Magazine Altaïr

El blog de la redacción


JON LEE ANDERSON, EL GRINGO MÁS RARO DEL MUNDO

Durante el festival de literatura amplificada Kosmópolis 2015, que se celebró en Barcelona en fechas recientes, Pere Ortín y Paty Godoy tuvieron la ocasión de encontrarse con Jon Lee Anderson para realizar una entrevista que podrá verse próximamente en Altaïr Magazine. Aquí ofrecemos una crónica de backstage realizada por Berta Jiménez, de la revista Zero Grados.

JLAnderson-Altaïr

«Negociemos… ¿Cuál es el precio de mi ausencia?»

Cuando se entera de que vamos a entrevistar a Jon Lee Anderson sin él y mientras intenta conseguir su habitual café americano, Martín Caparrós bromea con Pere Ortín, director de Altaïr Magazine, sobre el encuentro que esa tarde y en el festival de literatura Kosmópolis, ambos tendrán para charlar sobre el hambre y la guerra.

Entre risas y referencias boxísticas sobre la velada que nos espera con dos pesos pesados de la literatura periodística, dejamos al cronista del hambre de camino a una hackaton de «periodismo de datos» (sic) y nos encaminamos a nuestro encuentro con el cronista de la guerra.

La entrevista con Jon Lee Anderson está programada para las once y media, pero el reportero de The New Yorker se retrasa casi una hora, y eso que su reloj de muñeca, de tira de cuero roja bien desgastada, está en hora. Él, consciente de nuestra cita, nos esperaba en su hotel, no en el CCCB de Barcelona. Malentendidos inevitables.

Al fin llega, con su cara de yankee de Long Beach, su acento de colombiano de Barranquilla y su camisa africana comprada en Liberia. Una mezcla de miradas, culturas y pensamientos, que bien describe lo que ha sido su vida.

«Eres un gringo bien raro», ríe Pere Ortín mientras discuten por un café con una de esas máquina suizas infernales que han encapsulado el sabor de una infusión. Hijo de una «multitalentosa» escritora de novelas juveniles y de un «nómada»; hermano de dos norteamericanos, una china y una costarricense, Jon Lee Anderson vivió en ocho países hasta los 18 años y no olvida cómo a los doce años, cuando vivía en Estados Unidos, lo llamaban «el chino blanco» (white chink) por haber interiorizado tanto la cultura asiática. Eso sí, tiene claro que con su aspecto nunca deja de ser «gringo en todas partes» a las que viaja.

Una vez preparado el equipo y sentados los conversadores —Ortín y Anderson— la entrevista todavía se demora. Ambos charlan de amigos cronistas comunes, de la crudeza de un país al que adoran, México, y que pasa por momentos muy difíciles: «Monterrey es una ciudad Zeta» concluye Jon Lee Anderson. Entre disquisiciones varias, Ortín le hace entrega de un regalo especial: Cinco Viajes al infierno, el libro de Martha Gellhorn, una de las periodistas más admiradas por Anderson y en una edición en español —de la colección Heterodoxos de Altaïr— que Anderson no conocía.

A pesar de que el tiempo no corría a nuestro favor, la conversación sigue siendo tranquila y distendida —porque si algo es Jon Lee Anderson es tranquilo—; el tono y la atmósfera del encuentro son los propios de una charla entre amigos.

Bucean en la actualidad política, de Siria a Ucrania, de Guinea Ecuatorial a México, hablan del «poder transformador de la empatía», de las diferencias entre «mirar»y «ver» y de los ojos con los que hay que observar el mundo para ser un buen cronista —que en el caso de Jon Lee Anderson, según afirma, son los de «un niño», con esa capacidad de sorprenderse y esa dificultad de atarse a una sola realidad—.

Durante la entrevista, Anderson confiesa que el hecho de que su nombre aparezca entre el de grandes figuras del nuevo periodismo literario como Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote o Gay Talese es una «errata» que le hace muy feliz, aunque añade que es muy joven para pertenecer esa lista.

Anderson y Ortín discuten, mucho más allá del tiempo previsto, sobre cosmopolitismo, los peligros de la vuelta de los nacionalismos identitarios, el gran peso de la historia y lo difícil que resulta reconocerla. Comparten su oposición frontal a todo dogmatismo. «Somos más patológicos de lo que creemos», afirma Anderson, que, tras expresar opiniones contundentes y nada políticamente correctas sobre lo que sucede en el mundo musulmán, opina que el mal cercano siempre resulta el más incómodo: «Los judíos en Europa son molestos porque recuerdan el Holocausto. Hablar de eso sería uncool en una redacción».

Jon Lee Anderson se mueve mucho y gesticula cuando habla. Los focos con los que se ilumina la grabación de vídeo hacen que en la pared y detrás de su cabeza se cree un juego de sombras chinescas que provocan que tengamos ante nosotros a un Jon Lee Anderson completo y natural, desde sus orígenes nómadas a la actualidad de gran reportero de The New Yorker. Una entrevista larga y profunda, tan larga y profunda como una conversación entre amigos a la que, por desgracia, no pudo asistir Martín Caparrós.

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Paraguay: un índice para una isla rodeada de tierra (y II)

Preparando-las-antorchas-para-la-procesión---(c)-Nathalia-Aguilar

Ulises estuvo fuera de Ítaca veinte años. Yo me fui de Paraguay cuando tenía veinte años. Seis años después vuelvo a verlo, vuelvo a sentir su aire tropical, los recuerdos de mi infancia se vuelven a activar en mi memoria como por arte de magia.

Mi ciudad no ha cambiado nada. Parece ser que me ha esperado tal como yo la dejé, para que no la confundiera con otra. Las mismas calles con baches, siempre el mismo caño roto por donde sale agua a borbotones, el mismo mango que en pleno agosto florece en una esquina. Eso sí, las calles están menos sucias que antes.

La noche se llena de ladridos. Me retiro a mi habitación, apago la luz. En la oscuridad abro los ojos, y soy feliz. Mañana volveré a nacer, pienso.

El poeta y novelista Cristian David López regresa a Asunción seis años después de haberse marchado y hace uno de esos viajes tan extraños a la propia casa, donde miras con ojos de turista asombrado todo aquello que conoces de sobra. Nos lo cuenta en MOSAICO PARAGUAYO, su texto para este 360º monográfico sobre Paraguay de ALTAÏR MAGAZINE cuyos contenidos empezamos a presentar en este blog hace un par de días. Pero aún nos queda mucho más por contar sobre este monográfico lleno de textos, de vídeos, de fotografías, de mapas interactivos, de viaje:

FUERA DE CAMPO. CAMPESINOS QUE RECUERDAN CÓMO NO OLVIDARPere Ortín reseña un documental sobre la terrible matanza que el viernes 15 de junio de 2012 acabó con la vida de 17 personas en Curuguaty y entrevista a Hugo Giménez, su director.

CHAIDI. EL PENÚLTIMO REFUGIO AYOREO – Una producción propia de ALTAÏR MAGAZINE sobre Chaidi, la comunidad que visitamos en esta historia acompañados de Tagüide Picanerai, el primer ayoreo universitario.

MONDO EUSEBIO. UNA AVENIDA LATINA, NEORREALISTA Y DECADENTE – Un fotolibro de Martín Crespo sobre la interminable avenida Eusebio Ayala de Asunción, arteria de la ciudad y la cara más descarnada y hostil de la misma.

MAPAS, TIERRAS Y TERRITORIOS – Una conversación entre Pere Ortín y el jurista español Mikel Berraondo, especialista en Derechos Humanos indígenas.

LOS CARTONEROS (SILUETEARON CON CUTTER ASUNCIÓN)Cristino Bogado nos lleva al mundo de los editores cartoneros paraguayos, maestros del libro-objeto en el que se unen artista y poeta.

UN MURAL VIVIENTE. LA HERENCIA JESUÍTICA Y LA TRADICIÓN INDÍGENA – La fotógrafa y abogada Nathalia Aguilar nos conduce por la historia e influencia de la Compañía de Jesús en el Paraguay de ayer y hoy.

LOS ACHÉ. GENTES CON NOMBRE DE AVES - Un paraguayo aché, Rubén Chachugi, y un español, Alberto Madroño, hablando de la comunidad aché y de su asombroso conocimiento ornitológico.

LA SOPA QUE NO ES SOPA - Chris Jacquier y Mariluz Martín se adentran en el popular Mercado 4 de Asunción en busca de la sopa paraguaya, esa sopa que es sólida y se toma junto con tereré helado.

 

Y aún así, quince artículos, un editorial y un mapa interactivo después, nos quedamos con la impresión de que sobre Paraguay uno nunca terminaría de contar, intentando siempre comprender la esencia de esa nación marcada por la melancolía, esa «isla rodeada de tierra» que una vez definió Augusto Roa Bastos…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Paraguay.

 

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Paraguay: un índice para una isla rodeada de tierra (I)

Los invisibles - Humedales de Ñeembucú (c) Marcelo Sandoval

Dice nuestro editorial, con el que se abre el monográfico 360º sobre Paraguay de ALTAÏR MAGAZINE: «Encerrado y construido entre vecinos poderosos, Paraguay exhibe una historia particular que a la vez recuerda las esperanzas y tropiezos de toda Latinoamérica. La riqueza de su patrimonio natural y cultural sólo es equiparable a la precariedad que lo amenaza en un futuro que a veces llega con el rugido de las excavadoras».

Hemos intentado contar Paraguay, esa isla rodeada de tierra de la que hablaba Augusto Roa Bastos, yendo hacia allí a conocer esa tierra desértica y húmeda en función de dónde se mire, preguntando a los autores locales, a los fotógrafos, a los intelectuales, a los activistas, a los artistas, a los cineastas. Buscando en las raíces indígenas y en la cultura contemporánea, en sus pobladores originarios y en los que llegaron oliendo el negocio, en el español y en todas y cada una de sus lenguas. Diecisiete capítulos llenos de texto, videoreportajes, entrevistas y fotos exclusivas. Un mapa interactivo del país y de la capital. Un nuevo 360º donde «junto a vosotros, lectores, intentamos como siempre ir un poco más allá por esta carretera que se adentra en la selva».

Estos son algunos de sus contenidos:

EL MAPA DEL 360º – Un nuevo mapa interactivo de los contenidos de este especial monográfico donde poder situar cada texto y cada artículo sobre la geografía paraguaya.

PAZ ENCINA. PARAGUAY DESDE UNA HAMACAPere Ortín entrevista a Paz Encina, la directora de la muy premiada La hamaca paraguaya, y presentamos dos cortometrajes de su trabajo Tristezas de una lucha, hecho a partir de interrogatorios reales de la época de la dictadura y de otros materiales de archivo.

LA CHINA DE AMÉRICA. HITOS Y CORRIENTES DE LA HISTORIA PARAGUAYA – Por un lado ofrecemos un timeline de la historia paraguaya, tan desconocida fuera de sus fronteras y aún más lejos de Sudamérica; por otro el historiador Ignacio Telesca nos ayuda a interpretar esos datos y fechas para comprender el Paraguay de hoy.

LOS INVISIBLES. UN EXTRAÑO DOCUMENTAL EN LOS HUMEDALES – El fotógrafo Marcelo David Sandoval reflexiona sobre su propio (y «extraño») fotodocumental sobre la población de Villa Oliva, en pleno humedal de Ñeembucú.

A PROPÓSITO DE ASUNCIÓN. CON LA CÁMARA EN EL BOLSILLOMartín Crespo, argentino habitante de Paraguay, recorre Asunción con una cámara compacta en el bolsillo para retratar a los vecinos y a la ciudad que lo ha acogido por más de catorce años.

EL MUSEO DEL BARRO. UN LABERINTO PARA PERDERSELia Colombino, directora del Museo de Arte Indígena del CAV/Museo del Barro, nos lleva por la historia de un lugar que ha elegido superar la idea de ser un museo etnográfico para hablar directamente de arte indígena, entre paredes que niegan un recorrido preestablecido e invitan a perderse entre las obras.

EL GRAN CHACO. LA ENORME LLANURA SUDAMERICANA – El Gran Chaco «es sequía y es inundación, escenario de batallas antiguas y de luchas nuevas». El equipo de ALTAÏR MAGAZINE se interna cámara en mano por el segundo mayor ecosistema sudamericano tras el Amazonas.

Todo esto no es más que una parte de lo mucho que ofrecemos en nuestro monográfico 360º sobre Paraguay. Y aún nos queda tanto por conocer…

360º de ALTAÏR MAGAZINE, monográfico sobre Paraguay.

 

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El regreso a casa como género cinematográfico

Cuando tenía diez años, el artista canadiense Mike Simons hizo su primer viaje solo, sin sus padres. Con su equipo de hockey, cogió una avioneta hasta Pine Point, una pequeña población de los Territorios del Noroeste canadienses construida al abrigo de la mina que sostenía la economía del lugar. En 2010, Mike recordó aquel primer viaje de su infancia y buscó, en un arrebato nostálgico, Pine Point en Internet, para ver qué había sido de aquella población. Pero Pine Point ya no existía: en su lugar sólo había desierto y arbustos, no quedaban casas, o la escuela, o los bares. Ni siquiera figuraba ya en los mapas.

Ver el documental interactivo Welcome to Pine Point, de Mike Simons y Paul Shoebridge.

¿No es ese acaso el miedo atávico de todo aquel que abandona el sitio de su infancia y tarda una vida en volver? ¿Regresar allí y descubrir que todo ha cambiado o, aún peor, que ya no queda ningún lugar al que regresar?

En 1982, el escritor uruguayo Mario Benedetti publicó la novela Primavera con una esquina rota. En ella aparecía por primera vez el concepto «desexilio», una palabra que el autor utiliza para designar a ese proceso por el cual un exiliado, al regresar a su patria, no la reconoce como propia, de manera que está condenado a ser exiliado para siempre, pese a poder volver al lugar donde nació.

Esta semana Mario Trigo nos hablaba en su Voz «Retorno al país natal» de la película Images d’un retour au pays natal, en la que su director, Gilbert Ndunga-Nsangata filma, cámara en mano (literalmente), su regreso ilegal a su República del Congo natal, que abandonó quince años atrás para refugiarse en Barcelona. Gilbert va a cumplir con su obligación de primogénito, a visitar a su madre, que afronta los últimos días de su vida. En el viaje, la inquietud por burlar a las autoridades y poder entrar en su país se mezcla con el temor de no reconocer la tierra que lo vio nacer, o quizás de no reconocerse a sí mismo en ella.

Lee la Voz «Retorno al país natal. Memoria, familia y Guerra en el Congo», por Mario Trigo.

Un viaje parecido al que hizo en 2010 Alphonse Zannou, padre del cineasta español Santiago Zannou, quien a instancias de su hijo regresa a su Benín natal cuarenta años después de haberlo abandonado en busca de fortuna en Europa. La puerta de no retorno es un documental amargo desde su concepción, porque no solo muestra el miedo del exiliado al regreso sino que sobre todo habla del pago que conlleva ese retorno: la obligación de revisar la propia vida desde el momento en el que se abandona el hogar hasta el momento en el que se vuelve. Y a veces lo que se contempla, como en el caso de Alphonse, es la crónica de un fracaso vital.

Lo dice Jonas Mekas en su imprescindible Reminiscencias de un viaje a Lituania, de 1972, crónica en tres partes de un exilio que empieza enseñando la llegada del exiliado al nuevo hogar (Nueva York, en este caso) y continúa mostrando el regreso al punto de partida:

«Nada más partir, empezamos a volver a casa, y todavía estamos volviendo. Aún estoy en mi viaje rumbo al hogar. Te queríamos, mundo, pero nos hiciste cosas terribles.»

Porque volver siempre es, en cierto modo, un ajuste de cuentas. A veces una búsqueda de perdón, como le ocurre a Alphonse. Otras veces es quien vuelve el que tiene necesidad de perdonar a la tierra que le vio nacer, como le ocurre a Terence Davies con Liverpool, y la sociedad ultracatólica y opresiva que le hizo vivir su infancia con terror al infierno por sus pecados y su orientación sexual. Of time and the city es su particular modo de decirle a la cara a su ciudad todo lo que tenía que decirle, para después, inevitablemente, perdonarle y confesar que jamás ha podido desprenderse de ella.

Al fin y al cabo, como Mike en Pine Point, como Gilbert en el Congo o Alphonse en Benín, como cualquiera que haya vuelto a sus orígenes después de muchos años ausente, lo que deseamos de todo corazón es que todo esté allí tal y como lo dejamos, inmóvil, esperando por nosotros. Cuando Manoel de Oliveira, ya nonagenario, vuelve a su Oporto natal en Porto da minha infância lo hace para intentar recrear una ciudad que ya no existe, fantasmal, porque lo que busca es tener un lugar donde poder ver el sitio del que viene, y no el sitio en el que se ha convertido.

El resumen perfecto lo da el propio Terence Davies al comienzo de Of time and the city. Volver a casa va mucho más allá de un acto físico: es un acto mental, sentimental y profundamente visceral.

We love the place we hate,
then hate the place we love.
We leave the place we love,
then spend a lifetime trying to regain it.

(Terence Davies, Of time and the city)

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Martín Caparrós: mirar hacia el Otro

MARTÍN CAPARRÓS_HAMBRE2«Uno de los primeros trucos de manual es hablar —si acaso, cuando no queda más remedio— de un hambre impersonal, casi abstracta, un sujeto en sí mismo: el hambre. Luchas contra el hambre. Reducir el hambre. El flagelo del hambre. Pero el hambre no existe fuera de las personas que la sufren. El tema no es el hambre; son esas personas.»

El problema con Martín Caparrós es que la conversación siempre se te queda corta, siempre quieres escucharlo un poco más. Echamos dos horas en la entrevista que le hicimos para nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE y sudamos tinta y píxeles para dejarla en trece minutos. Casi un cuarto de hora de vídeo en la Internet de 2015, pura transgresión.

El catarro y la tos con la que venía no le impidieron hablar de todo lo que le apasiona: de su amistad con Juan Villoro y el viaje común que hicieron a Corea del Sur, de su faceta como fotógrafo, de El tercer hombre, de su pasado como director de una revista de gastronomía y de esas nuevas estrellas de rock que son los cocineros, de Boca Juniors —cómo no hablar de Boca— y del periodismo deportivo; de Bután, ese país tan pequeño y desconocido del que casi nadie habla y al que quiere ir para hablar de él.

También hablamos de nuestro proyecto en ALTAÏR MAGAZINE, de escribir contra las demandas del lector y complicándole la vida, de la crónica periodística que buscamos hacer y que tanto se opone a esa «crónica caniche» de la que le hablaba a Jorge Carrión en una entrevista hace no tanto:

«Esta crónica manierista que se regodea en la búsqueda de los personajes más extravagantes, que en lugar de contar nuestras sociedades quiere contar sus rarezas. No sé dónde empezó, pero me parece que la cuestión se agravó mucho últimamente, con esta eclosión cool de la crónica, con este acceso de la crónica a los salones elegantes de la literatura en castellano. Y te tomo la palabra “domesticación”: me gusta, me preocupa. Una domesticación formal, temática, política. Contra esa crónica que se reivindica marginal e intenta molestar, oponer, criticar, activar, una crónica caniche, bien peinada, ladrando agudito, tan a gusto en su cojín morado.»

Y, por supuesto, hablamos de El hambre. Del libro y del concepto, del hambre en general y del particular, del hambre en abstracto para el Primer Mundo y del hambre en concreto para los que no están en él:

«El hambre mata más personas cada año —cada día— que el sida, la tuberculosis y la malaria juntos, y no existe. El hambre no participa del misterio, las sombras insondables, lo inmanejable de la enfermedad: la impotencia frente a lo incomprensible. El hambre se entiende demasiado, aunque no exista: es un invento del hombre, nuestro invento.»

Los hambrientos son una incomodidad para la sociedad occidental, es un lugar donde no se quiere mirar y se finge que no está. Señala Caparrós que vivimos en una falacia estadística que dice que el hambre está repartida en uno de cada nueve habitantes del planeta, cuando en realidad no se reparte sino que se concentra en «el Otro Mundo», los Otros, la molestia, el peso muerto.

Termina la entrevista, aunque queramos más, y Martín Caparrós deja caer como por accidente una frase que lo resume todo: «Al final uno nunca será el otro».

Puedes ver la entrevista completa a Martín Caparrós en nuestras Voces en ALTAÏR MAGAZINE

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Ztory y Altaïr Magazine: nuevas formas de leer

Altaïr-+-Ztory

Llevamos unos días diciéndolo por todas nuestras redes sociales: desde este mes, ALTAÏR MAGAZINE entra a formar parte del elenco de revistas de Ztory, una aplicación para móviles y tabletas que ofrece una «tarifa plana» de revistas para leer sin límites más de 90 cabeceras diferentes. Revistas de literatura, deporte, juegos, ciencia, arte… Y, por supuesto, ALTAÏR MAGAZINE.

¿Qué ofrece ALTAÏR MAGAZINE en Ztory? Pues nuestros monográficos 360° en su versión LITE (sin audio y vídeo, que se pueden seguir disfrutando en www.altairmagazine.com). En el caso de nuestro número sobre México esto significa 244 páginas de texto e imágenes en un formato de gran calidad. Pero además de los 360˚, cada dos meses subiremos digitalizado alguno de nuestros números clásicos de la revista en papel. Para empezar ya hemos subido a Ztory nuestro mítico número 65 sobre Japón. Todo ello con la posibilidad de leer los contenidos en el ordenador (online) o en móviles y tabletas (online u offline, como prefieras, donde quieras), y con un sistema de navegación francamente intuitivo. Casi como tener las revistas físicamente, en una estantería bien a la vista.

¿Esto es, entonces, como «un Spotify de revistas»? Es la pregunta que más nos han hecho en los últimos días. En efecto, así es: se trata de poner en juego un nuevo modo de consumo cultural, tal y como hacen otras plataformas como la propia Spotify en el mundo de la música o, por ejemplo, Filmin en el del cine. Una tarifa única mensual que permite el acceso a una gran variedad de contenidos y que da la posibilidad de cambiar el paradigma habitual de lectura de revistas: ya no se trata de adquirir mensualmente la publicación que nos interesa, sino que el lector ahora tiene acceso inmediato a cabeceras y contenidos que no conocía. Se abre un nuevo mapa de posibilidades y nuevas formas de leer.

O dejamos con algunas preguntas frecuentes sobre Altaïr en Ztory y una estupenda oferta: 1 año de ALTAÏR MAGAZINE + ZTORY por 90 € (66 —¡66!— euros de ahorro).

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«Travelogues»: los conferenciantes de viajes

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El diccionario Merriam-Webster de inglés recoge el término «Travelogue» con la siguiente definición: «Una charla, película o texto sobre las experiencias de viaje de alguien».

Sin embargo, para los viajeros más románticos, los que se ensueñan pensando en finales del siglo XIX y principios del XX, cuando aún había zonas oscuras en los mapas europeos y se podían señalar territorios inexplorados pensando «Hic sunt dracones»… Para esos viajeros, «Travelogue» significa un señor sobre un atril, describiendo con una prosa cuidadísima su viaje por algún lugar inaudito de oriente o de África.

Lo explicaba Jorge Carrión en su nueva entrega de «La tradición inquieta» en ALTAÏR MAGAZINE, dedicada a Burton Holmes:

Durante el último cuarto del siglo XIX, un nutrido grupo de travel lecturers alimentaba el circuito de los teatros de los Estados Unidos. Acompañados por las imágenes que proyectaba la linterna mágica, narraban los paisajes y las costumbres de culturas lejanas, topografías que ellos habían recorrido para poder después contarlas. En la conferencia de viaje se confunden los motivos: el viajero se convierte en conferencista porque así puede sufragar sus periplos; pero con el tiempo los propios desplazamientos van siendo modificados por la necesidad del relato futuro.

El «travel lecturer» no es más que una prolongación natural del narrador que ha existido siempre en la Historia de la humanidad, un híbrido entre el cuentacuentos y viajero. Uno de sus pioneros fue Edward L. Wilson, editor del Philadelphia Photographer desde 1864. Wilson se recorrió el mundo y fotografió lo que veía para luego contarlo desde las páginas de su magazine y también desde la cátedra de auditorios y universidades. Sus escritos se recopilaron con este nombre tan significativo: Wilson’s Lantern Journeys, y se subtitulaba: «Una serie de descripciones de viajes en casa y en el extranjero». Y añadía estas instrucciones en la portada: «Para ser usado con vistas fotográficas en “touroscope”, “graphoscope”, “stereoscope” o “La Linterna Mágica”». Todo un sentido del espectáculo. En el listado de lugares de los que habla encontramos sitios tan dispares como Cádiz, Heliópolis, Samaria o Nubia.

Travelogue wilson

Ilustración de Wilson

Sin embargo el gran «travel lecturer» del cambio de siglo fue John L. Stoddard, tal y como señala Carrión:

A finales del siglo XIX, el gran mago de las conferencias de viaje era John L. Stoddard, quien —gracias al mérito de haber creado un público masivo— recorría incansablemente América del Norte con sus monólogos ilustrados por instantáneas de los cinco continentes.

Era una auténtica estrella y la gente se agolpaba en escaleras, pasillos y ventanas para escuchar todo lo que tenía que contar sobre Noruega o Atenas a los ciudadanos norteamericanos. Su obra se recopiló en diez volúmenes editados por la Balch Brothers Co. de Boston. La titularon John L. Stoddard Lectures y su subtítulo aclaraba: «Ilustrada y embellecida con las vistas de lugares famosos del mundo y de sus gentes». Sin embargo, dice Carrión, la fuerza de Stoddard se diluye leyéndolo: «El valor no estaba en la letra escrita, sino en la hablada. En la actuación.»

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Fotografía de Stoddard

Nueve años tenía Burton Holmes cuando asistió a una conferencia de Stoddard que cambió su vida y la historia de los «travelogues». Holmes se convirtió en el mayor «travel lecturer» de la historia y sus viajes, sus narraciones y su manera de contarlas e ilustrarlas con fotos y pequeñas películas aún resuena en los periodistas y cronistas de viajes actuales. Incluidos nosotros.

Desde sus primeras actuaciones, Holmes contó con la colaboración de Oscar Bennett Depue, quien fue su técnico durante muchos años. Gracias a su habilidad, en 1897, con una cámara llamada cronofotógrafo, la pareja se convirtió en pionera del séptimo arte. Como ha escrito Genoa Caldwell en el prólogo de Travelogues. Crónicas del mayor viajero de su tiempo (1892-1952), «en el caso de países como Corea, Japón, China y Filipinas, fue el responsable del primer metraje filmado en esos territorios». Mientras los hermanos Lumière filmaban las calles de París, Holmes y Depue documentaban lugares remotos del globo.

Así pues, se puede decir que Holmes inventó el documental de viajes, hace ya casi ciento veinte años. Y gracias a Internet podemos seguir leyendo sus palabras, viendo sus imágenes y contemplando, con el mismo asombro que vivieron sus coetáneos, las sorprendentes filmaciones que aquel viajero recogió en todo el mundo y enseñó a los demás. ¡Larga vida a los «travelogues»!

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La ilustración del viaje y los lugares

Tlatelolco-seismo baja

Las imágenes que van con los textos de ALTAÏR MAGAZINE nunca son superfluas, nunca son redundantes, nunca son meras píldoras gráficas para ayudar a descansar al cerebro de tanta lectura. En las Voces, en los Pasos, en cada artículo de los 360º, las fotografías y la ilustración tiene entidad por sí misma, tanta como para poder hacer un ALTAÏR MAGAZINE completamente gráfico.

La ilustración acompaña los textos con estrategias muy diferentes: en el caso de la Voz que Pedro Strukelj dedicó a la presencia del escritor sardo Marcello Fois en la librería Altaïr, es narrativa. Palabras e imágenes se funden en un todo orgánico, igual que el público y el autor en la conversación. En el de Tyto Alba, que dibujó para nosotros la cabecera de los Pasos publicados por Gabi Martínez, supone una marca de familiaridad con el lector: un nuevo artículo de Gabi nos remite a los temas de la mirada, el paisaje y el viaje resumidos por las acuarelas de Alba.

Mario Linhares, en los Pasos, nos dió un ejemplo clásico de cuaderno de viaje con sus apreciaciones del paisaje y el paisanaje portugués, mientras que en el 360º de México, Esteban Azuela traducía los conceptos de la marca criminal y la necropolítica que azota México con su combinación de armas y logotipos y el gigantesco Ak-47 en el que los carniceros desarrollan su trabajo. El dibujo nos acompaña al delirio de una violencia difícil de asumir con palabras.

Mario Trigo ha ilustrado el Paso de Arturo Páramo que publicamos la semana pasada, sobre el quincuagésimo aniversario del barrio de Tlatelolco, en México DF. Para él, hacer estas ilustraciones no pasan por un mero «eh, sácate un dibujo del barrio de Tlatelolco». Él lee el texto y trata de comprender antes de dibujar:

«Una de las claves de Tlatelolco, en la realidad y en el artículo de Arturo, es la superposición de tiempos arquitectónicos: en el espacio de la unidad habitacional se unen y mezclan los edificios prehispánicos, coloniales y contemporáneos… Muchas emociones y ecos acumulados: el esplendor del mercado tlatelolca, la violencia de la conquista, la proyección moderna de los grandes edificios y sobre todo los traumas de la matanza del 68 y el terremoto del 85. Son todos fantasmas contra el decorado de las grandes construcciones. El perfil de la ciudad es tanto el de sus edificios como el de sus protagonistas trágicos o heroícos».

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Panorama de Tlatelolco.

Una vez que se tiene una visión global y completa del tema que se está tratando, hay que hacer un trabajo similar al que hizo Arturo para componer el texto, que no es otro que tratar de transmitir una realidad a traves de la imagen, como Arturo hizo con palabras:

«El tema y el tono siempre conllevan decisiones en la ejecución. En la composición, en este caso: igualar personas y rascacielos, mezclar las perspectivas y plantar donde no se debería. Es otro modo de hacer paisaje, intentando teñir literalmente los edificios con la memoria pública del lugar. Y así una voluntaria puede ser tan alta como un edificio, una planta de elote puede crecer del pavimento y el logotipo de las olimpiadas del 68 es un faro siniestro. Habría miles de combinaciones posibles, también porque en Tlatelolco hay ya una reserva fotográfica en la que bucear como inspiración. En las instantáneas de la noche del 2 de octubre del 68, por ejemplo, podemos descubrir un gesto definitorio: la desnudez de los detenidos, manos contra la pared, contra los muros. Un gesto que resume un evento y los sentimientos que le acompañan en la memoria política».

Una ilustración en ALTAÏR MAGAZINE es también una toma de posición sobre el contenido del artículo que ilustra. Las ilustraciones son otro modo de hacer periodismo de largo aliento, de defender una manera muy concreta de contar el mundo.

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Tlatelolco: el ave fénix del DF

Tlatelolco maíz baja

Para quienes habitan aquí desde hace 50 años, cuando fue inaugurado el conjunto habitacional, es fácil entender la repulsa que da a los capitalinos la simple idea de vivir en un sitio donde se asesinó a jóvenes a quemarropa, donde un edificio con 288 apartamentos se vino abajo, o donde, se dice, hay asaltos en cada jardín o pasillo.

Es difícil sobrevivir a la propia historia negra. El barrio de Tlatelolco, en México DF, lleva más de cuarenta años intentándolo. En noviembre se cumplieron cincuenta años de la creación del barrio, sueño del mejor lugar posible para vivir en la capital mexicana. En octubre se cumplieron cuarenta y seis años de una efeméride mucho más recordada, mucho más dolorosa: la de la matanza de entre doscientos y trescientos manifestantes por disparos del ejército en la Plaza de las Tres Culturas, hoy monumento silencioso que no deja olvidar.

Yo no recuerdo la primera ocasión en que pisé Tlatelolco. Lo conocía, o creí conocerlo, por los libros de la escuela primaria. Ahí se hablaba de su enorme tianguis (mercado) a donde llegaban productos de toda la cuenca de México. Era una especie de ensoñación de un pasado idílico entre lagos, adoratorios y el aire que Humboldt calificó como el más transparente del mundo.

Habla Arturo Páramo, periodista. Las celebraciones han pasado, los fastos han terminado y los recordatorios del dolor vuelven a ser los normales, y no los del aniversario. En ALTAÏR MAGAZINE dejamos que el polvo de las efemérides se aposente y Arturo va a Tlatelolco para ver que es lo que queda después de lo del 68. Y también después de lo que pasó en 1985.

El siguiente golpe duro, asestado por un mano diferente, sucedió el 19 de septiembre de 1985 a las 07:19 de la mañana. Un sismo de 8,1 grados en la escala de Richter cimbró los cimientos del edificio Nuevo León, crujió la estructura, reventó su alma de acero y lo derrumbó como un animal prehistórico herido de muerte.

¿Cómo se sobrevive a la propia historia trágica? El paseo del periodista por el barrio descubre nuevos florecimientos, nuevos recovecos que brillan, nuevas posibilidades. El barrio como ave fénix que, más que resistirse a morir, se empeña en resucitar.

«50 años de Tlatelolco, el faro del DF». Escribe Arturo Páramo y dibuja Mario Trigo. Un nuevo Paso en ALTAÏR MAGAZINE.

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¡Las fotos de #NavidadAltair!

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De Jaén a Australia… nuestros seguidores en Twitter se han sacado fotos navideñas literalmente desde cada punto del globo. Las fotos del concurso #NavidadAltair han sido divertidas, lejanas, exóticas, cercanas, familiares y hasta con algún toque vintage. ¡Vamos a verlas!

1. Hanoi, Vietnam, por @cristina__jorda: disfraces de Santa Claus a porrillo, como si fueran trajes de flamenca la semana antes de la Feria de Abril de Sevilla.

cristina__jorda

2. Montviso, Italia, por @BabiloniasT: si Heidi no vive en esa casa nos comemos el sombrero.

babiloniast

3. ¡El océano!, por @jdecelisr: No nos ha dicho dónde están, pero esos dos Papá Noeles surferos son el sueño navideño de generaciones de californianos y de amantes de los Beach Boys.

jdecelisr

4. Jaén, España, por @lettera451: la abuela de nuestra follower y sus colegas cantando mononas, villancico típico de la zona, y dándolo todo.

lettera451

5. El Castillo, Rio San Juan de Nicaragua, por @ahoratocaviajar: no se puede esperar NADA con más ganas de las que tienen los protagonistas de la foto.

ahoratocaviajar

6. Bergen, Noruega, por @MabrilMartn: la clásica navidad apacible en los países escandinavos, llena de sol y de cielos azules.

MabrilMartn

7. Tavira, Portugal, por @conectadasblog: íbamos a hacer un chiste sobre esta foto también, pero es que ese atardecer navideño quita el hipo.

conectadasblog

8. Desierto de Australia, por @dosdeviatge: navidades al estilo clásico: en camiseta y con cuarenta grados centígrados.

dosdeviatge

¡Eso ha sido todo por este año en nuestro concurso! ¡Enhorabuena a los premiados y no paremos de viajar!

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