas sobre la velada que nos espera con dos pesos pesados de la literatura periodística, dejamos al cronista del hambre de camino a una hackaton de «periodismo de datos» (sic) y nos encaminamos a nuestro encuentro con el cronista de la guerra.

La entrevista con Jon Lee Anderson está programada para las once y media, pero el reportero de The New Yorker se retrasa casi una hora, y eso que su reloj de muñeca, de tira de cuero roja bien desgastada, está en hora. Él, consciente de nuestra cita, nos esperaba en su hotel, no en el CCCB de Barcelona. Malentendidos inevitables.

Al fin llega, con su cara de yankee de Long Beach, su acento de colombiano de Barranquilla y su camisa africana comprada en Liberia. Una mezcla de miradas, culturas y pensamientos, que bien describe lo que ha sido su vida.

«Eres un gringo bien raro», ríe Pere Ortín mientras discuten por un café con una de esas máquina suizas infernales que han encapsulado el sabor de una infusión. Hijo de una «multitalentosa» escritora de novelas juveniles y de un «nómada»; hermano de dos norteamericanos, una china y una costarricense, Jon Lee Anderson vivió en ocho países hasta los 18 años y no olvida cómo a los doce años, cuando vivía en Estados Unidos, lo llamaban «el chino blanco» (white chink) por haber interiorizado tanto la cultura asiática. Eso sí, tiene claro que con su aspecto nunca deja de ser «gringo en todas partes» a las que viaja.

Una vez preparado el equipo y sentados los conversadores —Ortín y Anderson— la entrevista todavía se demora. Ambos charlan de amigos cronistas comunes, de la crudeza de un país al que adoran, México, y que pasa por momentos muy difíciles: «Monterrey es una ciudad Zeta» concluye Jon Lee Anderson. Entre disquisiciones varias, Ortín le hace entrega de un regalo especial: Cinco Viajes al infierno, el libro de Martha Gellhorn, una de las periodistas más admiradas por Anderson y en una edición en español —de la colección Heterodoxos de Altaïr— que Anderson no conocía.

A pesar de que el tiempo no corría a nuestro favor, la conversación sigue siendo tranquila y distendida —porque si algo es Jon Lee Anderson es tranquilo—; el tono y la atmósfera del encuentro son los propios de una charla entre amigos.

Bucean en la actualidad política, de Siria a Ucrania, de Guinea Ecuatorial a México, hablan del «poder transformador de la empatía», de las diferencias entre «mirar»y «ver» y de los ojos con los que hay que observar el mundo para ser un buen cronista —que en el caso de Jon Lee Anderson, según afirma, son los de «un niño», con esa capacidad de sorprenderse y esa dificultad de atarse a una sola realidad—.

Durante la entrevista, Anderson confiesa que el hecho de que su nombre aparezca entre el de grandes figuras del nuevo periodismo literario como Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote o Gay Talese es una «errata» que le hace muy feliz, aunque añade que es muy joven para pertenecer esa lista.

Anderson y Ortín discuten, mucho más allá del tiempo previsto, sobre cosmopolitismo, los peligros de la vuelta de los nacionalismos identitarios, el gran peso de la historia y lo difícil que resulta reconocerla. Comparten su oposición frontal a todo dogmatismo. «Somos más patológicos de lo que creemos», afirma Anderson, que, tras expresar opiniones contundentes y nada políticamente correctas sobre lo que sucede en el mundo musulmán, opina que el mal cercano siempre resulta el más incómodo: «Los judíos en Europa son molestos porque recuerdan el Holocausto. Hablar de eso sería uncool en una redacción».

Jon Lee Anderson se mueve mucho y gesticula cuando habla. Los focos con los que se ilumina la grabación de vídeo hacen que en la pared y detrás de su cabeza se cree un juego de sombras chinescas que provocan que tengamos ante nosotros a un Jon Lee Anderson completo y natural, desde sus orígenes nómadas a la actualidad de gran reportero de The New Yorker. Una entrevista larga y profunda, tan larga y profunda como una conversación entre amigos a la que, por desgracia, no pudo asistir Martín Caparrós.

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Paraguay: un índice para una isla rodeada de tierra (y II)

Preparando-las-antorchas-para-la-procesión---(c)-Nathalia-Aguilar

Ulises estuvo fuera de Ítaca veinte años. Yo me fui de Paraguay cuando tenía veinte años. Seis años después vuelvo a verlo, vuelvo a sentir su aire tropical, los recuerdos de mi infancia se vuelven a activar en mi memoria como por arte de magia.

Mi ciudad no ha cambiado nada. Parece ser que me ha esperado tal como yo la dejé, para que no la confundiera con otra. Las mismas calles con baches, siempre el mismo caño roto por donde sale agua a borbotones, el mismo mango que en pleno agosto florece en una esquina. Eso sí, las calles están menos sucias que antes.

La noche se llena de ladridos. Me retiro a mi habitación, apago la luz. En la oscuridad abro los ojos, y soy feliz. Mañana volveré a nacer, pienso.

El poeta y novelista Cristian David López regresa a Asunción seis años después de haberse marchado y hace uno de esos viajes tan extraños a la propia casa, donde miras con ojos de turista asombrado todo aquello que conoces de sobra. Nos lo cuenta en MOSAICO PARAGUAYO, su texto para este 360º monográfico sobre Paraguay de ALTAÏR MAGAZINE cuyos contenidos empezamos a presentar en este blog hace un par de días. Pero aún nos queda mucho más por contar sobre este monográfico lleno de textos, de vídeos, de fotografías, de mapas interactivos, de viaje:

FUERA DE CAMPO. CAMPESINOS QUE RECUERDAN CÓMO NO OLVIDARPere Ortín reseña un documental sobre la terrible matanza que el viernes 15 de junio de 2012 acabó con la vida de 17 personas en Curuguaty y entrevista a Hugo Giménez, su director.

CHAIDI. EL PENÚLTIMO REFUGIO AYOREO – Una producción propia de ALTAÏR MAGAZINE sobre Chaidi, la comunidad que visitamos en esta historia acompañados de Tagüide Picanerai, el primer ayoreo universitario.

MONDO EUSEBIO. UNA AVENIDA LATINA, NEORREALISTA Y DECADENTE – Un fotolibro de Martín Crespo sobre la interminable avenida Eusebio Ayala de Asunción, arteria de la ciudad y la cara más descarnada y hostil de la misma.

MAPAS, TIERRAS Y TERRITORIOS – Una conversación entre Pere Ortín y el jurista español Mikel Berraondo, especialista en Derechos Humanos indígenas.

LOS CARTONEROS (SILUETEARON CON CUTTER ASUNCIÓN)Cristino Bogado nos lleva al mundo de los editores cartoneros paraguayos, maestros del libro-objeto en el que se unen artista y poeta.

UN MURAL VIVIENTE. LA HERENCIA JESUÍTICA Y LA TRADICIÓN INDÍGENA – La fotógrafa y abogada Nathalia Aguilar nos conduce por la historia e influencia de la Compañía de Jesús en el Paraguay de ayer y hoy.

LOS ACHÉ. GENTES CON NOMBRE DE AVES - Un paraguayo aché, Rubén Chachugi, y un español, Alberto Madroño, hablando de la comunidad aché y de su asombroso conocimiento ornitológico.

LA SOPA QUE NO ES SOPA - Chris Jacquier y Mariluz Martín se adentran en el popular Mercado 4 de Asunción en busca de la sopa paraguaya, esa sopa que es sólida y se toma junto con tereré helado.

 

Y aún así, quince artículos, un editorial y un mapa interactivo después, nos quedamos con la impresión de que sobre Paraguay uno nunca terminaría de contar, intentando siempre comprender la esencia de esa nación marcada por la melancolía, esa «isla rodeada de tierra» que una vez definió Augusto Roa Bastos…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Paraguay.

 

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Paraguay: un índice para una isla rodeada de tierra (I)

Los invisibles - Humedales de Ñeembucú (c) Marcelo Sandoval

Dice nuestro editorial, con el que se abre el monográfico 360º sobre Paraguay de ALTAÏR MAGAZINE: «Encerrado y construido entre vecinos poderosos, Paraguay exhibe una historia particular que a la vez recuerda las esperanzas y tropiezos de toda Latinoamérica. La riqueza de su patrimonio natural y cultural sólo es equiparable a la precariedad que lo amenaza en un futuro que a veces llega con el rugido de las excavadoras».

Hemos intentado contar Paraguay, esa isla rodeada de tierra de la que hablaba Augusto Roa Bastos, yendo hacia allí a conocer esa tierra desértica y húmeda en función de dónde se mire, preguntando a los autores locales, a los fotógrafos, a los intelectuales, a los activistas, a los artistas, a los cineastas. Buscando en las raíces indígenas y en la cultura contemporánea, en sus pobladores originarios y en los que llegaron oliendo el negocio, en el español y en todas y cada una de sus lenguas. Diecisiete capítulos llenos de texto, videoreportajes, entrevistas y fotos exclusivas. Un mapa interactivo del país y de la capital. Un nuevo 360º donde «junto a vosotros, lectores, intentamos como siempre ir un poco más allá por esta carretera que se adentra en la selva».

Estos son algunos de sus contenidos:

EL MAPA DEL 360º – Un nuevo mapa interactivo de los contenidos de este especial monográfico donde poder situar cada texto y cada artículo sobre la geografía paraguaya.

PAZ ENCINA. PARAGUAY DESDE UNA HAMACAPere Ortín entrevista a Paz Encina, la directora de la muy premiada La hamaca paraguaya, y presentamos dos cortometrajes de su trabajo Tristezas de una lucha, hecho a partir de interrogatorios reales de la época de la dictadura y de otros materiales de archivo.

LA CHINA DE AMÉRICA. HITOS Y CORRIENTES DE LA HISTORIA PARAGUAYA – Por un lado ofrecemos un timeline de la historia paraguaya, tan desconocida fuera de sus fronteras y aún más lejos de Sudamérica; por otro el historiador Ignacio Telesca nos ayuda a interpretar esos datos y fechas para comprender el Paraguay de hoy.

LOS INVISIBLES. UN EXTRAÑO DOCUMENTAL EN LOS HUMEDALES – El fotógrafo Marcelo David Sandoval reflexiona sobre su propio (y «extraño») fotodocumental sobre la población de Villa Oliva, en pleno humedal de Ñeembucú.

A PROPÓSITO DE ASUNCIÓN. CON LA CÁMARA EN EL BOLSILLOMartín Crespo, argentino habitante de Paraguay, recorre Asunción con una cámara compacta en el bolsillo para retratar a los vecinos y a la ciudad que lo ha acogido por más de catorce años.

EL MUSEO DEL BARRO. UN LABERINTO PARA PERDERSELia Colombino, directora del Museo de Arte Indígena del CAV/Museo del Barro, nos lleva por la historia de un lugar que ha elegido superar la idea de ser un museo etnográfico para hablar directamente de arte indígena, entre paredes que niegan un recorrido preestablecido e invitan a perderse entre las obras.

EL GRAN CHACO. LA ENORME LLANURA SUDAMERICANA – El Gran Chaco «es sequía y es inundación, escenario de batallas antiguas y de luchas nuevas». El equipo de ALTAÏR MAGAZINE se interna cámara en mano por el segundo mayor ecosistema sudamericano tras el Amazonas.

Todo esto no es más que una parte de lo mucho que ofrecemos en nuestro monográfico 360º sobre Paraguay. Y aún nos queda tanto por conocer…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Paraguay.

 

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El regreso a casa como género cinematográfico

Cuando tenía diez años, el artista canadiense Mike Simons hizo su primer viaje solo, sin sus padres. Con su equipo de hockey, cogió una avioneta hasta Pine Point, una pequeña población de los Territorios del Noroeste canadienses construida al abrigo de la mina que sostenía la economía del lugar. En 2010, Mike recordó aquel primer viaje de su infancia y buscó, en un arrebato nostálgico, Pine Point en Internet, para ver qué había sido de aquella población. Pero Pine Point ya no existía: en su lugar sólo había desierto y arbustos, no quedaban casas, o la escuela, o los bares. Ni siquiera figuraba ya en los mapas.

Ver el documental interactivo Welcome to Pine Point, de Mike Simons y Paul Shoebridge.

¿No es ese acaso el miedo atávico de todo aquel que abandona el sitio de su infancia y tarda una vida en volver? ¿Regresar allí y descubrir que todo ha cambiado o, aún peor, que ya no queda ningún lugar al que regresar?

En 1982, el escritor uruguayo Mario Benedetti publicó la novela Primavera con una esquina rota. En ella aparecía por primera vez el concepto «desexilio», una palabra que el autor utiliza para designar a ese proceso por el cual un exiliado, al regresar a su patria, no la reconoce como propia, de manera que está condenado a ser exiliado para siempre, pese a poder volver al lugar donde nació.

Esta semana Mario Trigo nos hablaba en su Voz «Retorno al país natal» de la película Images d’un retour au pays natal, en la que su director, Gilbert Ndunga-Nsangata filma, cámara en mano (literalmente), su regreso ilegal a su República del Congo natal, que abandonó quince años atrás para refugiarse en Barcelona. Gilbert va a cumplir con su obligación de primogénito, a visitar a su madre, que afronta los últimos días de su vida. En el viaje, la inquietud por burlar a las autoridades y poder entrar en su país se mezcla con el temor de no reconocer la tierra que lo vio nacer, o quizás de no reconocerse a sí mismo en ella.

Lee la Voz «Retorno al país natal. Memoria, familia y Guerra en el Congo», por Mario Trigo.

Un viaje parecido al que hizo en 2010 Alphonse Zannou, padre del cineasta español Santiago Zannou, quien a instancias de su hijo regresa a su Benín natal cuarenta años después de haberlo abandonado en busca de fortuna en Europa. La puerta de no retorno es un documental amargo desde su concepción, porque no solo muestra el miedo del exiliado al regreso sino que sobre todo habla del pago que conlleva ese retorno: la obligación de revisar la propia vida desde el momento en el que se abandona el hogar hasta el momento en el que se vuelve. Y a veces lo que se contempla, como en el caso de Alphonse, es la crónica de un fracaso vital.

Lo dice Jonas Mekas en su imprescindible Reminiscencias de un viaje a Lituania, de 1972, crónica en tres partes de un exilio que empieza enseñando la llegada del exiliado al nuevo hogar (Nueva York, en este caso) y continúa mostrando el regreso al punto de partida:

«Nada más partir, empezamos a volver a casa, y todavía estamos volviendo. Aún estoy en mi viaje rumbo al hogar. Te queríamos, mundo, pero nos hiciste cosas terribles.»

Porque volver siempre es, en cierto modo, un ajuste de cuentas. A veces una búsqueda de perdón, como le ocurre a Alphonse. Otras veces es quien vuelve el que tiene necesidad de perdonar a la tierra que le vio nacer, como le ocurre a Terence Davies con Liverpool, y la sociedad ultracatólica y opresiva que le hizo vivir su infancia con terror al infierno por sus pecados y su orientación sexual. Of time and the city es su particular modo de decirle a la cara a su ciudad todo lo que tenía que decirle, para después, inevitablemente, perdonarle y confesar que jamás ha podido desprenderse de ella.

Al fin y al cabo, como Mike en Pine Point, como Gilbert en el Congo o Alphonse en Benín, como cualquiera que haya vuelto a sus orígenes después de muchos años ausente, lo que deseamos de todo corazón es que todo esté allí tal y como lo dejamos, inmóvil, esperando por nosotros. Cuando Manoel de Oliveira, ya nonagenario, vuelve a su Oporto natal en Porto da minha infância lo hace para intentar recrear una ciudad que ya no existe, fantasmal, porque lo que busca es tener un lugar donde poder ver el sitio del que viene, y no el sitio en el que se ha convertido.

El resumen perfecto lo da el propio Terence Davies al comienzo de Of time and the city. Volver a casa va mucho más allá de un acto físico: es un acto mental, sentimental y profundamente visceral.

We love the place we hate,
then hate the place we love.
We leave the place we love,
then spend a lifetime trying to regain it.

(Terence Davies, Of time and the city)

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Martín Caparrós: mirar hacia el Otro

MARTÍN CAPARRÓS_HAMBRE2«Uno de los primeros trucos de manual es hablar —si acaso, cuando no queda más remedio— de un hambre impersonal, casi abstracta, un sujeto en sí mismo: el hambre. Luchas contra el hambre. Reducir el hambre. El flagelo del hambre. Pero el hambre no existe fuera de las personas que la sufren. El tema no es el hambre; son esas personas.»

El problema con Martín Caparrós es que la conversación siempre se te queda corta, siempre quieres escucharlo un poco más. Echamos dos horas en la entrevista que le hicimos para nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE y sudamos tinta y píxeles para dejarla en trece minutos. Casi un cuarto de hora de vídeo en la Internet de 2015, pura transgresión.

El catarro y la tos con la que venía no le impidieron hablar de todo lo que le apasiona: de su amistad con Juan Villoro y el viaje común que hicieron a Corea del Sur, de su faceta como fotógrafo, de El tercer hombre, de su pasado como director de una revista de gastronomía y de esas nuevas estrellas de rock que son los cocineros, de Boca Juniors —cómo no hablar de Boca— y del periodismo deportivo; de Bután, ese país tan pequeño y desconocido del que casi nadie habla y al que quiere ir para hablar de él.

También hablamos de nuestro proyecto en ALTAÏR MAGAZINE, de escribir contra las demandas del lector y complicándole la vida, de la crónica periodística que buscamos hacer y que tanto se opone a esa «crónica caniche» de la que le hablaba a Jorge Carrión en una entrevista hace no tanto:

«Esta crónica manierista que se regodea en la búsqueda de los personajes más extravagantes, que en lugar de contar nuestras sociedades quiere contar sus rarezas. No sé dónde empezó, pero me parece que la cuestión se agravó mucho últimamente, con esta eclosión cool de la crónica, con este acceso de la crónica a los salones elegantes de la literatura en castellano. Y te tomo la palabra “domesticación”: me gusta, me preocupa. Una domesticación formal, temática, política. Contra esa crónica que se reivindica marginal e intenta molestar, oponer, criticar, activar, una crónica caniche, bien peinada, ladrando agudito, tan a gusto en su cojín morado.»

Y, por supuesto, hablamos de El hambre. Del libro y del concepto, del hambre en general y del particular, del hambre en abstracto para el Primer Mundo y del hambre en concreto para los que no están en él:

«El hambre mata más personas cada año —cada día— que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos, y no existe. El hambre no participa del misterio, las sombras insondables, lo inmanejable de la enfermedad: la impotencia frente a lo incomprensible. El hambre se entiende demasiado, aunque no exista: es un invento del hombre, nuestro invento.»

Los hambrientos son una incomodidad para la sociedad occidental, es un lugar donde no se quiere mirar y se finge que no está. Señala Caparrós que vivimos en una falacia estadística que dice que el hambre está repartida en uno de cada nueve habitantes del planeta, cuando en realidad no se reparte sino que se concentra en «el Otro Mundo», los Otros, la molestia, el peso muerto.

Termina la entrevista, aunque queramos más, y Martín Caparrós deja caer como por accidente una frase que lo resume todo: «Al final uno nunca será el otro».

Puedes ver la entrevista completa a Martín Caparrós en nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE

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Ztory y Altaïr Magazine: nuevas formas de leer

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Llevamos unos días diciéndolo por todas nuestras redes sociales: desde este mes, ALTAÏR MAGAZINE entra a formar parte del elenco de revistas de Ztory, una aplicación para móviles y tabletas que ofrece una «tarifa plana» de revistas para leer sin límites más de 90 cabeceras diferentes. Revistas de literatura, deporte, juegos, ciencia, arte… Y, por supuesto, ALTAÏR MAGAZINE.

¿Qué ofrece ALTAÏR MAGAZINE en Ztory? Pues nuestros monográficos 360° en su versión LITE (sin audio y vídeo, que se pueden seguir disfrutando en www.altairmagazine.com). En el caso de nuestro número sobre México esto significa 244 páginas de texto e imágenes en un formato de gran calidad. Pero además de los 360˚, cada dos meses subiremos digitalizado alguno de nuestros números clásicos de la revista en papel. Para empezar ya hemos subido a Ztory nuestro mítico número 65 sobre Japón. Todo ello con la posibilidad de leer los contenidos en el ordenador (online) o en móviles y tabletas (online u offline, como prefieras, donde quieras), y con un sistema de navegación francamente intuitivo. Casi como tener las revistas físicamente, en una estantería bien a la vista.

¿Esto es, entonces, como «un Spotify de revistas»? Es la pregunta que más nos han hecho en los últimos días. En efecto, así es: se trata de poner en juego un nuevo modo de consumo cultural, tal y como hacen otras plataformas como la propia Spotify en el mundo de la música o, por ejemplo, Filmin en el del cine. Una tarifa única mensual que permite el acceso a una gran variedad de contenidos y que da la posibilidad de cambiar el paradigma habitual de lectura de revistas: ya no se trata de adquirir mensualmente la publicación que nos interesa, sino que el lector ahora tiene acceso inmediato a cabeceras y contenidos que no conocía. Se abre un nuevo mapa de posibilidades y nuevas formas de leer.

O dejamos con algunas preguntas frecuentes sobre Altaïr en Ztory y una estupenda oferta: 1 año de ALTAÏR MAGAZINE + ZTORY por 90 € (66 —¡66!— euros de ahorro).

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«Travelogues»: los conferenciantes de viajes

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El diccionario Merriam-Webster de inglés recoge el término «Travelogue» con la siguiente definición: «Una charla, película o texto sobre las experiencias de viaje de alguien».

Sin embargo, para los viajeros más románticos, los que se ensueñan pensando en finales del siglo XIX y principios del XX, cuando aún había zonas oscuras en los mapas europeos y se podían señalar territorios inexplorados pensando «Hic sunt dracones»… Para esos viajeros, «Travelogue» significa un señor sobre un atril, describiendo con una prosa cuidadísima su viaje por algún lugar inaudito de oriente o de África.

Lo explicaba Jorge Carrión en su nueva entrega de «La tradición inquieta» en ALTAÏR MAGAZINE, dedicada a Burton Holmes:

Durante el último cuarto del siglo XIX, un nutrido grupo de travel lecturers alimentaba el circuito de los teatros de los Estados Unidos. Acompañados por las imágenes que proyectaba la linterna mágica, narraban los paisajes y las costumbres de culturas lejanas, topografías que ellos habían recorrido para poder después contarlas. En la conferencia de viaje se confunden los motivos: el viajero se convierte en conferencista porque así puede sufragar sus periplos; pero con el tiempo los propios desplazamientos van siendo modificados por la necesidad del relato futuro.

El «travel lecturer» no es más que una prolongación natural del narrador que ha existido siempre en la Historia de la humanidad, un híbrido entre el cuentacuentos y viajero. Uno de sus pioneros fue Edward L. Wilson, editor del Philadelphia Photographer desde 1864. Wilson se recorrió el mundo y fotografió lo que veía para luego contarlo desde las páginas de su magazine y también desde la cátedra de auditorios y universidades. Sus escritos se recopilaron con este nombre tan significativo: Wilson’s Lantern Journeys, y se subtitulaba: «Una serie de descripciones de viajes en casa y en el extranjero». Y añadía estas instrucciones en la portada: «Para ser usado con vistas fotográficas en “touroscope”, “graphoscope”, “stereoscope” o “La Linterna Mágica”». Todo un sentido del espectáculo. En el listado de lugares de los que habla encontramos sitios tan dispares como Cádiz, Heliópolis, Samaria o Nubia.

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Ilustración de Wilson

Sin embargo el gran «travel lecturer» del cambio de siglo fue John L. Stoddard, tal y como señala Carrión:

A finales del siglo XIX, el gran mago de las conferencias de viaje era John L. Stoddard, quien —gracias al mérito de haber creado un público masivo— recorría incansablemente América del Norte con sus monólogos ilustrados por instantáneas de los cinco continentes.

Era una auténtica estrella y la gente se agolpaba en escaleras, pasillos y ventanas para escuchar todo lo que tenía que contar sobre Noruega o Atenas a los ciudadanos norteamericanos. Su obra se recopiló en diez volúmenes editados por la Balch Brothers Co. de Boston. La titularon John L. Stoddard Lectures y su subtítulo aclaraba: «Ilustrada y embellecida con las vistas de lugares famosos del mundo y de sus gentes». Sin embargo, dice Carrión, la fuerza de Stoddard se diluye leyéndolo: «El valor no estaba en la letra escrita, sino en la hablada. En la actuación.»

Travelogue stoddard

Fotografía de Stoddard

Nueve años tenía Burton Holmes cuando asistió a una conferencia de Stoddard que cambió su vida y la historia de los «travelogues». Holmes se convirtió en el mayor «travel lecturer» de la historia y sus viajes, sus narraciones y su manera de contarlas e ilustrarlas con fotos y pequeñas películas aún resuena en los periodistas y cronistas de viajes actuales. Incluidos nosotros.

Desde sus primeras actuaciones, Holmes contó con la colaboración de Oscar Bennett Depue, quien fue su técnico durante muchos años. Gracias a su habilidad, en 1897, con una cámara llamada cronofotógrafo, la pareja se convirtió en pionera del séptimo arte. Como ha escrito Genoa Caldwell en el prólogo de Travelogues. Crónicas del mayor viajero de su tiempo (1892-1952), «en el caso de países como Corea, Japón, China y Filipinas, fue el responsable del primer metraje filmado en esos territorios». Mientras los hermanos Lumière filmaban las calles de París, Holmes y Depue documentaban lugares remotos del globo.

Así pues, se puede decir que Holmes inventó el documental de viajes, hace ya casi ciento veinte años. Y gracias a Internet podemos seguir leyendo sus palabras, viendo sus imágenes y contemplando, con el mismo asombro que vivieron sus coetáneos, las sorprendentes filmaciones que aquel viajero recogió en todo el mundo y enseñó a los demás. ¡Larga vida a los «travelogues»!

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